Michael Burry reaparece y avisa de una burbuja sin apostar contra ella
¿De qué sirve un agorero que acierta el qué y falla el cuándo? Michael Burry, el gestor que anticipó la crisis de 2008 y se hizo leyenda en
The Big Short, ha vuelto a la red social X tras más de un año de silencio con un mensaje que no señala a nadie y lo señala todo: «A veces, vemos burbujas. A veces, hay algo que hacer al respecto. A veces, la única jugada ganadora es no jugar». Lo acompañó de una imagen de Christian Bale, el actor que lo interpretó, mirando una pantalla con cara de asombro. La cita viene de
WarGames (1983). Su biografía en X dice ahora «Alguien dispuesto a compartir lo que sabe» y su perfil se llama «Cassandra Unchained», en alusión a la mitológica profetisa a la que nadie creía.
Qué burbuja señala y por qué no la ataca
No lo dice de forma explícita, pero todo apunta al boom bursátil de la inteligencia artificial.
Nvidia se ha disparado más de un 1.200% desde principios de 2023 y ha alcanzado los
5 billones de dólares de valoración, una cifra sin precedentes que ha empujado al Nasdaq 100 y al S&P 500 a máximos históricos. El gestor de Scion Asset Management es célebre por su carácter contrarian: fue uno de los primeros en advertir del peligro del mercado inmobiliario antes de 2008 y lo hizo apostando fuerte. Esta vez, en cambio, opta por la prudencia. No juega.
El historial reciente ayuda a entender el cambio de tono. En 2021 alertó de lo que llamó «la mayor burbuja especulativa de todos los tiempos en todos los activos», criticando el frenesí de las meme stocks como GameStop, las criptomonedas y compañías como Tesla o Nvidia. En 2023 sacudió los mercados con un post de una sola palabra: «Sell». Poco después desapareció de las redes durante más de un año. Y en el segundo trimestre de 2024 su fondo redujo posiciones bajistas y aumentó la exposición alcista, pasando de siete a quince posiciones con compras de opciones de compra en compañías como Estée Lauder, Lululemon y los gigantes tecnológicos chinos Alibaba y JD.com.
El problema no es acertar la burbuja, es acertar el cuándo
Aquí es donde el relato se rompe. Hay quien sostiene que el tipo es muy bueno detectando las trampas del mercado, pero que controlar el «cuando» es el 50% del éxito inversor y depende más de la política que de los análisis económicos. El caso más citado es Tesla: según un participante, desde 2020 acumuló posiciones en corto con cientos de miles de acciones en opciones de venta y la acción no ha parado de subir. La conclusión que se repite es incómoda: se hizo famoso por tener suerte en el tiempo y desde entonces muchos lo tratan como gurú cuando fue, simplemente, un loco con suerte.
El paralelismo con otros agoreros del sector es inevitable. Harry Dent lleva décadas escribiendo libros sobre el colapso de la economía americana; preguntado por cuántas veces ha acertado, el resumen es «muchas predicciones, muy pocas o ninguna coincidencia real en tiempo y profundidad». La diferencia es que Burry pone su dinero en juego, lo cual le honra, aunque lo de llamarse Cassandra sea, cuando menos, pretencioso.
La IA como excusa perfecta para una nueva burbuja
En el fondo, el aviso de Burry es un aviso de cautela y gestión de riesgo, no un «vende ya». El desfase entre el capital invertido y el relato por delante de los ingresos reales, junto a una financiación cruzada dentro del ecosistema de IA, puede amplificar cualquier movimiento. La tesis más repetida no es un pinchazo estilo 2000, sino un lateral amplio con caídas dentro del rango, cierre de startups y proyectos no viables, y selección natural mientras las expectativas se ajustan a la realidad. La carrera por la IA y la robótica empuja a los gobiernos a actuar como fiadores y primeros clientes: contratos de cómputo, energía asegurada, permisos rápidos, créditos y garantías. Eso pone suelo y alarga el ciclo.
El propio Burry ha añadido munición en sus últimos mensajes. Ha advertido de que los grandes de la nube «maquillan» beneficios alargando la vida útil de sus servidores y redes: pasar de 3-4 años a 5-6 reduce la depreciación contable y sube el beneficio sin que entre más caja. No es ilegal si está justificado, pero traslada el coste a 2026-2028 en forma de más amortización o deterioros. También ha apuntado al CEO de Palantir y ha corregido la interpretación que se hace de los formularios 13F, que solo muestran posiciones largas y opciones compradas con retraso: si aparece una opción de venta, puede ser cobertura o parte de una estrategia combinada, y el porcentaje que circula suele ser el nocional del subyacente, lo que infla la cifra.
El mercado trucado y el minorista que no puede salir
La discusión de fondo es otra. Hay quien sostiene que hay actores capaces de mover países enteros con un clic y que llevan las bolsas donde quieren, como quieren y cuando quieren. Si eso es así, el mensaje de Burry sería: no juguéis contra ellos, porque hagáis lo que hagáis vais a perder. La metáfora del póker con jugadores compinchados que se saben las cartas describe bien la sensación. Y enfrente, el argumento práctico: si tienes dinero, no existe la opción de no jugar, porque la alternativa es el efectivo, que se deprecia. La bolsa puede estar respaldada por bienes y servicios con valor real. El sistema está trucado, pero se puede sobrevivir en él e incluso ganar. Los que pierden seguro son los que no tienen dinero, los que tienen pasivos o los que lo dejan en el banco viendo cómo pierde valor.
La IA, mientras tanto, sigue su camino. De cada cien empresas quedarán dos o tres vivas, y más en una tecnología que exige inversiones obscenas. Los centros de datos faraónicos se van a materializar, la IA tiene traducción militar y hegemónica, no es solo un interés privado ni una moda. Puede que muchos la pierdan y se arruinen, pero la industria se hará sí o sí. Es una manera de sacar pasta a mucha gente para construir algo nuevo.
Al final, la pregunta que queda en el aire es la de siempre: si todo el mundo dice que quedan dos meses para el desplome, seguramente queden muchos más. Y si todos se preparan para lo mismo, solo conseguirán que ocurra justo lo contrario. Burry lo sabe. Por eso, esta vez, no juega.