El aprobado de una oposición ya pesa más que un buen currículum
¿Qué ocurre cuando los que siempre fueron los últimos del grupo empiezan a aprobar oposiciones? Que pasan a ser los triunfadores, y el que presume de carrera en la privada se queda mirando.
Un número récord de plazas de funcionario ha reorganizado el escalafón de prestigio en muchos círculos: quien llevaba años alternando paro y trabajos temporales saca plaza, y quien tiene un empleo estable en la empresa privada asiste al espectáculo con una mezcla de asombro y rabia. El diagnóstico que más se repite es incómodo: el talento importa poco, solo cuenta tener suerte con los temas que caigan en el examen.
¿Por qué aprobar una oposición reordena el prestigio dentro del grupo?
El golpe más duro lo recibe quien ya estaba dentro. Un funcionario del grupo A2 con años de antigüedad resume el malestar como algo
humillante: ver cómo alguien a quien consideraba el menos capacitado del grupo saca la misma plaza y, encima, cobra más por el destino que le toca. La frase ordena el nuevo mapa social. La plaza iguala a quien antes iba por delante y por detrás. Y aparece una conclusión que nadie esperaba: puede que los señalados como poco espabilados nunca lo fueran, y que quien se creía listo por trabajar en la privada simplemente eligió peor el terreno de juego.
¿Cuánto se cobra de verdad por una plaza pública?
El primer mito que cae es el del sueldazo. En el tramo administrativo las cifras que se manejan van de
1.500 a 1.800 euros netos al mes, parecido a lo que gana una cajera de supermercado, con la estabilidad y el horario como gran diferencial. Un profesor de secundaria arranca en torno a
2.000 euros netos por unas 20 horas de clase semanales; un profesor universitario con años de casa ronda los 3.000, la misma cifra que en Francia. Hay quien sostiene que los números se maquillan por interés: unos exageran hacia arriba y otros callan el complemento. La jornada también entra en el cálculo. En algunas oficinas de ayuntamiento se describe un horario de verano de 10 a 13, con la primera persona encargada de atender al público entrando a las 10:15.
La hipoteca: el funcionario como aval que exige el banco
Donde más se nota el cambio de estatus es en la ventanilla.
Dos conocidos con 50.000 y 75.000 euros de ahorros acudieron a pedir financiación y la primera pregunta fue si eran funcionarios. Al decir que no, la conversación se torció; a uno, autónomo, le recibieron con una carcajada que describen como sonora, de las que escucha toda la sucursal, y que él mismo vivió como una humillación. El episodio ilustra una lógica que se comenta cada vez más: la nómina pública funciona como garantía que la privada ya no ofrece. En el extremo opuesto está quien aún no ha tomado posesión de su plaza y ya habla de hipotecarse hasta las cejas y de comprarse un
Tesla Model 3.
¿Es el examen una lotería de temas?
El método está en cuestión. Hay quien se pregunta para qué sirve memorizar tochos si casi todo está a un par de clics, y la respuesta que se da es que la habilidad real no es retener, sino saber en qué manual está el dato para ir a tiro fijo. La comparación con el predicador que no se sabe la Biblia pero cita el versículo exacto en el momento justo resume esa tesis. En las oposiciones policiales, se argumenta, los psicotécnicos miden capacidad de loro y no el temple para enfrentarse a la delincuencia o el aguante ante la frustración, que es lo que de verdad aparece en el trabajo. La contratesis también circula: el estudiante que suspendía bachillerato y al que llamaban negado puede ser el mejor cuando algo le motiva de verdad.
Francia, Argentina y el espejo internacional
La comparación con otros países da munición a los dos bandos. En Francia, se sostiene, un profesor universitario con años de trabajo cobra lo mismo que en España, unos
3.000 euros, pero el resto de los empleos están mejor pagados; de ahí que nadie pelee por entrar en lo público y cueste cubrir plazas docentes, mientras aquí se paga una morterada por el máster habilitante. La productividad francesa se sitúa un 50% por encima de la española, lo que para unos desmonta el relato de la eficiencia pública. En Argentina, según la comparación que circula, se cobra más en lo público que en lo privado. Y se recuerda el caso griego: tras los recortes, quien conservó su plaza siguió siendo un privilegiado.
El consuelo del que madruga en la privada
Queda un consuelo para quien trabaja en la empresa privada: sabe trabajar más y mejor, o eso dice. El problema es que esa virtud no cotiza en la ventanilla del banco ni garantiza nada a los cincuenta. La plaza, mientras tanto, ya está cogida. La suerte, dicen, consiste en tener suerte. Y eso no se estudia.