Del piso con cinco dormitorios al cataclismo que se espera
Un forero describe su casa: su madre vive sola en un piso con cinco dormitorios y dos cuartos de baño, usa uno, y la mujer que la atiende comparte habitación con diez personas más. Lo cuenta sin pedir nada. En esta tanda de mensajes, el hilo deja de discutir si llega el decreto y se pone a discutir quién ocupa el trabajo y quién ocupa el metro cuadrado.
Qué se ha sabido
Tres enlaces nuevos sobre la mesa. Dos piezas de
El Mundo, del 16 y el 17 de diciembre de 2025, y una entrada de Wikipedia sobre las
casas a la Malicia, las viviendas madrileñas levantadas alegalmente para esquivar la obligación de alojar a la corte. Quien lo trae lo resume: picaresca y mercado inmobiliario, siglos de práctica.
También circula un vídeo de YouTube,
, que se usa para lo contrario de lo que suele usarse: un forero sostiene que lo que aquí se llama precariedad sería, para quien llega desde según qué sitios, una mejora considerable.
Dos precisiones que se hacen en el hilo. Una: que el asunto ya se trató aquí «hace ya como un año» y que entonces ya se hablaba de permutas forzosas. Otra: que los 65 años son una mala frontera, porque a esa edad uno todavía puede con su casa, el lío empieza «sobre los 70 y pico» y no hay residencias suficientes para vaciar viviendas.
Y una cifra inventada, en forma de ley futura: obligación de compartir la mitad del piso cuando tenga más de 40 metros, vivan dos personas o menos y alguna pase de 75 años. No es un borrador. Es un forero escribiendo lo que cree que va a leer.
En el capítulo de ocurrencias, alguien propone empezar por la vivienda del comisario, y otro recupera un dicho gallego: gastar en mujeres, fiestas y vino lo que uno vaya a dejar al sobrino.
Dónde está la bronca
El eje del tramo no es la vivienda. Es el trabajo. Un participante sostiene que los españoles han sido expulsados de los empleos de baja y media cualificación, que muchas de las titulaciones que trae quien llega no se corresponden con el puesto que acaba ocupando y que su entrada en una empresa se usa para apretar a los compañeros. Nadie le responde con datos.
La única réplica va por otro lado, y es la escena de casa. Un piso con cinco dormitorios y una sola habitación en uso. Al lado, diez personas en un cuarto. Quien lo escribe no pide nada. Quien lo lee tampoco sabe qué contestar: «Otra cosa es que tengamos claro que la vida no es justa, y mucho menos lógica», escribe otro.
La trinchera de la propiedad aguanta sin matices. «Si tengo más o menos espacio disponible es asunto mío. Es MI casa, y punto pelota», escribe un forero. Y otro recuerda que la ley la aplica el Estado, así que de poco sirve tener razón en el salón.
La trinchera contraria no pide expropiar nada. Pide mirar lo que ya está construido: «Se entiende que lo de construir más viviendas ni se lo plantean», resume un participante. Otro compara la vivienda con un teléfono: comprar pisos y dejarlos envejecer sin usar es tan absurdo como almacenar televisores esperando que suban de precio.
Y una tercera vía, la que más se repite: no habrá decreto porque esto revienta antes. Un forero vaticina que el paso previo serán las expropiaciones de pisos en zonas tensionadas y que lo de meter gente en casas de mayores es el plan final, el que no llega. Otro imagina la permuta: tu casa grande por un piso pequeño, y en la tuya, otros. La versión más corta la firma un tercero: «No es tiempo me negociar. Es tiempo de prepararse para el cataclismo.»
Hay una variante más dura del mismo argumento. Un participante sostiene que no se construirá vivienda social para los de dentro, que quienes lleguen vivirán donde les dejen y que a quien proteste se le ahogará a impuestos hasta que desaparezca. Es una opinión, no un pronóstico con fuente. En ese bloque, una frase resume el clima: el enemigo son los uniformados.
El cruce con la inmigración sigue ahí y sigue sin fuente. Un participante sostiene que la frase que da título al debate no la dicen los inmigrantes, sino el medio que la publica. Otro pone el espejo al otro lado: si en sus países hubiera ancianos con casas infrautilizadas, que empiecen por ahí. Un tercero trae el paralelismo de Texas. Y hay quien reduce todo a un reproche electoral: cada uno que disfrute de lo que vota.
Qué cambia respecto a antes
Cambia el tono. En la entrega anterior se discutía si el decreto existía; aquí varios dan por hecho que no hará falta, porque el mercado se adelantará. Entra el empleo como asunto central, con un relato sobre cualificaciones y primer acceso al trabajo que se queda sin réplica. Entra la geografía: Galicia, Texas, el Madrid del siglo XVII y una antología de humor soviético de 1946, editorial Nos, que alguien cita como epígrafe.
Y entra algo que no había salido así: alguien pone cara y habitación a las dos partes del debate en la misma frase. Una casa grande con un solo cuarto ocupado. Una trabajadora que duerme con diez. Nadie discute ese mensaje. Nadie lo responde. El hilo sigue con otra cosa.