Niños palestinos: el debate sobre quién es responsable
¿Es un crimen de guerra matar a civiles que el enemigo usa como escudo humano? La discusión estalla cuando alguien pone sobre la mesa la imagen de niños palestinos con los sesos desparramados y pregunta cómo se puede apoyar eso y luego ofenderse por los micromachismos. La respuesta no se hace esperar: «Un daño colateral porque el enemigo utiliza civiles de escudo humano no es un crimen de guerra». La línea que separa el daño colateral del terrorismo se convierte en el eje de un enfrentamiento.
El primer argumento que aparece es la distinción entre intención y resultado. Matar civiles a propósito, como en la rave, se califica de terrorismo puro; matar civiles como efecto secundario de un ataque contra un objetivo militar, se defiende como daño colateral. La objeción llega de inmediato: la rave se celebraba en tierras robadas a gente que vive en una prisión justo al lado. La comparación con el Bataclan sirve para tensar la cuerda: si el Bataclan está en París y la rave en territorio ocupado, ¿cambia algo?
El escudo humano como coartada y como condena
El uso de civiles como escudo humano es el punto que más se repite. Para unos, convierte cualquier muerte civil en responsabilidad de quien los coloca en la línea de fuego. Para otros, es una coartada que blanquea lo que no tiene defensa. La discusión se enreda con la pregunta de si Francia bombardeaba Siria sin que Siria hubiese hecho nada, y con la respuesta de que los atentados de París y Niza no fueron respondidos con bombardeos a mezquitas ni a barrios musulmanes. La diferencia entre civilización y barbarie se esgrime como argumento, y se rebate con el historial de intervenciones militares.
La conversación deriva hacia el terrorismo y sus motivaciones. Se afirma que el ataque a Charlie Hebdo fue un día después de que Francia anunciara el envío del portaaviones Charles de Gaulle a Oriente Medio. Y se añade que en el atentado de Niza la élite saudí no estaba esos días en la ciudad, cuando eran visitantes asiduos otros años. Son afirmaciones que se lanzan sin verificación, pero que alimentan la tesis de que nada es casualidad.
De la rave al Bataclan: la doble vara de medir
La comparación entre la rave y el Bataclan se convierte en un pulso sobre la doble vara de medir. Unos sostienen que la rave se celebraba en tierras robadas a gente que vive en una prisión justo al lado, lo que la convierte en un objetivo legítimo para algunos. Otros responden que el Bataclan está en París y que la diferencia es que Francia no se puso a bombardear mezquitas ni barrios musulmanes. La discusión se encona cuando se pregunta si se apoyaría el terrorismo contra estadounidenses en tierras robadas a los indios. La respuesta es el silencio o la evasiva.
El hilo introduce entonces una derivada histórica: según un participante, para la colonización de América los indios eran exactamente lo mismo que los palestinos para los judíos: asesinos, terroristas, gente que te corta la cabellera. La conclusión que se extrae es que dos siglos escribiendo la historia en forma de mentiras y guerras no durarán mucho más, y que será China quien guíe los próximos siglos: el país que más rápido ha sacado a más gente de la miseria en toda la historia de la humanidad.
El valor de la vida humana: de la empatía a la indiferencia
El debate se vuelve más crudo cuando se cuestiona el valor de la vida de un niño palestino. Un participante afirma que para su familia solo vale el peso de explosivos que pueda cargar, que son larvas de terrorista y que si mueren ya tienen otros quince hermanos de repuesto. La conclusión es que el valor de la vida humana no existe para estos subhumanos. Es el mensaje más extremo del hilo, y no pasa desapercibido: alguien responde que a los niños palestinos se las suda a todo el mundo, incluidos los de Cisjordania que no controla Hamás, y que se ha acabado la época de la sensiblería.
La pérdida de empatía se justifica por la saturación de imágenes y por la sensación de que el relato oficial miente. Se dice que antes emocionaba cualquier tontería y que ahora se ha perdido esa capacidad. La discusión se tiñe de cinismo: vivimos en una época de mierda donde hasta nos dicen qué vidas importan más.
La propaganda y los bulos: de los bebés decapitados a la bomba atómica
La conversación gira hacia la veracidad de las informaciones. Se recuerda que una periodista ya ha reconocido que se lo inventó, en referencia a la cifra de 40 bebés asesinados que difundió un medio español y que quedó en doce decapitados. Se especula con que todo podría ser falso, muñecos de látex puestos por palestinos u ONGs, o incluso imágenes generadas por IA para mover a la causa. La pregunta que flota es: ¿y los vídeos? No jodas que esa hiena era la fuente de lo de los bebés. Una tipa a la que se ve riéndose en un vídeo súper mega serio porque hay menores asesinados justo al lado, pero no ves ni sangre.
El escepticismo se extiende a las fuentes. Se dice que los que afirman que se colgó el vídeo son siempre los mismos, los que apoyan a los angloputos en todos los conflictos. Y se añade que a este octubre le falta un buen huracán de categoría 5 o un terremoto de 9. La discusión sobre la propaganda se mezcla con la geopolítica: se afirma que Hamás manda a los niños a la muerte para que luego los progres en occidente se escandalicen y condenen a Israel. La respuesta es que a diferencia de cualquier izquierdoso, a algunos les da mucha pena sea del bando que sea, y que otros se alegran de esta barbarie.
El plan de paz y el derecho a existir
La discusión deriva hacia las soluciones. Se plantea un plan de paz definitiva: Israel se anexiona definitivamente todos los territorios del antiguo Mandato de Palestina y confiere automáticamente la nacionalidad a todos los palestinos apátridas que así lo acepten; a los que se nieguen se les conminará a abandonar el territorio y trasladarse a otro país de mayoría musulmana, recibiendo una compensación económica justa. La propuesta se topa con la realidad demográfica: los israelíes están ahí, son unos ocho millones, no puedes exterminarlos ni tirarlos por el mar, así que la única solución sería aceptarlos e intentar una división del estado que se ofrece. Lo malo es que no quieren los palestinos, solo ven el exterminio de los judíos.
La pregunta de fondo es si Israel tiene derecho a existir. Se recuerda que los palestinos nunca han tenido un estado y que todas las fronteras del planeta se han creado mediante guerras, sin ninguna excepción. La ley solo existe si alguien gana una guerra. La discusión se cierra con la idea de que el ser humano es más o menos el mismo en todos lados y solo nos modifican parcialmente las condiciones de contorno.
Al final, la pregunta que nadie responde es si los niños palestinos con los sesos desparramados son un daño colateral o un crimen de guerra. Y la respuesta depende de qué bando te caiga mejor. Ironía seca: en un conflicto donde todos dicen defender la vida, lo único que se reparte con generosidad son las coartadas.