Yana Rykhlitska, el 'ángel de Bajmut': una baja que reabre el pulso del relato
La muerte de Yana Rykhlitska, voluntaria ucraniana conocida como el
ángel de Bajmut, ha reabierto una pregunta incómoda: qué convierte una baja en noticia y qué convierte a decenas de miles en una cifra que nadie discute. La noticia, recogida por
El Mundo, llegó en plena batalla por Bajmut y tardó poco en dejar de ser un duelo para convertirse en munición de otro frente, el del relato.
El primer desacuerdo no es geopolítico, sino de encuadre. Hay quien lee el caso como prueba de que las mujeres ucranianas también están en el frente y no todas se marcharon a Polonia, Alemania o España. Y hay quien duda de que fuera una combatiente de primera línea y la sitúa en enfermería, transporte o logística. De esa diferencia sale todo lo demás.
¿Quién era Yana Rykhlitska y por qué se ha hecho noticia?
Aparece en las crónicas como voluntaria fallecida en zona de guerra, con el apelativo de ángel por su labor de apoyo. Ese matiz —voluntaria, no necesariamente soldado de asalto— es justo el que enciende la discusión. El argumento de quienes reivindican su figura es directo:
su muerte contradice el relato de que todas las ucranianas de su generación habían huido del país.
La objeción llega desde el otro lado. Se sostiene que enfermería y logística son las funciones mayoritarias entre las mujeres desplegadas, y que presentarlas como tropa de choque responde más a la necesidad de símbolos que a la composición real de las unidades. Eso no rebaja el riesgo: quien está en una zona de guerra, sea con un fusil o con una camilla, está en una zona de guerra.
La diferencia es de relato, no de peligro.Las cifras de bajas: 25.000 frente a 150.000
Aquí el asunto deja de ser simbólico. Las cifras que se cruzan son tan dispares que permiten defender casi cualquier tesis.
Una de las estimaciones que circula sitúa los muertos rusos entre 25.000 y 40.000, y los ucranianos por encima de los 150.000. La lectura opuesta sostiene justo lo contrario: un ejército ucraniano que nunca bajó de medio millón de efectivos frente a una fuerza rusa que no llegaba a la mitad, y que por eso habría tenido que tirar de reservistas.
El detalle de los reservistas se usa como prueba de desgaste: quien convoca refuerzos es porque necesita reemplazos, no porque vaya ganando. La réplica es que la movilización también responde a la ampliación del frente y a la rotación de unidades. Sin partes auditables, las dos lecturas caben.
El problema es el de siempre: ninguna de las partes publica sus recuentos de bajas con la frecuencia necesaria para verificar el goteo diario. La táctica que describe un militar ucraniano —enviar un pelotón para obligar al defensor a revelarse y batir después su posición con artillería— se usa para argumentar en direcciones opuestas. Unos ven oleadas humanas; otros, una proporción de bajas que no cuadra con las cifras que se manejan. Aparece incluso el nombre de un exoficial de inteligencia estadounidense cuya credibilidad se discute, y un episodio que nadie rebate:
el derribo del vuelo MH-17 de Malaysia Airlines, con 298 muertos, convertido en vara de medir para juzgar la fiabilidad de cada versión.
¿Están las mujeres ucranianas en primera línea?
La pregunta tiene más de interrogatorio que de curiosidad. Una parte apunta que el material audiovisual que circula —mujeres uniformadas con equipamiento antitanque, imágenes de reclutamiento cuidadas— funciona como anzuelo para captar voluntarios, y que
hay vídeos de supuestas combatientes que después se revelaron como publicidad, con las protagonistas vivas y dedicadas a labores humanitarias. Otra parte responde con la etimología: en ucraniano, enfermera se dice
medsestra, hermana, y las primeras enfermeras de guerra se remontan a la Guerra de Crimea.
El detalle del maquillaje —la idea de que las combatientes más visibles aparecen siempre arregladas— se usa a la vez como reclamo y como prueba de que la puesta en escena pesa más que la instrucción. Nadie aporta cifras concretas de cuántas mujeres ocupan posiciones de combate. Mientras tanto, la escena del reclutamiento forzoso, con retenciones en la calle para llevar gente al frente, se atribuye indistintamente a un bando y a otro según quién cuente el vídeo.
Bajmut, Soledar y Mariúpol: la línea que se mueve
La geografía del frente funciona como termómetro de las expectativas. Se reprocha a una parte que haya ido desplazando el objetivo:
primero Mariúpol, después Soledar, ahora Bajmut, cada vez que el anterior dejaba de servir al guion. Enfrente, la respuesta es que el guion nunca fue ese: se sostiene que la capital se dio por controlada en tres días y que una orden exterior impidió la rendición, tesis que la otra parte califica de fábula sin fuente.
En medio, episodios que se usan como munición de baja intensidad. Circuló la versión, atribuida a fuentes de inteligencia británicas, de que algunas bajas se producían a golpe de pala, y el detalle sirvió menos para informar que para ridiculizar el relato oficial.
Un tuit con más recorrido que cualquier parte de guerra.El símbolo como producto
Quien sostiene que la noticia responde a una estrategia lo explica sin rodeos: los Estados no hacen homenajes, hacen selección de símbolos.
Se destacan unas pocas muertes, de hombres y de mujeres, porque hay que vender coraje y no tragedia. Los panteones de héroes existen en todos los ejércitos, y el ucraniano no es una excepción.
El análisis se atasca exactamente aquí. Nadie discute que Yana Rykhlitska murió en una zona de guerra. Lo que no se puede verificar, con los datos disponibles, es si su caso resume una pauta o es la excepción que confirma otra. Y sin recuentos auditables, la discusión seguirá decidiéndose por lo que cada uno ya creía antes de leerla.