Milei se proclama el primer presidente liberal libertario de la historia
Un presidente que se define como anarcocapitalista en lo filosófico y minarquista en lo práctico ocupa la Casa Rosada. La frase que da título a este análisis —«soy el primer presidente liberal libertario de la historia de la humanidad»— resume el experimento político que se sigue con atención desde fuera de
Argentina. Y no solo por el personaje: por lo que dice de un país que acumula décadas de inflación, corrupción y ajustes sobre las espaldas del contribuyente.
El argumento que más circula entre quienes siguen el asunto con simpatía es que Milei no es el problema, sino la reacción. «La otra opción eran unos comunistas ladrones que llevan décadas en el poder saqueando su propio país», sostiene una corriente de análisis que ve en el nuevo gobierno un mal menor frente a la continuidad del peronismo. Otros van más lejos y hablan directamente de un santo con coraje y sabiduría. La vara de medir, en cualquier caso, es la herencia recibida.
Qué promete el plan económico de Milei
El discurso de la nueva administración se apoya en tres promesas concretas: inflación cayendo, salarios volando en dólares y un 2025 brillante. La frase «el año 2025 va a ser brillante: con la inflación cayendo y los salarios volando en dólares» circula como resumen del optimismo oficial. El problema es que, a la fecha de esta discusión, el plan lleva apenas unos días en marcha y los datos duros todavía no permiten confirmar ni desmentir el pronóstico.
Hay quien recuerda que el ajuste no es una elección ideológica, sino una necesidad impuesta por las cuentas. «Este liberalismo, esos ajustes, son una necesidad en estos momentos y muy en particular en ese lugar», resume una postura que no se identifica como liberal pero que acepta el marco. La discusión de fondo no es si Milei es simpático, sino si el programa aguanta el contacto con la realidad.
El ajuste que sustituye hospitales y escuelas por vales
Uno de los puntos que más tensión genera es el diseño del gasto social. Según los críticos, el plan sustituye la financiación directa de hospitales y escuelas por vales con dinero público. La medida se presenta como una forma de introducir competencia y elección, pero también abre la puerta a que la sanidad y la educación dependan de la capacidad de cada beneficiario para moverse en un mercado.
El argumento que se esgrime desde el lado crítico es que la sanidad no llega ni a un 15% del gasto de presupuesto del estado al año, y que la mayor parte del gasto se va en pensiones, la mitad del presupuesto y aumentando. Es decir: el margen de recorte en servicios distintos de las pensiones es limitado, y el ajuste real tendrá que tocar otras partidas o subir impuestos. La contradicción entre bajar el gasto y sostener el sistema se queda sin resolver.
El anarcocapitalista que preside un Estado
La paradoja que más se repite es la del presidente que se declara anarcocapitalista en lo filosófico y minarquista en lo práctico, pero que ocupa la jefatura de un Estado. «Ancap y presidente de un Estado. La coherencia de Milei», resume una de las objeciones más repetidas. No es una contradicción menor: el anarcocapitalismo propone la abolición del Estado, y gobernar uno exige administrarlo.
A eso se suma la política exterior. La defensa del Estado subsidiado de Israel, con la acusación de desahuciar a sus vecinos y robarles las tierras, aparece como ejemplo de que el liberalismo de Milei se aplica de forma selectiva. La coherencia ideológica, en la práctica, se negocia con los aliados geopolíticos.
El peronismo no era comunismo
Una de las correcciones más repetidas en el análisis es la de quienes niegan que el peronismo sea comunismo. «El peronismo no es comunismo, ni de coña», sostiene una corriente que sitúa al justicialismo como un socio liberal con corrupción elevada a la décima potencia, no como una izquierda latinoamericana. La única izquierda del continente, según esta lectura, es la bolivariana.
La distinción importa porque cambia el diagnóstico. Si el adversario no era comunismo sino una élite política y económica enquistada, entonces el problema no se resuelve con un ajuste liberal, sino con un cambio de correlación de fuerzas. «Argentina jamás ha estado gobernada por una izquierda latinoamericana», zanja la misma línea de análisis.
El experimento sigue abierto. Los partidarios de Milei tienen un argumento difícil de rebatir a corto plazo: nadie puede evaluar un plan económico en unos días. Los críticos tienen otro igual de sólido: las promesas de inflación cayendo y salarios volando en dólares no son datos, son pronósticos. Entre ambos, un país que ya ha probado casi todo y que asiste a la enésima promesa de refundación.