Leonor en el Elcano: la versión oficial y los papeles que no cuadran
La princesa Leonor cerró su paso por la Armada Española con todos los honores. El relato oficial habla de una formación impecable, de una guardiamarina más entre iguales, de exigencia sin excepciones. La letra pequeña, en cambio, cuenta otra cosa. Según las filtraciones que han circulado por medios críticos con la Casa Real, ese cierre habría estado lejos de ser ejemplar:
dos suspensos en materias técnicas que habrían sido eliminados del expediente, al menos una falta por indisciplina retirada del sistema y un rendimiento físico que, siempre según esas mismas fuentes, habría quedado por debajo del de sus compañeros.
El patrón, dicen, se repite centro a centro: Zaragoza, Marín, Elcano y Blas de Lezo. Trato de favor, posiciones de honor y ausencia de exigencia real. Todo orquestado, sostienen, para proyectar la imagen de una heredera competente y preparada. La pregunta incómoda no es si la princesa es lista o no. La pregunta incómoda es quién firma las órdenes que borran un suspenso.
Qué dicen las filtraciones sobre los suspensos y la disciplina
El núcleo del asunto está en los papeles. Según los testimonios recogidos, Leonor habría recibido
dos suspensos en materias técnicas durante su formación militar. Ambos habrían desaparecido del expediente por órdenes no escritas de altos mandos. A eso se suma al menos una falta por indisciplina que también habría sido retirada para no dañar su imagen pública.
La frase que más se repite en esos relatos es la de un cadete que, en privado, lo resume así: hay pruebas físicas que no habría completado, ejercicios que se repiten hasta el cansancio para todos menos para ella. No es una acusación de incompetencia. Es una acusación de doble rasero.
El ambiente a bordo, siempre según esas versiones, habría sido tenso tanto en el
Elcano como en el
Blas de Lezo. Muchos compañeros tendrían la sensación de asistir a una ficción militar: una carrera construida más por apellido que por mérito. Y aun así, silencio. Hablar puede traer represalias, y nadie quiere enfrentarse a la Casa Real ni al alto mando.
Las instrucciones que los instructores habrían recibido
El eslabón más delicado de la cadena no son los alumnos. Son los instructores. Según varios testimonios, en reuniones internas se habrían escuchado consignas del tipo «evita anotaciones negativas», «no pongas suspensos» o «facilítale el paso». Frases que, de ser ciertas, convierten al instructor en cómplice y al expediente en propaganda.
Hay un detalle que encaja con ese cuadro: antes de ingresar en la Academia Militar de Zaragoza o en la Escuela Naval de Marín se le habría recomendado ponerse en forma. No lo habría hecho. Se le repitió antes de subir al
Elcano. Tampoco. Un oficial lo resume con una frase que duele: no es una cuestión de inteligencia, sino de actitud. Se esfuerza más en lo protocolario; lo físico no es lo suyo.
Mientras tanto, todo se prepara para que reciba las máximas distinciones. Aunque, según esas mismas fuentes, su rendimiento físico haya sido el más bajo del grupo. Ahí está el nudo: el reconocimiento se entrega igual, y eso es precisamente lo que erosiona la institución que dice proteger.
El precedente familiar que nadie quiere recordar
El argumento más repetido en defensa del trato especial es que un futuro jefe del Estado no puede formarse exactamente como los demás. Que necesita más años, más trabajo y otro tipo de preparación. Es una tesis defendible. El problema es que choca con la petición explícita de sus padres: que se la tratara como una más. Si eso se pidió formalmente, la pantomima empieza ahí.
Y hay memoria histórica del asunto. Un ex coronel ha sostenido que con su abuelo pasó algo parecido. Y circula el relato de un profesor que suspendió a Felipe VI en su etapa de instrucción y al que sus superiores habrían pedido que revisara el examen las veces necesarias hasta que saliera el aprobado. La anécdota, cierta o no, funciona como marco: el problema no es de esta generación, es estructural.
Por qué solo lo publican medios críticos con la Casa Real
Aquí aparece el segundo frente, tan interesante como el primero: el silencio. La mayoría de los grandes medios no habría tocado el asunto. Solo lo han recogido publicaciones críticas con la institución, entre ellas
ElNacional.cat, y portales especializados en la Casa Real. Eso alimenta dos lecturas opuestas.
La primera: hay censura blanda, autocensura o simple comodidad. La segunda: la información no tiene pruebas y por eso no se publica en medios con servicios jurídicos. Las filtraciones se apoyan en fuentes internas anónimas, en testimonios sin nombre y en documentos que nadie ha exhibido. El condicional —«habría», «según las fuentes»— es la única forma honesta de contarlo.
Ahí está el problema de credibilidad. Si la información fuera falsa, una querella de la Casa Real sería demoledora para el medio que la publica. Si fuera cierta, el escándalo no sería el expediente de una alumna: sería la cadena de mando que decidió manipularlo.
El trato de favor como norma, no como excepción
Hay una corriente de análisis que va más allá del caso concreto y sostiene que el problema no es la princesa, sino el sistema que la rodea. En el Ejército, se argumenta, las mujeres ya reciben un trato diferenciado en muchos destinos. Que aquí sea la heredera solo lo hace más visible.
Otra corriente responde con un argumento distinto: si no ha aprobado un concurso-oposición, si solo estará tres años y va a salir primera de promoción ganando varias veces más que sus compañeros, el trato de favor empieza antes de subir al barco. No es una crítica a ella, añaden. Es la constatación de que no es militar ni lo será, y que pedir «trato igual» cuando el punto de partida ya es otro suena a broma.
Con estos mimbres, lo previsible es que el asunto se apague sin resolución: sin querella, sin expediente público y sin desmentido detallado. La institución seguirá entregando distinciones y los medios críticos seguirán publicando filtraciones. Lo que no habrá, casi seguro, es una auditoría independiente de ese expediente. Y sin ella, la duda se queda instalada.