500.000€ al 3,40% en Deutsche Bank no dan 1.200€ limpios al mes
Meter medio millón de euros en un depósito al 3,40% no produce 1.200 euros netos mensuales. Produce menos, y la diferencia no es un redondeo: es el resultado de aplicar los tramos del IRPF del ahorro a unos intereses que, además, solo están garantizados hasta los primeros 100.000 euros. El caso, planteado como una jugada redonda —casa pagada, cero esfuerzo, ingreso pasivo—, se desmonta en tres pasos: el tipo aplicable, la fiscalidad y el respaldo público. Quien lo contaba lo hacía con cierta
retranca: reconocía morirse de envidia. El resto de la conversación se dedicó a comprobar si esa envidia estaba bien fundada.
¿Cuánto quedan limpios de 500.000€ al 3,40%?
El cálculo bruto es sencillo y coincide en todas las versiones: 500.000 euros al 3,40% generan
17.000 euros brutos al año. Ahí acaba el acuerdo. A partir de ahí, la cifra que se defiende como «limpia» —los 1.200 euros mensuales— exige ignorar que los rendimientos del capital mobiliario tributan por tramos. La escala vigente aplicada en el análisis del caso es la clásica del ahorro:
19% hasta 6.000€,
21% entre 6.000€ y 50.000€, 23% entre 50.000€ y 200.000€ y 26% por encima de 200.000€.
Aplicada a los 17.000 euros de intereses, la cuenta que circula con más detalle da
13.550€ netos al año, esto es, 1.129 euros al mes. Otra estimación, más pesimista por cómo reparte el tipo, baja a
1.048€ limpios mensuales. Ninguna de las dos llega a los 1.200 prometidos, y las dos se cobran al vencimiento del depósito, no mes a mes. La diferencia entre la cifra anunciada y la real ronda entre 70 y 150 euros mensuales. Sobre 500.000 euros parece calderilla. No lo es: es el 12% de la renta que se creía asegurada.
El 3,5% solo se aplica a los primeros 100.000€
La segunda grieta es la estructura del producto. La remuneración elevada de Deutsche Bank se limita a los
primeros 100.000 euros; el resto del capital, 400.000 euros, se coloca a tipos inferiores y, por tanto, arrastra la rentabilidad media del conjunto hacia abajo. Ese es el punto que varios análisis subrayan: el tipo nominal del folleto no es el tipo efectivo de la cartera completa.
Y aparece el Fondo de Garantía de Depósitos. La cobertura alcanza
100.000 euros por titular y entidad. Los otros
400.000 euros quedan fuera de esa red. En un sistema donde los depósitos españoles nunca han sufrido quitas, el argumento se relativiza, pero el riesgo de concentración es objetivo y se corrige con una solución elemental: repartir el capital entre varias entidades hasta que cada tramo quepa dentro del paraguas. Quien tiene medio millón en un solo banco está eligiendo, consciente o no, un riesgo que no le pagan.
La inflación que decide si el 3,40% es rentabilidad o espejismo
Con el IPC por encima del tipo del depósito, la rentabilidad real se vuelve negativa. El nominal es un 3,40%; el poder de compra del capital más los intereses, otro asunto. La formulación más repetida es la del año que viene: sin gastar nada, el titular podrá comprar menos cosas que este año aunque su saldo haya crecido.
Hay matices. Un depósito a tipo fijo aporta certeza, y la certeza tiene precio. Frente al 3,40, se citan alternativas nominalmente superiores:
bonos del Estado al 4%, depósitos en otras geografías anunciados al
14%, o el
3,5% que el propio banco ofrece en el tramo bonificado. La comparación es legítima y también tramposa: mayor rentabilidad significa mayor riesgo o menor liquidez. Ninguna de esas opciones es un depósito con etiqueta de seguro.
¿Qué alternativas se plantean al depósito bancario?
La lista de sustitutos que aparece es amplia y heterogénea. En un extremo, indexarse al
SP500 o a un fondo global de réplica física con regla de retirada del 3% o 4%; en el otro, comprar dos pisos en la costa y explotarlos en alquiler turístico para ingresar del orden de
6.000 euros al mes. En medio, una familia de fondos cotizados que reparten dividendos elevados mediante la venta de opciones cubiertas:
JEPI,
JEPQ,
QQQX,
SCHD, con rendimientos que se defienden entre el 3% y el 12% combinando reparto y apreciación.
La defensa técnica de estos productos es razonable: vender opciones
covered calls no apalanca nada, simplemente cambia parte de la subida futura por una prima cobrada hoy. La objeción es igual de sólida: en un año malo de mercado, la estrategia puede quedarse por debajo de un indexado puro, y los dividendos tributan cada ejercicio mientras la plusvalía espera. También hay quien apunta a derivados y quien responde, con razón, que aquí cada uno aguanta lo que aguanta: ver caer un 25% o un 40% la cartera no es lo mismo con 50.000 euros que con 500.000. El material completo del caso, con los tramos aplicados uno a uno y las réplicas al detalle, deja una foto bastante menos idílica que la del titular.
El fondo de armario: impuesto de patrimonio y otras sorpresas
A la fiscalidad del ahorro se suma, según la comunidad autónoma de residencia, el
impuesto de patrimonio, que puede convertirse en un sablazo difícil de anticipar. Un capital de 500.000 euros, sin ser una gran fortuna, está en el rango donde las deducciones autonómicas marcan diferencias notables y donde el asesoramiento fiscal deja de ser un lujo.
También se discute el origen del dinero. Nada en el planteamiento inicial aclara si esos 500.000 euros vienen de una venta, de una herencia o de décadas de nómina. La aclaración importa, porque la conversación deriva varias veces hacia la misma cuestión incómoda: si no se puede saber cómo se ganó el capital, tampoco se puede evaluar si la decisión de meterlo en un depósito es prudencia o simple falta de alternativas conocidas.
La predicción, con toda la prudencia que exige hablar de tipos e
inflación, es que este tipo de operaciones se multiplicará mientras la remuneración del efectivo se mantenga por encima de la media histórica. Si el diferencial frente al IPC se estrecha, los 1.129 euros netos mensuales se convertirán en un recordatorio incómodo de que el dinero quieto en un banco compite contra algo más que un balance.