Mercadona no gasta en publicidad: el mito de la campaña invisible
¿Puede una cadena de supermercados vender sin anunciarse? La tesis circula con fuerza: Mercadona nunca habría contratado un spot relevante en televisión ni una cuña en radio. Lo curioso es que su marca ocupa la conversación pública más que ninguna otra enseña. El truco no está en la ausencia de marketing, sino en su disfraz.
La publicidad que no parece publicidad
El recuerdo de una campaña clásica de Mercadona en prensa, radio o televisión se acerca a cero. Sin embargo, los medios publican con una frecuencia sospechosa artículos que explican lo bien que la empresa trata a su plantilla, lo eficiente que es su logística o lo maravilloso que resulta un producto nuevo. Llámese información, publirreportaje o simple imán de marca: hay una línea de coste invisible.
No toda la publicidad pasa por la pauta, como recuerdan los análisis más escépticos. Están los soportes pagados que se camuflan de periodismo y las notas de prensa disfrazadas de apertura de tienda. Y está la cancioncilla que acaba instalada en la cabeza sin que nadie pueda ponerle precio. Eso, querido lector, también es una campaña.
Precios que anuncian solos
El argumento más directo a favor del silencio publicitario es el más antiguo: si el precio convence, el cliente hace el trabajo. Un ejemplo que circula: cajas de tomates de 6 a 8 kilos por poco más de tres euros, alrededor de 1,5 euros el kilo. Con esa imagen de ganga, la enseña no necesita acudir a ninguna subasta de anuncios. El cliente va solo y encima presume de haberlo encontrado.
El apellido Roig ya funciona como marca. Y cuando una marca funciona así, los medios colaboran sin que nadie los obligue. El fenómeno descrito como «Mercainflujo» resume esa marea de noticias espontáneas que ninguna campaña pagada podría comprar. Quedan, eso sí, los que sostienen que la empresa paga para que los asuntos incómodos no salgan a la superficie. Otra forma de invertir en imagen, sin duda.
Que Mercadona no gaste en publicidad quizá sea cierto tan solo en el papel. Porque tener a todo el país hablando de ti, por la razón que sea, no se compra con un spot: se construye con precios, fama y una pizca interesada de silencio. Y eso vale más que todas las cuñas del mundo.