Los mensajes entre Paredes y Rubiales que contradicen a las capitanas
¿Pidieron las jugadoras de la selección española el cese de Jorge Vilda o solo trasladaron «inquietudes»? La pregunta llevaba un año sin respuesta oficial y ahora tiene
13 mensajes de por medio. La conversación de mensajería entre la entonces capitana, Irene Paredes, y el expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, publicada en octubre de 2023 por
EL ESPAÑOL, sitúa la petición en
agosto de 2022, un año antes del Mundial.
Rubiales lo dejó escrito sin rodeos:
«Las jugadoras no quitan técnicos, es nocivo». Paredes insistía en que había «un grave problema en el vestuario, que viene desde hace tiempo». Dos relatos que acabaron compartiendo concentración, Mundial y rueda de prensa.
Qué dicen los 13 mensajes entre Paredes y Rubiales
El
2 de agosto de 2022 Irene Paredes escribió a Rubiales para pedir una conversación. El presidente aceptó y prometió llamarla después de una reunión que tenía en curso. La llamada se convirtió en videollamada con las tres capitanas —Paredes, Alexia Putellas y Patri Guijarro— y varios cargos federativos presentes. En ella, las futbolistas trasladaron la necesidad de un cambio de entrenador. Rubiales fue tajante:
«El seleccionador continuará». No hubo negociación.
El
14 de agosto Paredes volvió a escribir. La respuesta de Rubiales, un mensaje largo, arranca con un «no salgo del asombro». Recuerda su etapa como jugador, asegura que nunca cuestionó a un técnico «frente a nadie, y menos frente al presidente», y sostiene que jamás había vivido que unos futbolistas llamaran al presidente «para destituir a un técnico». Defiende a Vilda y apunta que había recibido ofertas, algunas
«incluso superiores en lo económico». Cierra con una frase gruesa: «Es transgredir los valores del fútbol, es desleal y, además, es jugar con el pan y el modo de ganarse la vida».
Los mensajes siguen en poder de varios miembros del Comité Nacional de Fútbol Femenino, según la información publicada. La filtración es, por tanto, un asunto interno tanto como periodístico: alguien de dentro decidió que esas conversaciones vieran la luz justo cuando el caso del beso a Jenni Hermoso tenía a la federación contra las cuerdas.
Los tres motivos que dieron las capitanas para cesar a Vilda
En la videollamada se pusieron sobre la mesa tres argumentos. El primero, que
«no llegaba el mensaje del técnico al vestuario». El segundo, un «desgaste» con un proyecto deportivo que «llevaba mucho tiempo» siendo el mismo. El tercero, el más incómodo: el desacuerdo con «los roles» que el seleccionador había asignado a ciertas jugadoras, que en su opinión debían jugar menos minutos. Es decir, unas compañeras señalando a otras por delante de la federación.
El Comité Nacional de Fútbol Femenino calificó el movimiento de
«chantaje». Paredes respondió que lo único que querían era «entrenar, jugar y ganar», que el problema venía de lejos y que habían intentado taparlo, y que el equipo había «perdido la confianza deportivamente hablando». La palabra destitución no aparecía en su mensaje.
Del 22 de septiembre a la renuncia de 'Las 15'
Sin cambio en el banquillo, el
22 de septiembre de 2022 quince jugadoras renunciaron a la selección por correo electrónico. El enfrentamiento se arrastró hasta el Mundial y reventó después, con el beso de Rubiales a Jenni Hermoso, un episodio que acabó en manos de la justicia y por el que el expresidente declaró ante el juez. A la fecha de publicación de los mensajes, ese asunto seguía en vía judicial.
En la rueda de prensa previa al partido contra Suecia, Paredes y Putellas aseguraron que
«jamás» habían pedido «la destitución de un entrenador, sólo trasladábamos inquietudes». Los mensajes publicados apuntan en otra dirección. La discrepancia no es menor: de ella depende que el relato de la rebelión fuera una queja deportiva o una operación para forzar la salida del técnico.
Quién paga la factura cuando la federación cede
Hay una lectura económica del episodio. Según esta, Rubiales fue quien infló el fútbol femenino:
multiplicó por seis el presupuesto de la selección y le concedió los mismos servicios y viajes que a la masculina, incluso cuando esa sección no los generaba. La conclusión que se extrae es una vieja lección de gestión: el directivo que cede ante una parte acaba devorado por ella.
El argumento, sin embargo, no explica por qué un presupuesto mayor se traduce en menos autoridad, ni por qué el conflicto estalló un año antes del Mundial y no después. Tampoco aclara qué parte de aquel pulso era deportiva y qué parte era de poder interno dentro de un vestuario con jerarquías muy marcadas.
El ruido de fondo sobre la formación de las futbolistas
Buena parte de la conversación pública derivó hacia generalidades sobre el deporte femenino, con comparaciones sobre formación y profesionalidad. Se ha señalado que la mayoría de las internacionales españolas tienen
estudios universitarios, a diferencia de lo que sucede en la selección masculina, y que eso no impidió que el conflicto se gestionara por mensajería y por correo electrónico.
La capitana aseguró que habría tenido esa charla
«con cualquier resultado». El resultado, un año después, fueron 13 mensajes en manos ajenas y una rueda de prensa que ya no cuadra con lo escrito.