Los rumanos y los ucranianos se van de España ante el deterioro de las condiciones económicas para gran parte de los hogares

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La economía española crece un 2,7% interanual, el triple que la zona euro. La ocupación bate récords y la prensa internacional se rinde. Sin embargo, la salida de ciudadanos rumanos y ucranianos se intensifica, con un matiz incómodo: el mismo fenómeno se observa en la comunidad china, con comercios cerrando en barrios y ciudades de medio país.

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Aunque la macroeconomía es importante a la hora de analizar la salud económica de un país, no lo es todo. España es buena prueba de ello. El PIB crece un 2,7% interanual (el triple que en la zona euro), la ocupación no para de batir récords históricos y la prensa internacional y algunos bancos se rinden a la economía española. Sin embargo, cuando se analiza la economía particular, el poder adquisitivo real de los hogares se ha deteriorado, una buena parte de los mismos no ha visto mejorar su situación en los últimos años o incluso hoy se encuentra peor que hace una década. Los salarios reales (descontando la inflación) están estancados (han crecido un 2,7% en los últimos 30 años), el precio de la vivienda ha aumentado mucho más rápido que los propios sueldos y la renta per cápita se ha expandido más despacio que el PIB agregado. Buena prueba de esta situación son los movimientos de los forasteros que ya estaban en España (no los que llegan buscando una vida mejor desde países extremadamente pobres o inestables). Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), aún provisionales, revelan que los rumanos y los ucranianos se siguen marchando de España a gran velocidad ante el deterioro de las condiciones económicas particulares de muchos de ellos.

Según la Estadística Continua de Población publicada por el INE, solo en el segundo trimestre de 2026, se marcharon de España 5.300 rumanos y 3.200 ucranianos, lo que agrava la fuga de este tipo de trabajadores que lleva años produciéndose. Rumanos y ucranianos están entre las diez nacionalidades que presentaron una mayor migración al exterior. En los datos definitivos que presenta el INE (van con cierto retrat) se puede observar cómo los ucranianos comenzaron abandonar España a cuenta gotas en los últimos trimestres.

Por el contrario, los que sí están llegando en cantidades importantes son otras nacionalidades. Colombia fue la principal nacionalidad entre los forasteros que llegaron a España durante el segundo trimestre de 2026, con 34.000 entradas, seguida de Venezuela, con 23.300, y Jovenlandia, con 21.100. A continuación, se situaron los ciudadanos de nacionalidad española que regresaron del extranjero, con 18.000 llegadas, y los peruanos, con 16.800. A mayor distancia aparecen Brasil, con 8.300 forasteros, Italia, con 7.600, y Honduras, con 7.200, mientras que Pakistán registró 6.700 llegadas.


El caso de los ucranianos​

El fuerte influjo de ciudadanos ucranianos se produjo durante los primeros compases de la guerra con Rusia y los siguientes trimestres. Los ciudadanos procedentes de este país llegaron a sumar 215.000 a principios de 2024, sin embargo, desde entonces los ucranianos que viven en España no han parado de descender, según los datos definitivos del INE. Tras nueve trimestres de fuertes incrementos en la llegada de ucranianos a España entre 2022 y 2024, ahora la serie empieza a invertirse y ya registra cuatro trimestres de descensos que parecen acelerar. A las cifras que aparecen en los gráficos, que van con algo de retrat (el INE publica primero datos provisionales que luego incorpora a los definitivos), habría que añadirle las provisionales en las que el número de ucranianos ha caído en 3.200, mientras que el de rumanos ha caído en más de 5.000.

Por un lado, la economía de Ucrania lleva varios trimestres creciendo con intensidad. El país ha hecho de la necesidad virtud y ha convertido la industria de los drones en una vía para reconstruir su economía en un sector en auge y que genera un importante valor añadido. Por otro, la pérdida de intensidad de la guerra en ciertas partes del país también podría estar motivando esta vuelta de los ucranianos a casa.

Esta no es toda la historia. Este diario ha podido hablar con varias familias ucranianas que aún residen en España, pero que tienen la intención de marcharse, no para volver a Ucrania sino para buscar una mejor vida en otro país de la Unión Europea. Estas familias residentes en Madrid aseguran que las condiciones económicas en España se han deteriorado en los últimos años. Aunque recalcan que "hay trabajo para el que quiere trabajar y tiene ganas", los salarios actuales son insuficientes para acceder a una vivienda, ya sea de compra o alquiler, lo que lleva a estas familias a compartir piso con otras personas limitando sus proyectos vitales.


También las cifras revelan que los búlgaros son cada vez menos en España. Los motivos parecen los mismos, aunque en este caso sí parece que muchos de ellos están optando por volver a una Bulgaria que crece con fuerza y presenta uno de los marcos fiscales más atractivos de la Unión Europea. Una familia de búlgaros (llegó a España para trabajar en la construcción) que regenta un bar en la Sierra Norte de Madrid ha explicado a elEconomista.es que no descartan volver a su país. Hoy, regentar un bar es un trabajo que requiere hasta 14 horas diarias para un beneficio pequeño explican, mientras que en Bulgaria empiezan a surgir oportunidades laborales interesantes. "Cada vez que volvemos al pueblo y visitamos la capital (Sofia) se puede ver que el país está avanzando muy rápido. La capital ahora está preciosa y no tienen nada que ver con hace 25 año", señalan. La hostelería y el turismo han sustituido a la construcción, pero los salarios reales son menos jugosos en esos dos sectores.

El caso de los rumanos​

El caso de los rumanos es aún más sangrante si cabe. La evolución de la población rumana en España cuenta, en buena medida, la historia de las dos últimas décadas de cómo ha evolucionado la economía particular de los hogares teniendo en cuenta salarios, accesibilidad a la vivienda y la calidad de los servicios. A comienzos de los 2000 apenas residían unos 68.000 ciudadanos rumanos en el país, pero la cifra se disparó con el fuerte crecimiento económico, el boom de la construcción y la enorme demanda de mano de obra para alimentar esa burbuja del ladrillo. Una mano de obra, además, que contaba con una remuneración relativamente elevada si se comparaba con la cualificación necesaria para los diferentes trabajos básicos en la obra. Eso es solo lo que cuentan los datos oficiales, lo cierto es que muchos de esos empleos tenía sueldos aún superiores que se pagaban en '[…]'.

Además, la entrada de Rumanía en la Unión Europea en 2007 facilitó todavía más esa movilidad. España ofrecía entonces salarios muy superiores respecto a Rumanía y una economía con un estado de bienestar que ofrecía unas condiciones atractivas incluso en medio de la crisis. La población rumana pasó de menos de 100.000 personas en 2003 a superar las 700.000 una década después, alcanzando un máximo cercano a 750.000 residentes entre 2012 y 2013. La propia estadística migratoria del INE muestra que, entre los rumanos que posteriormente abandonaron España, 2007 fue uno de los principales años de llegada.

La crisis financiera rompió ese modelo, aunque los rumanos siguieron llegando durante un tiempo ante la 'asequibilidad' del país. España estaba en crisis, pero la vivienda era relativamente barata tras el estallido de la burbuja, los alquileres estaban por los suelos y la cesta de la compra era accesible. Sin embargo, el modelo ya estaba cambiando, la crisis de 2007 marcó el principio del fin.

El estallido de la burbuja inmobiliaria destruyó precisamente muchos de los empleos en los que se había concentrado buena parte de la inmi gración llegada durante los años anteriores. Ya en mayo de 2008 el número de parados en la construcción aumentaba un 63% interanual y la afiliación en el sector caía un 7%, según recogía entonces el Banco de España. Años después, a medida que las prestaciones se fueron agotando y viendo que el boom de la construcción no iba a volver y si volvía los salarios ya no serían los de antes, la población rumana comenzó a abandonar España poco a poco.

Los rumanos en España pasaron de los 750.000 a unos 690.000 en 2015, 600.000 en 2018 y 565.000 a comienzos de 2021. No fue una salida inmediata, sino un goteo prolongado que coincidió con una España que ofrecía muchas menos oportunidades laborales que durante el boom. El INE constató, por ejemplo, que 38.087 ciudadanos rumanos emigraron de España solo en 2018 y que una parte muy significativa pertenecía precisamente a la generación que había llegado alrededor de 2007.

La economía crece, pero los rumanos se van​

Lo llamativo es que la salida ha continuado incluso durante la potente recuperación demográfica y migratoria que vive España desde la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, lo que revela que el modelo de crecimiento de España es puramente extensivo. La economía crece porque llegan mucha población de fuera que está dispuesta a ocupar trabajos precarios que mejoran su situación previa. Sin embargo, los forasteros que llevan años en España se siguen marchando. Su situación particular (el poder adquisitivo, los servicios, etc) es probablemente peor hoy que hace años.

En enero de 2022 todavía residían 546.953 rumanos; un año después eran 538.699, en enero de 2024 habían bajado a 532.456 y a comienzos de 2025 quedaban 521.181, unas 26.000 personas menos en apenas tres años. Este 2026, la cifra podría caer por primera vez en mucho tiempo por debajo de los 500.000 desde 2006.

Esto contrasta con una España que continúa ganando población extranjera y que a comienzos de 2026 ha alcanzado máximos históricos de población. Una explicación económica plausible es que la ventaja relativa que convirtió a España en un imán para los trabajadores del Este se ha reducido. La España que recibió aquella primera oleada rumana y la actual no es la misma. Hoy, España sigue ofreciendo oportunidades laborales, pero instalarse y formar un hogar resulta mucho más caro, especialmente en los grandes polos de empleo como son las ciudades más importantes.

El precio de la vivienda aceleró un 12,9% interanual en el primer trimestre de 2026, con un incremento del 13,5% en la vivienda usada, según el INE. Es más, desde 2015 hasta hoy, el precio de la vivienda ha subido más de un 80%, superando el avance del 100% en algunas ciudades como Madrid. Para una población especialmente móvil dentro de la UE, la comparación ya no se realiza únicamente entre España y la Rumanía de hace veinte años, sino entre múltiples destinos europeos y una economía rumana que también ha convergido en renta.

La curva de los rumanos que residen en España dibuja o resume lo que ha sucedido y está sucediendo en la economía. España ha pasado de ser un destino extraordinariamente atractivo para cientos de miles de rumanos y otros ciudadanos del este a convertirse en un país en el que la combinación de vivienda cara, salarios que no avanzan al mismo ritmo que algunos costes y mejores alternativas en otros lugares de Europa reduce el incentivo para permanecer. No demuestra que la vivienda sea por sí sola la causa de la caída, pero sí ayuda a explicar por qué la comunidad rumana continúa reduciéndose mientras otras nacionalidades, que parten de situaciones peores a día de hoy, siguen llegando con fuerza para ocupar empleos que pocos quieren y para habitar viviendas que rozan el hacinamiento. España es el ejemplo de una economía que es boyante en términos 'macro', pero que en términos particulares y a nivel individual lleva estancada varias décadas. España crece de forma bruta y los grandes indicadores lo demuestran. Pero la historia que se vive dentro de cada hogar y de cada familia presenta un relato muy diferente. La economía es cada vez más grande, pero sus ciudadanos no son cada vez más ricos.

 
Tanta paz lleven como descanso dejan.
El problema es que los que se van son los que quieren pogre en la vida, los que tienen inquietudes, proyectos y ven que en esta España se está destinado a la miseria.

Los que se quedan son los que no aportan nada, los que se mueven por las ayudas y viven como una rana en una charca con su "paguita".

Esa es nuestra desgracia.

(También tenemos paguiteros patrios)
 
Yo cada día escucho más rumanos y ucranianos (o lo que supongo que son ucranianos por lo raro que hablan) en la calle. Lo que cada día veo menos es españoles, solo mayores en las terrazas.
 
Yo cada día escucho más rumanos y ucranianos (o lo que supongo que son ucranianos por lo raro que hablan) en la calle. Lo que cada día veo menos es españoles, solo mayores en las terrazas.
Y cuando esos mayores falten, directamente no verá un solo español porque el quitarse la vida demográfico por el que apostaron las últimas generaciones habrá surtido el efecto que buscaron.
 

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