La policía descarta que el fallecido en Alhendín sea el sicario
¿Quién era el hombre que apareció con cuatro tiros de escopeta en Alhendín, un municipio de Granada? La pregunta lleva días sin respuesta cerrada, y la información se ha ido corrigiendo sobre la marcha. La Policía Nacional descarta que el fallecido sea el presunto autor material del atentado contra
Vidal-Quadras, cofundador de Vox y exdirigente del PP. El hombre tenía
42 años y era vecino de la localidad. La investigación continúa tras la pista del cuarto implicado en el asalto al político, y ahí sigue el caso: abierto.
Cuatro disparos de escopeta y un cadáver que no encaja
Las primeras informaciones que circularon hablaban de una
ejecución: cuatro disparos de escopeta, un vecino de Alhendín de 42 años y la sospecha inmediata de que era el hombre al que se buscaba por el atentado. La coincidencia era tentadora, casi demasiado. Un cadáver a tiempo cerraba el círculo y, de paso, dejaba sin testigo al que podía contar quién estaba detrás.
El problema llegó con el desmentido. La Policía Nacional descarta esa hipótesis:
el muerto no es el sicario. Entre medias, el registro de una vivienda en el centro de Lanjarón, en la misma provincia, vinculada a uno de los detenidos por su presunta relación con el atentado. Nada de eso ha cerrado el caso, y la condición de presunto sigue colgada de cada nombre y cada cargo.
El atentado que originó todo
Conviene recordar el punto de partida, porque el ruido lo ha tapado. Vidal-Quadras, cofundador de Vox y exdirigente del PP, sufrió un atentado. La investigación derivó en
tres detenciones entre Málaga y Granada y en la búsqueda de un cuarto implicado que, a la fecha de este relato, no había aparecido. El asalto al político se convirtió en el eje de una madeja con detenidos en dos provincias, registros domiciliarios y una hipótesis internacional que nunca llegó a concretarse.
Cuando se manejan este tipo de asuntos, el relato suele ir varios pasos por delante de la instrucción. Aquí ocurrió al revés: primero apareció el cadáver, después la teoría y, por último, la corrección. Ese orden desordenado explica buena parte de lo que se ha escrito durante días.
Identidad, cámaras y registros: los detalles que no cuadran
El titular inicial situaba al fallecido como varón de origen marroquí; otra versión, atribuida en el hilo a Alvise, hablaba de un francés de origen tunecino. Las dos descripciones no pueden ser ciertas a la vez, y ninguna se ha confirmado oficialmente como la del presunto sicario. La discrepancia no es un detalle menor: marca la distancia entre lo que se sabe y lo que se cuenta.
En paralelo se ha apuntado a un cambio en la orientación de las cámaras de tráfico dos días antes, lo que habría impedido captar a quienes ejecutaron el tiroteo. También circula la versión de que la vivienda en la que residía el fallecido pertenecía a un interventor del PSOE. Son afirmaciones que aparecen en fuentes periodísticas y en comentarios, sin confirmación oficial, y como tales deben leerse:
indicios por verificar, no pruebas.
Irán, falsas banderas y otras hipótesis que nadie ha probado
El vacío de explicación se rellenó con lo de siempre. Que si el Gobierno de Irán podría estar detrás, que si todo fue una operación de bandera falsa, que si los servicios de inteligencia extranjeros, que si el 11M. Ninguna de esas hipótesis cuenta con respaldo probatorio en lo publicado hasta ahora, y varias se apoyan en analogías con casos antiguos: el atentado de Leganés, el asesinato de Kennedy —de cuyo 60 aniversario se cumplía justo entonces— o el piso que voló por los aires.
Un participante del hilo apuntaba un detalle que merece atención: los crímenes atribuidos a una determinada órbita suelen tener un componente de advertencia, se quiere que el disidente sepa quién manda. Si aquí el objetivo era callar al ejecutor, el mensaje cambia de destinatario. Esa tensión —matar para exhibir o matar para tapar— sigue sin resolverse, y no la resuelve ninguna pancarta.
Qué se sabe del fallecido
Poco, y eso es lo relevante. Vecino de Alhendín, 42 años, muerto por disparos de escopeta en circunstancias que la policía no vincula con el atentado contra Vidal-Quadras. Su muerte, en cambio, sí aparece rodeada de las preguntas que recorren el hilo: quién tenía interés en que no hablara, quién tenía acceso a su domicilio y por qué la pista principal se desvaneció tan rápido.
Las respuestas no están en los titulares, están en el sumario.
Con tres detenidos, un cadáver que la policía desvincula del atentado y un cuarto implicado que sigue en paradero desconocido, el caso permanece abierto. Un comentario del debate lo resumía con una frase:
«Los muertos no suelen hablar».