Repetición electoral: la apuesta que Sánchez no teme
Pedro Sánchez ha convocado elecciones cuando nadie lo esperaba y las ha ganado. Dos veces en 2019, una en mayo. Es el argumento que sostiene la tesis central de este análisis: si el presidente ha demostrado que no le asusta volver a las urnas cuando los números le cuadran, ¿por qué iba a temer una repetición en diciembre? La hipótesis que recorre el debate es que la derecha está más débil que en julio y la izquierda más fuerte, y que el PSOE no tiene ninguna contrapartida negativa en intentarlo otra vez.
El planteamiento parte de una premisa incómoda para el PP: su estrategia de disparar contra Vox, su único aliado posible, le deja sin socios y sin margen. A eso se suma el desgaste de Alberto Núñez Feijóo, al que se describe como un lastre que el partido no va a sustituir por falta de reflejos. La conclusión que se extrae es que la repetición electoral no es un riesgo para Sánchez, sino una oportunidad de volver a demostrar quién manda.
El PP y Vox: la aritmética que no cierra
El cálculo más repetido es que el PP ha absorbido tres millones de votos procedentes de Ciudadanos y ahora necesita recuperar otros tres millones que se fueron a Vox. Con que solo la mitad volviera, el partido se acercaría a los diez millones de votos, casi dos por encima del PSOE. El problema es que ese trasvase no se produce por decreto. Hay quien sostiene que el votante de Vox prefiere la abstención antes que votar al PP, y que la desaparición de Vox no garantiza ningún retorno automático.
Los datos que se manejan en el análisis apuntan a una caída de Vox de unos 623.000 votos entre 2019 y 2023, mientras el PP ganaba tres millones. La lectura optimista para la derecha es que ese suelo de Vox es recuperable. La pesimista es que ese suelo es un voto de castigo que no vuelve. La marcha de cargos relevantes y las peleas internas alimentan la segunda interpretación.
¿Por qué Sánchez no teme una repetición electoral?
Porque ya lo ha hecho antes y le ha salido bien. En 2019 nadie creía que fuera a convocar y convocó. En mayo de 2023, igual. La lógica que se impone es que el presidente no tiene ninguna contrapartida negativa en diciembre: la derecha no va a conseguir lo que no consiguió en julio a menos que el PP deje de ser el PP, cosa que no va a suceder. El único freno que se le señala es la presión externa, y esa presión no existe porque los medios afines no le van a criticar.
Frente a esta tesis, hay quien recuerda que Sánchez será presidente de turno de la UE y que no puede permitirse perder unas elecciones durante ese mandato. El contraargumento es que ya preside la UE desde el 1 de julio y convocó elecciones igualmente. La presidencia europea no ha sido un obstáculo hasta ahora.
El desgaste de Feijóo y el factor Ayuso
La figura de Feijóo aparece en el análisis como el principal activo depreciado del PP. Se le describe como perdido en combate, sin capacidad de reacción, y se sostiene que sustituirlo ahora sería una muestra de debilidad suprema. La conclusión es que el PP está atrapado: mantenerlo es inacción, cambiarlo es admitir el error. Mientras tanto, la izquierda mantiene su masa social intacta y la derecha no encuentra el relato.
El otro factor que se discute es el peso real de Isabel Díaz Ayuso. Hay quien cuestiona la mística que la rodea: ganó con un 47% en Madrid, una comunidad históricamente de derechas, frente a un 43% de Juanma Moreno en Andalucía, mucho menos favorable al PP. La comparación sugiere que el tirón de Ayuso está sobredimensionado y que su perfil no es exportable al conjunto del país.
El votante de Vox que no vuelve al PP
Una de las corrientes más claras del análisis es que el votante de Vox no es un votante de siglas, sino de dirección. Si esas ideas las llevara otro partido, votaría a ese partido. Eso explica que la desaparición de Vox no implique un retorno masivo al PP, sino una bolsa de abstención que puede ser decisiva. La frase que resume esta postura es que se prefiere la abstención antes que votar al PP.
Esa rigidez del núcleo de Vox es a la vez su fuerza y su condena. Le garantiza un suelo electoral fiel, pero le impide crecer por el centro. Y en un escenario de repetición electoral, ese suelo fiel puede ser la diferencia entre que el PP sume o no sume. La aritmética no perdona.
Con estos mimbres, la repetición electoral deja de ser una hipótesis remota y se convierte en una apuesta con fundamento. El PP no tiene relevo, Vox no tiene retorno, y Sánchez no tiene miedo. La única incógnita que nadie termina de despejar es si el electorado castiga la repetición o la premia. La historia reciente dice que la premia.