Un ático de 1975 en Santa Coloma por 266.000 € y 50.000 de obra
El anuncio pide
266.000 € por un ático de 90 metros cuadrados construido en 1975 en el barrio de Singuerlín, en Santa Coloma de Gramenet. La pareja que lo mira ronda los 24 y los 28 años, suma
75.000 € de ahorro y trabaja en sanidad: él con contrato fijo, ella eventual. Quien les conoce de cerca ya ha sacado su conclusión antes de que el banco conteste. Esta compra, sostienen, puede ser su ruina.
El piso se vende con terraza y «muchas posibilidades», una fórmula que en el mercado inmobiliario significa una cosa muy concreta: obra pendiente y dinero enterrado. Es un ático de los que la jerga llama
piso Paco, con el aislamiento de la época y calefacción a base de botellas de butano, y una terraza que la pareja lee como valor añadido y su entorno como el cebo que tapa todo lo demás.
Qué se compra por 266.000 € en Santa Coloma de Gramenet
La ubicación es el primer punto de fricción. Por ese dinero, sostiene una parte del análisis, se compra un adosado o incluso un unifamiliar con piscina en buena parte del territorio nacional. La comparación con Barcelona ciudad engaña: quien ha visto el anuncio recuerda que el mismo precio en una zona cotizada del centro sería otra cosa, pero Singuerlín no es eso. Un usuario sitúa el barrio entre los peores de la ciudad.
El tamaño tampoco resuelve nada. Un ático de 90 metros cuadrados suena suficiente para dos personas, pero se trata de una construcción de 1975 sin reformar. La terraza, defiende otra corriente, no compensa: son metros que se pagan, se mantienen y no siempre se usan, y quien la tiene acaba usándola para tender la ropa, con más contaminación de fondo.
La reforma que se come el ahorro
Aquí está la cifra que desmonta la operación. Dejar el piso decente exige poner encima del precio otros
50.000 € o más, según el cálculo que maneja quien les aconseja. El inmueble arrastra el aislamiento de 1975 y una calefacción a base de botellas de butano. Es dinero que, en su opinión, no se recupera en la reventa, porque se aplica sobre un activo cuyo valor lo marcan la zona y el año de construcción, no las mejoras del propietario.
El problema de fondo es que ese desembolso compite con el propio ahorro. Los
75.000 € disponibles se irían casi enteros entre la entrada y la obra. Y en una unidad familiar donde uno de los dos ingresos es eventual, el colchón es justo lo que no se puede tocar.
¿Cuánto puede pagar esta pareja sin ahogarse?
La regla que manejan las entidades sitúa el límite prudente en que la cuota no supere el
30% de los ingresos familiares. Un cálculo que circula al hilo de este caso considera ese umbral demasiado generoso: basta un imprevisto laboral o una subida del índice de referencia para que el 30% se convierta en el 50% sin que nadie firme nada nuevo.
Sobre el tipo, la discusión se parte. La
hipoteca variable se lee como una apuesta que ya ha salido mal a una generación entera. La fija, en cambio, se firma en un momento en el que hay quien defiende justo lo contrario: si la inflación se mantiene alta, deber al banco a un tipo bajo durante décadas sale rentable. El escenario optimista asume esa cobertura; el pesimista, que la pareja aguante hasta verla.
Alquilar, esperar o comprar en otro sitio
Las alternativas que se barajan van del alquiler prolongado a la compra fuera de las áreas metropolitanas. Entre ambas hay una fórmula intermedia poco explorada: adquirir el usufructo del inmueble por un número de años, lo que reduce el desembolso y deja la nuda propiedad en manos del propietario.
Y luego está la tesis del desplome. Algunos sostienen que los pisos viejos pueden corregir hasta un
40% y que las exigencias europeas de certificación energética van a castigar precisamente a los edificios sin aislamiento como este. No es un hecho: es una previsión. Nadie puede ponerle fecha.
El aviso que ya está dado en casa
El entorno familiar ha cerrado filas en contra. El padre de ella comparte el diagnóstico y se opone abiertamente a la operación. La recomendación más repetida a quien pregunta es que no avale: avalar traslada el riesgo a quien no va a vivir en el piso y convierte una mala decisión en un problema de dos generaciones.
El desenlace sigue abierto. La pareja ya tantea bancos y espera una respuesta que una parte de su familia desea que sea negativa. Hay quien lo dice sin rodeos: la denegación de la hipoteca sería la mejor noticia de todo este asunto.
Y el dato que ordena todo:
266.000 € pedidos frente a
75.000 € de ahorro, con una obra de 50.000 € en la mochila según el cálculo que maneja el entorno. Hay incluso quien afirma que por 100.000 ya le parecería caro.