Los embalses suben y Entrepeñas llega a cota de trasvase
El último balance de
embalses.net deja una estampa que hace dos inviernos parecía imposible: los pantanos españoles suben y la borrasca no ha dicho su última palabra. La pertinaz sequía que llenaba titulares y telediarios se ha convertido, en cuestión de semanas, en un problema de exceso. Andalucía, Extremadura, Cataluña y los embalses del trasvase Tajo-Segura son los que más suben, con
Entrepeñas alcanzando la cota de trasvase por primera vez desde
1997. El
timo climático, como lo llaman algunos, se topa con un marzo de nieve y ríos desbordados.
El agua que llega y la que se escapa
La foto hidrológica es llamativa:
Casasola (Málaga) al 100%, el pantano de Sau en Cataluña pasando de estar casi vacío al
73%, y los acuíferos del centro y sur peninsular recargados con más de
500 mm acumulados en puntos como Gredos, Puerto del Pico o Grazalema, donde se coquetea con los
1.000 mm. La Sierra de Madrid ha sido la sorpresa: ríos desbordados y pantanos desaguando a tope. La nieve en Sierra Nevada, la sierra de Madrid o Béjar supera los
5 metros en cotas altas, según los reportes que circulan.
Ahora bien, el subidón tiene trampa. Los embalses más pequeños son los que se ven obligados a soltar agua por estar al máximo, mientras que los grandes —
Buendía al 38%,
La Serena,
Cíjara— siguen lejos de reventar porque sus aportes son modestos: el Guadiela, el Zújar, el Guadiana no dan para llenar vasos colosales. El trasvase Tajo-Segura funciona a pleno rendimiento, con unos
40 m³/s en lámina libre, pero la pregunta incómoda es qué pasará cuando deje de llover.
Dos años de trasvases y vuelta a empezar, apuntan los más escépticos.
¿Por qué los embalses suben tanto si algunos siguen bajo mínimos?
Porque no todos los pantanos se llenan igual. Los grandes embalses del Guadiana y del Júcar tienen cuencas enormes pero ríos de caudal escaso; los pequeños, en cambio, recogen rápido cualquier episodio de lluvia intensa. A eso se suma la gestión: las eléctricas desembalsan para generar energía —que luego se factura a precio de oro, como recuerdan algunos— y las confederaciones abren compuertas para evitar inundaciones. El resultado es un sistema que expulsa agua mientras la opinión pública celebra que los pantanos estén llenos. La contradicción no es menor.
El negocio eléctrico y la memoria del Plan Hidrológico
Hay un consenso incómodo en el análisis: España es un país de sequías estructurales y ciclos de lluvia torrencial. Que un marzo venga cargado no cambia el mapa. Los más críticos con el relato oficial señalan que en cuanto escampe, en dos semanas volveremos a los titulares de restricciones y cambio climático. Otros reclaman volver al
Plan Hidrológico Nacional, enterrado hace años, porque pensar a diez o veinte años vista sigue siendo una asignatura pendiente. Y luego está el detalle de Murcia: embalses al
33% para una población que se ha duplicado sin que las infraestructuras hídricas acompañen. Las desalinizadoras no bastan.
El dato que descoloca:
Entrepeñas ha llegado a la cota de trasvase por primera vez desde 1997. Veintiocho años. Eso da la medida de lo excepcional del episodio y, también, de lo frágil que es el equilibrio. Con los pantanos desaguando y el trasvase a full, la pelota está en el tejado de abril. Si no llueve, la resaca será rápida. Si llueve, alguien tendrá que explicar por qué seguimos sin almacenar el agua que se va al mar.