Aceite de oliva a 60 euros la garrafa, según los foros
El aceite de oliva ha dejado de ser un fondo de despensa y se comporta como lo que su precio dice que es: un artículo de lujo. La referencia que más se repite en el hilo sitúa la garrafa de cinco litros de virgen extra en torno a los
60 euros. Hay quien ya le pone fecha a la siguiente escalada: esa misma garrafa, sostienen, puede alcanzar los
100 euros en seis meses. Y sobre la conversación planea el recuerdo del racionamiento que ya se vivió con el aceite de girasol.
¿Cuánto cuesta hoy el litro de aceite de oliva?
La horquilla que se maneja es amplia y depende del establecimiento. Un usuario dice haber visto en un Lidl latas grandes a
10 euros el litro; en el otro extremo aparecen folletos con virgen extra de hojiblanca listado a poco más de
4 euros que después, sostiene otro, nunca llegan a reponerse. La sospecha que se extiende es incómoda:
mala previsión para unos, práctica comercial para otros, con el comprador empujado hacia marcas más caras.
El fantasma del racionamiento
Limitar unidades por cliente no es nuevo. El precedente más citado es el aceite de girasol, cuando la compra nerviosa vació las estanterías y hubo que racionar. Se recuerda que aquello fue un episodio corto: en un par de meses la fiebre se desinfló y el precio volvió a su sitio. La duda que se instala ahora es si el aceite de oliva recorrerá el mismo camino, porque si el producto se comporta como un activo, atesorarlo tiene sentido económico.
El racionamiento ya se vio en las grandes superficies. En Costco se llegaron a llevar los cheesecake para revenderlos en la calle, y la respuesta fue limitar la compra a
dos unidades, o cinco por persona. Hay quien traslada esa lógica al aceite, y en el vocabulario del hilo ya se habla de
corralito aceitunil, de comprar cuatro garrafas antes de que el mercado se gire y de no poner alarmas a la despensa.
Olivar superintensivo en Sevilla
Alrededor de Sevilla, fincas que hace unos meses tenían cereales están siendo reconvertidas a
olivar en superintensivo. La sequía y la caída de cosecha explican parte del tirón, pero no todo: hay quien ve ahí un movimiento puramente financiero, con el olivo tratado como la materia prima en la que estar, el nuevo bitcoin del campo. Quien planta a destajo espera ganar dinero, no cubrir gastos, apunta un forero.
No todos reman en la misma dirección. Un productor de aceite ecológico en olivar tradicional de sierra recuerda que hace un par de años no merecía la pena recoger la aceituna por los precios de derribo. Ese péndulo, del abandono a la fiebre, sostiene a quienes creen que el ciclo se girará solo: si llueve y la producción nueva entra en carga, habrá aceite en los tanques sin comprador. El mismo mercado que hoy se discute a 60 euros la garrafa puede encontrarse mañana con excedente.
La comparación con Australia
La comparación internacional se cuela en el hilo. Un usuario sostiene que en Australia el litro de aceite de oliva se paga entre
15 y 20 dólares australianos, es decir, entre 10 y 15 euros, con salarios de referencia de
4.000 dólares australianos, unos 3.500 euros. El diferencial de renta haría que allí el litro duela menos, aunque el producto cueste lo mismo o más.
En esa comparación aparece un argumento sobre las políticas migratorias que conviene dejar donde está: se sostiene que la escasez de mano de obra explica esos salarios, pero es una tesis que se lanza sin datos. Otros usuarios apuntan a un efecto global: los precios de los bienes básicos tienden a igualarse hacia arriba entre países, y los salarios no siempre acompañan ese movimiento.
Topes de precios, subvenciones y consumo
Cuando el precio de un alimento básico se desmanda, vuelve el repertorio habitual: hay quien propone limitar el precio por decreto y subvencionar la compra, el modelo de los
precios cuidados. La idea circula ya en el hilo, donde el precio del aceite se lee en clave política.
La otra vía que se apunta no necesita decreto: consumir menos. Si el precio sube el doble, consumir la mitad equilibra el gasto familiar, calcula un forero. Y quien lleva años plantando olivos advierte de que, si llueve y la producción aumenta, la gente ya se habrá acostumbrado a otros aceites.
En el terreno de las sospechas hay una que resume el clima: hay quien recuerda que un inversor famoso había puesto su dinero en tierras agrícolas y no en tecnología. Si el gran dinero compra campo, el problema quizá no sea solo la sequía.