Incendios y proyectos verdes: la teoría que gana adeptos
Los incendios forestales que azotan España esta temporada han reavivado una teoría que hasta hace poco se movía en los márgenes de la conspiranoia: que los fuegos no son accidentales, sino que responden a un plan para liberar suelo y desarrollar grandes proyectos energéticos y de datos. En el último gran incendio, con 12 víctimas mortales, el humo llegó a notarse en Guadarrama, a más de 100 kilómetros.
El patrón que incomoda
La coincidencia geográfica resulta incómoda. Varios de los focos más virulentos han coincidido con zonas donde se proyectan parques solares, eólicos o centros de datos. Hay quien señala que el mismo día en que se anunciaba la venta de la planta de Almusafes (Ford) a inversores chinos, el fuego se cebaba con áreas donde esos inversores tienen intereses inmobiliarios y energéticos. «No hace falta ingeniería espacial», resumen los más suspicaces.
Más allá de la casualidad
La falta de pruebas concluyentes no frena el runrún. Se habla de «tierras raras» en el subsuelo de los montes quemados, de proyectos que necesitan suelo barato y despejado, de una alianza tácita entre el capital extranjero y la administración que mira hacia otro lado. Mientras, las energías renovables siguen su avance imparable, y los incendios, su curso letal. El cálculo completo de intereses detrás de cada hectárea achicharrada se resiste a salir a la luz. Y eso, precisamente, es lo que más inquieta.