Zhaoxin KH-4000: 16 núcleos chinos que alcanzan a un EPYC de 32
Un procesador de 16 núcleos a 2,7 GHz, fabricado en un proceso litográfico de 16 nanómetros y sin SMT, no debería poder mirar a la cara a un AMD EPYC 7601. Y sin embargo, el Zhaoxin KH-4000 lo hace. El análisis publicado el 22 de junio de 2022 sitúa al chip chino igualando a la primera generación del EPYC bajo SPEC CPU 2006: pierde por poco en unos casos y gana por la mínima en otros.
La
CPU china que protagoniza la noticia no pretende ganar la batalla del PC doméstico. Su destino son los servidores, y ahí está el detalle que importa: el objetivo de Pekín no es discutirle la vitrina a Intel y AMD, sino dejar de comprarles. Cuando eso ocurra, el problema deja de ser comercial.
Qué es el Zhaoxin KH-4000 y qué lleva dentro
16 núcleos sin SMT —esto es, 16 hilos—, 2,7 GHz de frecuencia, soporte de memoria DDR4, PCIe 3.0 y
32 MB de caché L3. En configuración de dos zócalos, el chip suma 32 núcleos. El nodo de fabricación es de 16 nm y su TDP se rumorea en torno a los 100 W.
Sobre el papel, nada espectacular. El matiz aparece al mirar de reojo al rival: con un proceso litográfico peor que el de Intel, el fabricante chino integra más caché L3 que el Xeon Platinum 8153, que se queda en
22 MB. Integrar más memoria rápida en el chip no es una cifra de folleto: es lo que evita que los núcleos se pasen el día esperando a la memoria principal.
El EPYC 7601 con el que se compara no juega en la misma liga
La comparación es poco generosa, y quien la hizo lo admite. El AMD EPYC 7601 monta
32 núcleos y 64 hilos, sube a 3,2 GHz en modo Boost y declara un TDP de 180 W. Dobla en núcleos al Zhaoxin y aun así el chip chino aguanta el pulso en la suite de referencia.
Traducido: en bruto el EPYC arrasa; en eficiencia por vatio invertido, la ventaja se estrecha hasta desaparecer. Que un recién llegado con 16 nm se coloque a la altura de un 14 nm de primera hornada dice más del fabricante chino que del procesador americano.
100 vatios frente a 125 y 205: la eficiencia como argumento
Los números de Intel marcan la escala. El Xeon Platinum 8153, de 16 núcleos y 32 hilos a 2,8 GHz, declara 125 W. El Xeon Platinum 8180M, de 28 núcleos y 56 hilos a 3,8 GHz, sube hasta los
205 W. El Zhaoxin, con peor litografía, se queda por debajo de ambos.
Aquí es donde el análisis deja de ser una curiosidad: en un centro de datos, el consumo se paga todos los meses, y en un país que levanta miles de servidores para su propia administración, ese diferencial vale más que cualquier medalla en un benchmark.
¿Por qué se duda del rendimiento de la CPU china?
Porque el diseño no nace de cero. El escepticismo apunta a que estos procesadores derivan de las patentes de VIA y su subsidiaria Centaur Technology —con el linaje de Cyrix como telón de fondo—, y a que un salto así no cuadra sin más datos. La petición es prudente: contraste con fuentes chinas antes de dar el resultado por bueno.
El propio relato del sector arrastra ese lastro. Quien vivió los noventa recuerda el
Cyrix 6x86 a 166 MHz de 1996 como una máquina estable y barata que nunca llegó a amenazar a nadie. La pregunta es si el Zhaoxin es una reedición de aquello o el primer aviso serio.
IPC, compiladores y el cuello de botella que no siempre existe
El rendimiento por ciclo es la métrica reina en las comparativas, y también la más discutida. Un programa mal paralelizado da igual con 8 que con 100 núcleos; un compilador optimizado para una arquitectura concreta puede mover el resultado de una suite entera varios puntos sin tocar el silicio.
En entornos cerrados, sin la losa de la compatibilidad hacia atrás, esa discusión se vuelve más borrosa. El caso de Itanium —una arquitectura con compilador propio y promesa de gama doméstica— se cita como recordatorio de que el mejor diseño no gana si el mercado le da la espalda. La conclusión que se repite: hacen falta más pruebas, y la duda es razonable en ambas direcciones.
Del benchmark al tablero: sanciones y desglobalización
El fondo del asunto no es técnico. Durante décadas, fabricar en China fue la vía barata, y con cada planta deslocalizada viajó también el conocimiento de cómo se hacen las cosas. El resultado, sostiene una parte del análisis, es que el país ya no necesita a Occidente para dar el siguiente paso.
La otra cara es la seguridad. Se argumenta que las CPU occidentales incluyen instrucciones que no figuran en la documentación pública, y que sustituirlas por silicio propio es también una cuestión de soberanía digital. El cálculo es frío: quien controla el procesador controla lo que se ejecuta encima.
Ese es el punto que nadie cierra. Hay quien ve en el Zhaoxin solo un
rebranding de diseños ajenos con veinte años de retraso; hay quien ve el primer ladrillo de una industria que ya no va a parar.
Que un chip de 16 nm con la mitad de núcleos empate con un EPYC y consuma la mitad no cierra ningún debate, lo abre: el siguiente paso anunciado —7 nm, DDR5 y PCIe 4.0— no tiene fecha, y precisamente por eso conviene tenerlo en el radar.
Aviso: las cifras de rendimiento comparado proceden del análisis publicado en junio de 2022 y no han sido replicadas de forma independiente.