La porra necrológica que convierte obituarios en quiniela anual
Cinco nombres, doce meses de plazo y una exigencia que obliga a certificar cada apuesta al menos 48 horas antes de que se conozca el desenlace. Con ese armazón se juega la Necroporra 2024, una competición de pronósticos que reparte una
CALAVERA DE ORO —«no será regalada ni robada», dicen sus reglas, con la vista puesta en los balones de oro— entre quienes más aciertos sumen entre el
1 de enero y el 31 de diciembre. El premio es simbólico, y sin embargo cada fallecimiento de una figura pública reabre la misma discusión: si acertar era mérito o simple aritmética de la edad.
Cómo funciona: cinco nombres, cero ediciones y un marcador público
El reglamento es corto. Cada apuesta son
cinco nombres; quien ponga más queda fuera de un plumazo, con aviso sin cortesía incluido para los que no saben contar. Los textos editados se anulan y cambiar de idea obliga a borrar y publicar de nuevo. El cómputo arranca el 1 de enero de 2024 y termina el 31 de diciembre, y el marcador se hace público con un icono de féretro por acierto.
El recuento que encabeza el hilo repartía
dos aciertos al líder y uno a una docena de apuestas. No es un detalle menor: confirma que el grueso del juego se decide en los últimos meses. En agosto, con medio año por delante, un concursante seguía sin acertar: cero de cinco. El que aguanta, gana.
¿Por qué se discute poner una edad mínima a los candidatos?
La crítica más repetida apunta a un atajo evidente: elegir a los más ancianos y con peor
salud conocida convierte el ejercicio en una tabla de esperanza de vida. «Es más fácil acertar cogiendo las fechas de peña y eligiendo los más ancianos y que estén cascados. No tiene mérito», resume uno de los participantes. La propuesta que más apoyo recoge es limitar las listas a personas menores de 70 o 75 años sin enfermedades terminales conocidas, de modo que la puntería demuestre algo distinto de la biología.
El argumento contrario es demográfico. Por debajo de esas edades la muerte natural es anecdótica, así que un filtro joven vaciaría las candidaturas y forzaría a apostar por sucesos improbables. De ahí las fórmulas mixtas que se han puesto encima de la mesa: una liga de mayores de 90 años, una segunda franja entre 80 y 90 y un tramo azul para los candidatos por debajo de 80.
Delon, Muñoz y el empujón de final de año
Los aciertos llegaron repartidos. A lo largo de 2024 entraron en el recuento nombres como el del actor francés
Alain Delon y el del exalcalde
Julián Muñoz, ambos convertidos en candidatos habituales de estas listas. También hubo un «bingo» celebrado en Perú, prueba de que el juego no se limita a rostros conocidos de la política española.
El caso más comentado fue el del expresidente estadounidense
Jimmy Carter. En agosto ya se daba por hecho que estaba «llegando al final», citando una breve actualización de un familiar; meses después, su fallecimiento se anotó en el marcador para quienes lo llevaban apuntado. «El que lo lleve que vaya apuntándose el tanto», zanjó uno de los concursantes. Al cierre del año, un mismo participante acumulaba
tres aciertos y encabezaba el recuento.
¿Cómo se persigue la trampa en un juego de información pública?
El comisario del juego recordó la regla de las 48 horas a raíz de un episodio incómodo: una apuesta registrada cuando la noticia del fallecimiento llevaba horas publicada, con enlace a un medio internacional de por medio. Desde entonces se comprueba la hora de cada entrada y se descartan las que llegan tarde. También se anulan las apuestas múltiples de quien publica varias listas y luego borra las fallidas.
El problema de fondo es que la información de salud de las figuras públicas circula antes de que llegue el desenlace. Si el diagnóstico trasciende, la ventaja ya no está en la intuición, sino en leer la prensa con atención. De ahí la propuesta de extender ese plazo de 48 horas también a los casos de enfermedad terminal anunciada, para que nadie compita con la ventaja del que ya ha leído el parte médico. Es la línea más fina del reglamento: distinguir entre adivinar y enterarse.
Qué nombres se repiten en las listas
Las candidaturas convergen sin sorpresa: figuras longevas, mandatarios veteranos y personajes con problemas de salud de dominio público. El papa Francisco, el rey Juan Carlos o Bruce Willis aparecen una y otra vez, y el resultado es una paradoja conocida: cuanto más obvio es el candidato, menos valor tiene acertarlo. Contra los que llegan tarde hay un recordatorio clásico, el nombre de una actriz fallecida antes de que arrancara el plazo.
Qué reglas se discuten para 2025
El siguiente paso ya está sobre la mesa: abrir la edición de 2025 con un mínimo de edad y un filtro sanitario que evite las apuestas sobre enfermos conocidos. Hay quien pide vetar a cualquiera por debajo de los 70 años y quien avisa de que así el juego se queda sin tinta. Nadie ha encontrado todavía la fórmula que separe la puntería del dato que ya estaba en los periódicos.
Con el marcador cerrado y la calavera dorada con dueño, la pregunta sigue abierta: ¿se puede llamar mérito a pronosticar la muerte de un nonagenario?