Un exguardia civil jubilado y la guerra de los gatos de Valdepeñas
Un exguardia civil jubilado de Valdepeñas se ha convertido en el personaje más incómodo de internet. Por lo que se le atribuye —dar muerte a gatos callejeros y expresar en un vídeo hostilidad hacia las mujeres—, el Partido Animalista PACMA ha decidido sacar el asunto a la calle: concentración el
4 de octubre a las 12.00 horas en la plaza de España de la localidad ciudadrealeña. La convocatoria exige a las autoridades una respuesta ante un vecino al que la difusión viral ha convertido en símbolo. Su presidente, Javier Luna, contestó al último vídeo anunciando medidas contra el individuo, y el mensaje acumuló
35.000 reproducciones y 897 reacciones. El caso no se apaga: se reabre cada vez que el protagonista publica algo nuevo.
Qué se le atribuye al conocido como 'matagatos'
Sobre el individuo pesan acusaciones de matar gatos callejeros en su localidad y de lanzar soflamas contra los animales y contra las mujeres. Hasta la fecha de esta discusión no consta resolución judicial alguna sobre esos hechos, que se difunden por vídeos y mensajes en redes. La presión no ha llegado por la vía judicial, sino por la viral: una ola de indignación que ha rebasado el ámbito local y ha colocado a un jubilado de una ciudad de algo más de 30.000 habitantes en el centro de una campaña estatal contra el maltrato animal.
La respuesta organizada llega ahora en forma de convocatoria vecinal. PACMA pide a las administraciones que actúen y reclama que el caso deje de ser un asunto de conversación digital para convertirse en un expediente con consecuencias.
¿Sobran gatos callejeros o faltan gatos que cacen ratones?
El caso ha destapado una grieta que va mucho más allá del municipio. Una parte del público sostiene que el gato asilvestrado es una plaga: depreda pájaros, reptiles y micromamíferos, y cuando alguien lo alimenta de forma artificial deja de cazar y se reproduce sin freno. La estampa que se describe es conocida en muchos barrios: platos de sobras al sol, insectos y mal olor en la vía pública.
El argumento contrario se apoya en la utilidad del animal. En el medio rural se le atribuye mantener a raya topos, ratas y lirones, y hay quien recuerda que un gato salvaje es extremadamente territorial y que su esperanza de vida ronda los
dos o dos años y medio, lo que limita su expansión natural. La cuestión de fondo es si el problema son los gatos o quienes los alimentan sin esterilizarlos. El cálculo de colonias, alimento y camadas sin control da para un informe entero, y es ahí donde el asunto se encona.
El método CER y la letra pequeña de las colonias
La vía intermedia tiene nombre: captura, esterilización y retorno. Es el protocolo que aplican asociaciones registradas para gestionar colonias felinas, y sus defensores aseguran que frena el crecimiento de forma ordenada. Sus críticos replican que un protocolo sobre el papel no impide que los animales anden sueltos, crucen vallados ajenos o acaben enfermando. De hecho, la experiencia más citada es la contraria al maximalismo: quien convive con dos gatas en suelo rústico y las esteriliza obtiene control de roedores sin multiplicación.
El maltrato, en cambio, no admite matices. Está tipificado como delito y quienes lo defienden por escrito se topan con la misma pared: la ley no distingue entre gato útil y gato molesto.
El 4 de octubre se sabrá cuánta gente cabe en la plaza de España de Valdepeñas. Lo que ya no se sostiene es que este debate sea solo sobre gatos. ¿Cuánto de la indignación va contra un vecino concreto y cuánto contra la incomodidad de convivir con animales que nadie reclama como propios?