Macron admite el coste de renunciar al gas ruso
¿Cuánto costó prescindir del gas ruso barato? Emmanuel Macron dio este miércoles su respuesta en el Foro de Comercio e Inversiones España-Francia: el gas ruso «formaba una parte fundamental de la competitividad» de la industria europea, y su renuncia terminó provocando «una crisis en todo el continente». No era una hipótesis de manual. Era el balance oficial de una decisión política que Europa tomó por voluntad propia y que ahora vuelve a pasar factura, con el estrecho de Ormuz bloqueado y los combustibles disparados.
Qué dijo Macron y por qué incomoda
El presidente francés admitió que la competitividad europea dependía «en gran medida» del gas ruso barato. La frase, dicha en un foro bilateral con España, se lee como una enmienda al relato que Bruselas sostuvo durante la ruptura con Moscú: la energía barata no era solo un ahorro de la factura, era el supuesto sobre el que se levantó buena parte del tejido industrial del continente.
Macron no pidió volver atrás. Pidió movilización. Ante el encarecimiento del diésel y el combustible, calificó los precios en Francia de «insoportables» e instó a una «total movilización». Es la versión política de un reconocimiento incómodo, porque el problema no admite gestión trimestral: apunta directamente al diseño del sistema energético.
¿Por qué el estrecho de Ormuz lo cambió todo?
El bloqueo del estrecho de Ormuz dejó al descubierto la dependencia europea de los combustibles fósiles. Lo dijo el propio Macron: incluso los países que han avanzado mucho en descarbonización, como España o Francia, cada uno siguiendo su propio camino, mantienen todavía esas dependencias. Un corredor marítimo cerrado al otro lado del mundo basta para reventar la factura energética del continente.
Ese es el punto que el discurso oficial lleva tiempo esquivando. La transición energética no ha eliminado la exposición a los mercados fósiles; en algunos tramos la ha concentrado en menos proveedores y en rutas más frágiles. La «soberanía energética» suena bien hasta que se cierra un estrecho.
Los depósitos al 67% y la orden de recortar consumo
Los números no acompañan al optimismo. Los depósitos de gas de la UE están llenos solo al
67%, frente al
80% registrado el año anterior, y los analistas advierten de posibles subidas de precios durante el invierno. Con ese punto de partida, un análisis difundido en el debate sostiene que la Comisión Europea, a través de su comisario de Energía, ha pedido a los Estados miembros recortar de inmediato el consumo de gas y electricidad y ha rebajado el objetivo de llenado de depósitos al
80% para contener la volatilidad de costes antes de la llegada del frío severo.
Hay una lectura amable de esa maniobra: gestión técnica ante un invierno incierto. Y otra bastante menos amable: bajar el listón para que el dato no quede tan feo. Las dos circulan.
Del 45% al 12%: el gas ruso que aún llega
Desde 2022 la UE ha reducido con fuerza sus importaciones de combustibles rusos. Las adquisiciones marítimas de crudo han caído casi por completo y la proporción de gas ruso ha bajado del
45% al
12%. Sigue entrando, por tanto, algo más de una décima parte del gas que se consume.
El calendario aprieta: a partir del
1 de enero de 2027 queda prohibida toda importación de GNL ruso. El último grifo se cierra, pues, con el almacenamiento ya bajo y con la escalada en Oriente Medio disparando los precios del petróleo y del gas, cerrando industrias, sumando despidos y debilitando la economía europea. Un participante del debate señaló que la información llegaba con enlaces a medios estatales rusos, algo que otro discutió recordando que la fuente de las declaraciones era el propio Macron.
La nuclear vuelve al argumento
En el terreno de las interpretaciones gana espacio una tesis: que el gas ruso barato sirvió para desactivar la energía nuclear europea, más cara de construir pero insensible a los vaivenes de un estrecho. Se sostiene incluso que desde Moscú se financiaron campañas contra la nuclear en favor de su propio gas. Es una acusación sin verificación independiente en este asunto, y conviene tratarla como lo que es, no como un hecho probado.
También hay quien pone el foco en la geopolítica pura: el suministro se cortó desde fuera y la factura se presenta en Europa. Y quien recuerda que los depósitos al 67% no se arreglan con deseos.
Con el termostato al 67% y el veto al GNL ruso a la vuelta de la esquina, hay quien resume el momento así: subir el precio de la calefacción y llamarlo transición.