Marruecos pincha su natalidad: cae un 6,35% en el primer semestre
Marruecos ha registrado un
6,35% menos de nacimientos en el primer semestre, casi el triple del ritmo de caída que muestra España. El dato, que el Gobierno marroquí esperaba bastante más adelante, desmonta una idea muy extendida: la de que el norte de África y Turquía crecen sin freno mientras Europa se apaga. Anualizado, el desfase entre nacimientos reales y previstos ronda los
90.000 niños menos, y el total se ha quedado por debajo de los 600.000 al año.
El país ya está oficialmente por debajo de la tasa de reemplazo, esos
2,1 hijos por mujer que marcan el relevo generacional. No es un mal año suelto. Marruecos ha pasado de superar los siete hijos por mujer a quedarse por debajo de dos, uno de los desplomes más rápidos que se recuerdan.
Por qué se ha desplomado la natalidad en Marruecos
Hay una lectura que gana peso: la caída no responde a una política concreta, sino a un cambio social que se retroalimenta. Se argumenta que el avance de una agenda más laica —incorporación de la mujer al trabajo, divorcios al alza, nuevos modelos de familia— está reduciendo el número de hijos en un país donde la religión sigue pesando mucho en lo público. La pérdida electoral del partido islamista en las últimas legislativas se lee, en esa misma clave, como señal de que el terreno se mueve.
No todos compran el diagnóstico. Otra parte del análisis sostiene que el factor decisivo es la emigración: buena parte de la población en edad fértil ya no vive allí, de modo que nacimientos que antes se contabilizaban en Marruecos ocurren ahora en Europa. El cálculo no es menor, porque infla dos estadísticas a la vez: engorda el registro de destino y deprime el de origen.
Turquía, 1,62 hijos por mujer: el efecto contagio
El caso marroquí no es una excepción. Turquía, con
1,62 hijos por mujer, se ha quedado por debajo de países como Francia, Rumanía o Irlanda. Argelia, durante décadas el ejemplo favorito de quien advertía de una conquista demográfica, ha pasado de 7,5 a
2,7 hijos por mujer. La frase que se atribuye al presidente argelino Houari Boumediene —que sería el vientre de las mujeres el que ganara la batalla— suena cada vez más lejana.
Aun así, conviene no mezclar tasas con volumen. Argelia ronda los 40 millones de habitantes y cerca de un millón de nacimientos al año: aunque su fecundidad baje, sus inercias tardan décadas en notarse. Es el mismo error que lleva a comparar cifras absolutas entre países con pirámides de edad opuestas.
¿Baja la natalidad también en el África subsahariana?
Sí, pero más despacio. La fecundidad de la región ha pasado de
7,3 hijos por mujer hace tres décadas a 5,3 en la actualidad. Es el reducto del planeta donde la transición demográfica avanza más lenta, aunque la dirección es la misma que en el resto del mundo. Ahí está hoy la verdadera presión demográfica, no en el Magreb.
Qué pasa con España frente a Marruecos
España juega otra liga, y no precisamente mejor. Su tasa de fecundidad ronda
1,2 hijos por mujer, con poco más de 300.000 nacimientos al año, una parte de ellos de origen marroquí. La brecha en cifras absolutas sigue siendo amplia, pero se cierra rápido porque aquí la caída ya tocó suelo. Cuando la fecundidad lleva décadas por debajo de 2,1, la población solo se sostiene con entrada de población extranjera, y esa dependencia es la que genera todo el ruido político.
El punto donde el análisis se atasca
Todo el mundo mira la misma curva, pero nadie coincide en dónde se aplana. Los escenarios más optimistas dan por hecho que Marruecos seguirá convergiendo hacia las tasas europeas en una o dos décadas. Los cautos recuerdan que bajar desde una tasa alta y bajar desde una tasa baja son operaciones distintas, y que el pico estadístico no siempre cuenta la historia completa.
Lo que sí está sobre la mesa: el escenario que el propio Gobierno marroquí situaba en torno a 2040 parece haberse adelantado bastante, y un desfase anualizado de 90.000 nacimientos no se corrige con un año bueno. En el detalle fino —cómo se reparten esos nacimientos por regiones, edad de la madre y origen— está la parte que nadie termina de cuadrar.