Australia: 28 millones de habitantes en 7,6 millones de km²
Australia tiene 28 millones de habitantes. Menos que el Benelux. Y de extremo a extremo equivale a la distancia entre Sevilla y San Petersburgo. Con esos dos datos sobre la mesa, cualquier conversación sobre tamaño, población y potencial económico se desmonta sola. El país que ocupa 7,6 millones de kilómetros cuadrados —casi 15 veces España— no ha llenado su territorio ni con la fiebre del oro, ni con dos siglos de inmigración masiva, ni con la promesa de energía barata. La pregunta no es si es grande. Es por qué eso no ha bastado.
Cuánto territorio es Australia y cuánta población tiene
La extensión es de 7,6 millones de kilómetros cuadrados, pero la mayor parte es desierto o tierra de baja calidad agrícola. Hay quien sostiene que ni con energía gratis para irrigar se arregla, porque el problema no es el agua: es el suelo. Otros matizan que, excluyendo el desierto y los territorios del norte, sí queda mucha tierra fértil. Australia es el quinto mayor productor de trigo del mundo y el segundo exportador, segundo productor de cebada, segundo de almendras —superó a España hace no mucho—, segundo de lana y quinto exportador de vino. No es un erial. Es un país con un 1% de territorio productivo y un 99% que no lo es.
Por qué Australia no crece en población
La población se concentra en las costas. El interior está vacío. No por falta de recursos, sino por falta de incentivos para habitarlo. La minería ha sostenido la economía con poca población, pero ese modelo tiene un techo: no genera empleo masivo ni demanda interna. Hay quien argumenta que el país controla deliberadamente la entrada de inmigrantes porque sus habitantes prefieren vivir bien y no hacinados. Es una decisión política, no una fatalidad geográfica. El resultado es un país rico en recursos, con una calidad de vida alta y una dependencia estructural de la exportación de materias primas que no se ha traducido en crecimiento demográfico.
El mito del desierto: fauna, clima y relato cultural
La conversación deriva hacia la fauna. Australia tiene fama de albergar criaturas venenosas en cada esquina: arañas, serpientes, cocodrilos, tiburones, ornitorrincos con espolón venenoso, koalas con clamidia, canguros que pueden abrir una herida a coces. Es un relato que se repite, pero que no explica nada del modelo económico. El clima extremo y la fauna peligrosa son parte de la identidad del país, no la causa de su demografía. La causa es más prosaica: el 99% del territorio no es habitable sin una inversión que nadie ha querido hacer.
Ned Kelly y la frontera olvidada de Australia
La historia australiana tiene su propio Salvaje Oeste. En el siglo XIX, los bushrangers —bandoleros al estilo de Billy el Niño o Jesse James— operaban en el interior. Ned Kelly es el mito nacional: una pandilla que fabricó armaduras antibalas con planchas de acero. El invento funcionó, pero el peso las hacía inservibles en combate. La primera película larga de la historia australiana, de 1917, trata sobre Kelly; solo se conservan 17 minutos restaurados. Es la frontera que nadie estudia, pero que define cómo se pobló —o no— un territorio hostil.
La comparación que descoloca: Texas, Canadá y Argentina
Texas tiene casi 400 kilómetros entre Dallas y Houston, con autopistas, tormentas repentinas y accidentes. Canadá es más grande que Australia y tiene menos población. Argentina es seis veces España y también está vacía. La diferencia no es el tamaño: es la estructura económica y la capacidad de atraer población. Australia tiene 28 millones de habitantes; Canadá, 40; Argentina, 46. Ninguno ha llenado su territorio. El tamaño no garantiza nada. La pregunta es qué hace que un país sea habitable más allá de la costa.
Con estos datos, la migración hacia el interior de Australia debería ser masiva. Sigue siendo marginal. Nadie ha encontrado la fórmula para poblar un desierto sin convertir el desierto en otra cosa.