Benelli: la marca italiana que ya solo conserva el nombre
¿Es Benelli tecnología italiana con capital chino o directamente tecnología china con una bandera tricolor en el depósito? La pregunta abre una discusión de más de cien respuestas que arranca con una naked de 300 cc y 38 CV por 4.200 euros y termina, como casi siempre, hablando de Harley-Davidson. La respuesta corta: la marca nació en Pesaro, pero desde 2005 pertenece a un conglomerado chino que también controla Keeway y Geely. Las oficinas siguen en Italia —probablemente en el valle del motor—, pero el desarrollo, la electrónica y la producción son mayoritariamente asiáticos, con alguna licencia antigua de origen japonés.
Qué queda de la Benelli italiana
La historia de la marca es la de un prestigio que se fue desangrando. En los años setenta, la Benelli Sei —la de los seis escapes cromados— competía en el imaginario con las japonesas, aunque quien la conoció de cerca recuerda que tenía bastidor de alambre, motor copiado de la Honda CB 750 con dos cilindros pegados, frenos de risa y una ergonomía capaz de causar contracturas. Molaba mucho, pero corría poco y frenaba menos.
Después llegaron las grandes cilindradas, la café racer, la TNT 1230 y la Tornado, con soluciones peculiares como los ventiladores que atravesaban la moto y acababan en unas hélices en el colín. Aquello dio problemas económicos —componentes top a precio de derribo— y de imagen por fallos mecánicos. La marca murió comercialmente hasta que el capital chino la resucitó.
El precio como argumento y el postventa como problema
El atractivo es evidente: una naked de 300 cc con 38 CV por 4.200 euros, una Leoncino 500 de aire retro y una 125 que declara 1,7 litros a los 100 kilómetros. Hay quien sostiene que ese consumo es inferior al de un scooter y quien recuerda que las Leoncino 250 y 500 han salido buenas motos, con unidades de ocasión a buen precio porque sus dueños las venden al quedarse cortas.
El problema no es el producto, según los análisis más templados, sino la red de asistencia. Las que montan motor de 47 CV ajustado al A2 están más pensadas para el mercado europeo y salen mejor en calidad. El blog de José María Alguersuari aparece como referencia de pruebas de la TRK, la Imperiale y la TNT 125.
La sombra de la copia y el fantasma de la fiabilidad
La acusación de copia sobrevuela el debate: hay quien ve en la Benelli actual una imitación de la MV Agusta Brutale. Y la comparación con BMW no deja bien a la alemana: hay quien sostiene que el motor de 800 cc lo fabrica en China la marca Locin, con resultados irregulares según los índices de fiabilidad, donde BMW queda peor que Ducati. La calidad alemana, sentencia una voz, terminó en los años sesenta.
La corriente dominante, sin embargo, es otra: solo las cuatro japonesas —Honda, Yamaha, Suzuki y Kawasaki— merecen confianza. Quien trabajó en una tienda de motos lo resume con crudeza: las italianas y chinas que vendía eran bombas de relojería electrónicas, y a las chinas había que cambiarles todos los tornillos nada más llegar a casa. El único consuelo es que llevan motores Honda de hace 25 años.
De Benelli a Harley: el giro final
La conversación deriva hacia Harley-Davidson y su marketing: motos anticuadas que no frenan, no amortiguan, van mal en curvas y vibran por estar mal equilibradas, vendidas como carácter. La defensa llega desde dentro: quien lleva más de 40 años en moto y tiene una Fat Boy con motor Twin Cam 88 reconvertido a 95 pulgadas cúbicas sostiene que corre más de lo legal y que disfruta del viaje, no de la velocidad. A 90 por hora, que adelante quien quiera.
Al final, la pregunta inicial sigue sin respuesta limpia. Benelli es una marca italiana con producción china, precios agresivos y una reputación que depende de a quién se le pregunte. Como dice una de las voces más repetidas del sector: cualquier cosa italiana que lleve motor es para huir sin mirar atrás. O no.