La gasolina roza los 2 euros y las colas llegan al bajo coste
¿A qué precio deja el conductor español de coger el coche? Ahora mismo la respuesta tiene tres cifras: la gasolina 95 a
1,82 euros el litro, la súper 98 en
2 euros y el gasóleo de bajo coste en
1,45, mientras en las estaciones de bandera el
diésel se despacha a 1,70. Ninguna administración ha convertido el surtidor en asunto central de su discurso, se quejan varios participantes. El surtidor, en cambio, se ha convertido en el indicador económico que todos miran.
¿Cuánto cuesta hoy llenar el depósito?
Un repostaje de más de sesenta litros se ha cerrado en
112 euros. A partir de ahí, el único margen del conductor es la estación: la horquilla entre la cadena de bajo coste y la de bandera llega a los
25 céntimos por litro en el gasóleo. Y no en todas partes existe esa opción. En la provincia de Barcelona el gasóleo por debajo de 1,50 se ha vuelto casi imposible, mientras en Castilla y León todavía aparece gasolina 95 a
1,53 en cadenas de bajo coste. El mismo depósito cuesta distinto según el código postal, y con millones de desplazamientos de por medio eso deja de ser una curiosidad.
¿Por qué la gasolina sube rápido y baja despacio?
El mecanismo no admite mucha discusión: si el crudo sube a lo largo del día, esa subida ya está en el surtidor a medianoche; si baja, tarda varios días en trasladarse. El movimiento debería ser simétrico. No lo es. Y por debajo del precio late la carga fiscal: quitando impuestos, un litro que se paga a 1,80 quedaría por debajo del euro, según el cálculo que manejan los propios conductores.
En el plano político, hay quien sostiene que antes de las elecciones el precio permaneció congelado y que en las dos semanas siguientes el litro subió hasta
15 céntimos. La acusación no pasa de sospecha y conviene leerla como tal, pero se repite con insistencia.
El diésel de bajo coste y las colas que antes no existían
En enero de 2021 ir a una gasolinera de bajo coste era cosa de minorías: no había colas a ninguna hora. Con el conflicto en Ucrania la escena se dio la vuelta y ahora lo raro es llegar y encontrar surtidor libre. La subvención de
20 céntimos por litro quedó como referencia de hasta dónde puede bajar un precio por decreto; después recuperó todo el terreno cedido y algo más. De paso, la etiqueta de la marca blanca dejó de dar apuro: hay quien reconoce haber pasado de la marca de siempre a la de bajo coste sin complejos.
El IPC que no cuadra con el recibo del carburante
Una parte de los conductores no acepta el relato de la moderación de precios: sostiene que la inflación solo sabe bajar en las estadísticas mientras la cesta de la compra y el depósito marcan otra cosa. Es una lectura que no se puede contrastar en el surtidor, donde el dato se comprueba a mano cada semana. El instituto estadístico aparece como referencia obligada y, para ese sector, como parte del problema.
¿Compensa el coche eléctrico?
La aritmética optimista existe: cargar los fines de semana, con la luz a 3 céntimos, sale a
50 céntimos por cada 100 kilómetros. El cálculo completo, con la amortización de un vehículo que sigue siendo caro, cambia bastante la conclusión y suele terminar en la factura de la batería. En viajes largos la brecha se agranda: cruzar España de una tirada con dos paradas cortas frente a desviarse a buscar cargador y esperar 45 minutos. Hay además quien apunta que en Alemania se ha restringido la carga en determinadas horas porque la red no lo soporta; el dato circula sin confirmación oficial y así conviene leerlo.
España frente a Europa: más barata que Holanda, más cara que Austria
El mapa europeo de precios sirve para calmar y para irritar a partes iguales. En los Balcanes se ha repostado a
1,40 euros; en Holanda, a
2,20; en Francia, a 1,90, cifra que a los conductores de vuelta les pareció barata de puro contraste. Austria sale más barata que España. La conclusión no es que aquí se pague mal: es que se paga sin margen político para bajar nada, porque el margen se decide en otra parte.
Queda el metro, el scooter de 125 y el vecino con quien compartes viaje.
El único que ha hecho un buen negocio con todo esto es el que vendió el coche y cambió el surtidor por un abono de transporte. Los demás seguimos eligiendo gasolinera como quien reza: sin saber muy bien a quién.