Madrid gana 30.724 habitantes en un trimestre y roza los 7,03 millones
El INE lo dejó en una nota de prensa sin aspavientos: entre el cuarto trimestre de 2023 y el primero de 2024 la Comunidad de Madrid pasó de 7.002.363 a 7.033.087 habitantes. Son
30.724 personas más en tres meses, el mayor salto absoluto de España. La provincia de Barcelona, segunda en la tabla, sumó 18.387. Valencia, 10.541. Alicante, 5.884. Y Sevilla y Cádiz, las dos únicas del top diez, perdieron población: 422 y 51 habitantes respectivamente. El titular lo escribió un participante del subforo de Economía con sorna y lo cerró con una queja: faltan carreteras, falta vivienda y, en su opinión, sobra Gobierno central.
Lo que empezó como un hilo de infraestructuras acabó siendo otra cosa. En 113 respuestas el asunto derivó hacia el precio del alquiler, la sanidad, la inmigración y la comparación con el País Vasco. Casi nadie discutió la cifra. Casi todos discutieron qué significa.
Qué dicen los datos del INE sobre Madrid y Barcelona
La comparación que abre el asunto es Madrid contra Barcelona y no es casual. La capital amplía su ventaja en
12.337 habitantes en un solo trimestre sobre la provincia catalana, que crece pero a menor ritmo. Valencia y Alicante completan el podio con subidas de cinco cifras. Sevilla y Cádiz, en cambio, se desangran ligeramente: dos provincias andaluzas que pierden vecinos mientras el centro y el litoral mediterráneo los ganan.
Bizkaia aparece en la tabla con 1.160.617 habitantes y un incremento de 1.732. Ese detalle, aparentemente anodino, se convierte en el eje de una de las discusiones más repetidas: la comparación entre la capacidad inversora del País Vasco, con hacienda propia, y la de Madrid, que depende de las transferencias del Estado. Hay quien sostiene que Vizcaya construye autopistas y túneles con una agilidad que Madrid no puede permitirse; en contra pesa el argumento de que la comparación ignora la diferencia de tamaño y de competencias.
El resumen de la tabla, en cualquier caso, es tozudo:
Madrid gana más habitantes en un trimestre que la suma de Sevilla, Cádiz y Bizkaia juntas.
¿Por qué sube la población de Madrid y no la de otras provincias?
La respuesta oficial es la migración. La respuesta que da el hilo es más incómoda: llegan extranjeros, se van madrileños. Un participante lo formula con crudeza —«se van madrileños y los reemplazan tercermundistas»— y otro añade que la mitad de los nacidos en Madrid ya tienen madre nacida fuera de España, con un sesgo muy latinoamericano y un peso menor de la inmigración europea o magrebí. Son afirmaciones que circulan sin verificación en el propio hilo y que conviene tratar como lo que son: percepciones, no estadísticas oficiales.
El trasfondo económico es más sólido. Madrid concentra empleo, salarios altos y servicios; el resto de provincias expulsa a sus jóvenes. Un cálculo que aparece en la conversación compara el ritmo español con el estadounidense:
700.000 personas al año en un país de 48 millones equivaldrían, en proporción, a que Estados Unidos absorbiera cinco millones anuales, algo que nunca ha ocurrido. El experimento, si se confirma, no tiene precedente conocido.
El problema que nadie discute: vivienda y carreteras
Aquí hay consenso, y es el consenso más incómodo del hilo. Si llegan 30.000 personas por trimestre, hacen falta viviendas, colegios, ambulatorios y carreteras. Un participante lo dice sin rodeos:
«se construirán las miles de viviendas necesarias para alojar a toda esa gente?». La pregunta queda sin respuesta.
El mensaje inicial insiste en la saturación del norte de la Comunidad: Villalba camino de los 70.000 habitantes, Colmenar y Tres Cantos camino de los 60.000. Menciona proyectos paralizados —el tercer carril de la A-1 entre Alcobendas y San Agustín, la radial hasta El Molar— y los atribuye a la falta de financiación autonómica. La comparación con el País Vasco vuelve aquí: la Supersur, la autopista de Elorrio o el túnel de Lamiako se citan como ejemplos de lo que una hacienda propia permite hacer y una comunidad dependiente no.
El cálculo completo de qué infraestructuras faltan y cuánto costarían, desglosado proyecto a proyecto, es el material que más se repite en la conversación y el que mejor explica por qué el asunto de la población acabó derivando en un debate sobre competencias fiscales.
Sanidad, alquileres y el malestar que no aparece en la tabla
El INE mide residentes. No mide listas de espera, ni precios de alquiler, ni sueldos. Varios mensajes ponen el foco justo ahí: un participante relata una espera de seis meses para rehabilitación y atribuye la demora a la presión asistencial; otro describe el mercado de la vivienda como un colapso en el que la gente acabará durmiendo en cocinas y pasillos. Son testimonios individuales, no diagnósticos, pero dibujan el malestar que acompaña a cada dato de crecimiento.
La ironía recorre el hilo de arriba abajo. Hay quien celebra los 30.000 habitantes como señal de vitalidad económica y hay quien responde que
«el mercado de vivienda colapsado, la sanidad arruinada, los salarios en el sótano» no son motivos para sacar pecho. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez, y ese es exactamente el problema.
Madrid contra el resto: el mapa que se está dibujando
La tabla del INE deja una foto fija: Madrid crece el doble que Barcelona, cuatro veces más que Valencia y muy por encima de Málaga o Murcia. Sevilla y Cádiz retroceden. Baleares, Las Palmas, Bizkaia, A Coruña y Santa Cruz de Tenerife suman cifras modestas, entre 500 y 2.100 habitantes por trimestre.
La extrapolación que hace un participante es sencilla: 30.000 por trimestre son 120.000 al año, más de un millón en una década. Si el ritmo se mantiene, la Comunidad de Madrid se acercará a los ocho millones antes de 2035. Nadie en el hilo discute la aritmética. Lo que se discute es si el territorio, la vivienda y los servicios aguantan ese ritmo sin romperse.
Y ahí se atasca el análisis. Los datos dicen que Madrid atrae. La conversación dice que Madrid se satura. Las dos cosas salen del mismo cuadro estadístico y ninguna de las dos se puede demostrar del todo con él.