Nuclear, sí o no: el coste y los residuos siguen siendo el muro
La energía nuclear vuelve a la agenda cada pocos años, y esta vez el titular es claro: “¿NUCLEAR? SÍ, GRACIAS”. Pero el entusiasmo topa con dos objeciones que no se dejan barrer: el coste y los residuos.
Una objeción es económica. La energía nuclear exige inversiones multimillonarias en construcción, mantenimiento y desmantelamiento. Sumando todos los capítulos, la factura resulta más cara que otras fuentes, como se argumenta una y otra vez. La segunda objeción es la gestión de los residuos radiactivos: nadie los quiere en su territorio, y su peligrosidad se mide en miles de años.
Mientras tanto, los defensores se limitan a dar por buena la idea, sin entrar al detalle de quién paga los reactores ni quién se queda con la basura nuclear. La pregunta incómoda sigue ahí, sin respuesta: si el precio y los residuos son el peaje, ¿quién lo asume?