Abascal se consagra en Washington ante el 'think tank' de Trump
Santiago Abascal ha aterrizado en Washington para participar en varios actos junto a una delegación de PatriotsEU, y lo ha hecho de la mano de la Heritage Foundation, presidida por Kevin Roberts, una de las organizaciones de mayor influencia en la nueva Administración Trump. El líder de VOX no ha ido solo: le acompaña el eurodiputado Hermann Tertsch, que ha calificado el momento como «trascendental para todo Occidente» y ha celebrado que en España, como en EEUU, caigan «en la derrota y la marginalidad los corruptos, los canallas y los traidores».
La elección del interlocutor no es inocente. La Heritage Foundation impulsó la Doctrina Reagan en Afganistán, Angola, Camboya y Nicaragua, y proveyó asesoría intelectual y apoyo financiero a movimientos anticomunistas de los años 80, incluido el grupo armado Contras en Nicaragua y el movimiento UNITA en Angola. Su fundador, Joseph Coors, declaró ante el Congreso estadounidense haber comprado con 65.000 dólares de su bolsillo un pequeño avión de carga para los Contras mientras oficiaba como asesor gubernamental de Reagan.
Quién es quién en la Heritage Foundation
El historial de la fundación incluye nombres que han circulado entre el 'think tank' y la agencia central de inteligencia estadounidense. Otto Reich, 'Senior Research Fellow' de Heritage mientras era Subsecretario de Asuntos Hemisféricos con George W. Bush, estuvo implicado en la organización de fuerzas contrainsurgentes en América Central y en la gestión del derrocamiento del presidente hondureño Manuel Zelaya en 2009. Bruce Klingner, exdirector adjunto de la División de la CIA para Corea, ejerció como investigador principal para el noreste de Asia en el Centro de Estudios Asiáticos de la fundación.
Ese currículum es, para una parte del análisis, la razón misma de la visita. Se argumenta que Abascal ha acudido a visitar a sus «amos» en dos plataformas conocidas de la inteligencia norteamericana: la propia Heritage y el Instituto Hudson, fundado por Herman Kahn y vinculado a la Rand Corporation y a la Fundación Rockefeller. Otros lo hacen en Moscú, añaden. La tesis del sometimiento recorre buena parte de la conversación: VOX como franquicia local de un proyecto ajeno.
El contexto: ni Macron, ni Trudeau, ni Starmer
La visita se produce en vísperas de la investidura de Trump, prevista para el 20 de enero, que se celebrará a puerta cerrada, oficialmente por el frío extremo que se espera ese día, como ya ocurrió en una de las tomas de posesión de Reagan. La ausencia de Pedro Sánchez de la lista de invitados ha sido leída por unos como una humillación deliberada y por otros como la consecuencia lógica de una costumbre diplomática: acuden los representantes diplomáticos y las invitaciones a mandatarios son extraordinarias y discrecionales del presidente entrante.
No están invitados Macron, Trudeau, Starmer ni Scholz. Tampoco ningún mandatario que no sea directamente afín, salvo Xi Jinping, que según las informaciones disponibles no acudirá. Es decir, el club de los invitados es pequeño y selectivo, y Abascal ha conseguido una silla. La pregunta que sobrevuela es qué devuelve a cambio.
La incógnita del precio a pagar
Aquí el análisis se bifurca. Una corriente sostiene que Abascal debe repetir la jugada de Franco: estar con el Imperio sin ser el perrito faldero, navegar entre tener calmado al socio en decadencia y mantener políticas de crecimiento propias, usando a Trump y sus nuevos medios para desgastar al PSOE y controlar al PP. Otra corriente, más escéptica, recuerda que los fundadores de los partidos suelen ser desplazados por la segunda ola, y que Abascal es el superviviente de la primera.
El optimismo sobre el cambio de ciclo global también tiene su versión fuerte: se sostiene que las oligarquías han visto las orejas al lobo con China y con el resultado de la guerra de Ucrania, y que el giro anti-'woke' es una reacción defensiva, no una victoria. La versión débil simplemente apunta que el mundo cambia despacio y que confundir un acto en Washington con una reconfiguración global es exagerar.
El detalle que descoloca: mientras la delegación posaba con Roberts, la conversación derivaba hacia el sionismo, la Fundación Rockefeller y los entresijos del complejo militar-industrial. Nadie ha explicado todavía qué concesiones concretas trae Abascal de vuelta a Madrid. Y con estos mimbres, la predicción más honesta es que la consagración se celebre mucho antes en Washington que en España.