El baile feminista que ha hecho el ridículo: ¿protesta o espectáculo?
¿Qué ocurre cuando una protesta se convierte en un número de variedades? Un video de mujeres bailando con megáfonos, supuestamente en contra del patriarcado, se ha vuelto viral y ha desatado una ola de burlas. La pregunta es si el mensaje llega o si solo queda el ridículo.
La estética de la performance: entre la haka y el aquelarre
El baile ha sido comparado con la haka maorí, pero en versión «rosa». La seriedad pretendida contrasta con la falta de coordinación y los gestos que muchos han calificado de infantiles. Algunos han recordado la antigua concepción de la histeria femenina, un diagnóstico que hoy parece resucitar en las redes. Incluso se ha señalado que las participantes parecen «farmeando aura», un término de videojuegos que sugiere que la acción es más un juego que una protesta real.
El gasto público en oficinas de feminismo: el caso de Aracena
En Aracena, un municipio de menos de 20.000 habitantes, existe un equipo de funcionarias dedicadas al feminismo. Este dato ha alimentado la crítica sobre la proliferación de oficinas y subvenciones sin control, que en muchos casos financian actos como el del video. La pregunta es si este gasto se justifica o si es parte de un chiringuito. La sospecha de que estos bailes son producto de un aparato burocrático bien pagado no es infundada: la cifra de 5.000 euros mensuales por persona se ha barajado en el debate, aunque sin confirmación oficial.
El efecto viral: cuando el ridículo es la marca
Las redes sociales amplifican estos momentos. La burla se convierte en el mensaje principal, y la referencia a los «dos minutos de odio» de 1984 de Orwell no es casual. En la era de TikTok, el ridículo también es viral, y la performance feminista se ha convertido en un meme. La pregunta de si estas mujeres luego podrán votar, lanzada con sorna, apunta a una crítica más profunda: la desconexión entre la militancia performática y la realidad política.
Si el objetivo era visibilizar la lucha, el resultado ha sido otro: el ridículo como marca. Y quizás el patriarcado no necesita defenderse; ya se encargan ellas.