El Spiderman que ya no trabaja: adiós al héroe obrero
La paradoja es perfecta: el superhéroe que edificó su mito sobre el alquiler impagado y el empleo de fotógrafo freelance ha sido convertido en el becario de un multimillonario. Peter Parker era la contrafigura del superhéroe todopoderoso: vivía en Queens, vendía fotos al Daily Bugle y llegaba tarde a su turno por salvar Nueva York. Esa precariedad no era un decorado, era el motor del personaje.
Esa identidad se ha esfumado. El Spiderman de Tom Holland, apadrinado por Tony Stark desde su primera aparición, viste mallas de diseño, no trabaja, no estudia ni apunta problemas de caja. La sintonía entre el héroe y su público se sustentaba en que cualquiera podía reconocerse en sus apuros. Convertido en discípulo de Iron Man, el arácnido ha perdido su anclaje.
¿Batman come el terreno a Spiderman?
No es solo nostalgia. Algunos análisis fechan el cenit del arácnido en los años 80, antes de que la franquicia de Batman le comiera la tostada en cómics y en pantalla. Las tres películas de Tobey Maguire son el espejo en el que muchos miden al personaje: un Peter Parker transparente, con facturas que pagar y aventuras a ras de suelo.
El multiverso como excusa
La respuesta fácil es el multiverso: cada Spiderman pertenece a un universo distinto, con sus propias reglas, así que no hay contradicción. Es cierto hasta cierto punto. Pero la discusión de fondo no es la coherencia del canon, sino qué entendemos por Spiderman. Si el héroe no necesita trabajar, el mensaje que envía ya no es el del esfuerzo, sino el del padrino.
Resta una pregunta incómoda: con un Peter Parker sin problemas de dinero, ¿quién le paga las mallas? ¿Y quién se identifica con un superhéroe que ya no tiene que llegar a fin de mes?