El mito del conquistador español apestoso
La idea de que los españoles llegaron a América apestando tiene más recorrido del que parece. Las crónicas de Indias recogen testimonios de la sorpresa de los pueblos indígenas ante el olor de los europeos, y la sorpresa era mutua. Pero de ahí a convertir el asunto en un insulto genérico hay un trecho que se recorre casi siempre con mala intención.
El aseo en el mundo prehispánico
Aztecas, mayas, incas y demás culturas tenían una rutina de higiene diaria con baños, limpieza y uso de plantas para el aseo. En la Europa de la época, el baño era mucho menos frecuente, y la ropa de lana sin lavar no ayudaba. El choque cultural fue olfativo antes que ideológico.
El olor como arma arrojadiza
En los últimos tiempos, el tema se ha convertido en munición de trinchera. Reducir la historia a un titular de tabloide sirve para alimentar la confrontación identitaria, pero no aporta nada al conocimiento. Quien sostenga que todos los españoles despedían un hedor insoportable, o que todos los indígenas andaban perfumados, pertenece más a la caricatura que a la historia.
Lo curioso es que las propias crónicas describen el asombro de los españoles por el aseo indígena, como lo registran los testimonios de Bernal Díaz o los informes andinos. El dato descoloca: si los conquistadores olían mal, no fue por descuido, sino porque su cultura del cuerpo era radicalmente distinta. Y esa distancia, hoy, se sigue usando para lo mismo que entonces: para no mirarse uno mismo.