«Mandar por Turruchel» entra en el hilo y el caso se va
El vídeo abre la página y a los dos mensajes el hilo ya se ha ido a otra guerra.
Ahí aparece el término que se le atribuye al protagonista, «Mandar por Turruchel», presentado como definición del personaje y con la etiqueta de meme puesta. Lo de después son
40 mensajes en una sola jornada, la del
25 de septiembre, discutiendo si los gatos son plaga, si son vecinos o si el problema son quienes les ponen el pienso.
Qué se ha sabido
De los hechos, nada nuevo. El tramo es reacción y datos sueltos, casi todos sin enlace.
Un forero abre cuestionando la legitimidad de la organización convocante por un episodio anterior y no desarrolla el argumento. Otro zanja que el hombre ya funciona como meme y da el término por hecho. A partir de ahí, un goteo de afirmaciones que nadie documenta: que los gatos se cargan pájaros y ratones; que también lagartos y anfibios, y que matar a esos animales se paga con multas del Seprona,
según quien lo escribe; que una colonia controlada no huele ni ensucia porque se alimenta de pienso; que esas colonias las sostienen voluntarias que esterilizan a los animales para que no haya más. Nadie trae nota de prensa, ni comunicado, ni sentencia. El único enlace del tramo es el vídeo.
Dónde está la bronca
Se pelean por el papel del gato en el campo. Un bloque sostiene que es un depredador que arrasa con todo lo que pilla y que en un pueblo eso es un problema; el otro contesta que un gato de colonia controlada es justo la herramienta que evita ratas y enfermedades. En medio, una postura que cierra el debate por la vía moral: quien odia a los gatos, dice un forero, no puede ser buena persona. Y una tercera vía que cabrea a los dos bandos: culpar a quienes alimentan a los gatos callejeros de haber convertido la convivencia en un problema.
El chiste del hilo llega por ahí. Cuando desaparezcan los gatos, avisa uno, la finca se llenará de ratas. Respuesta inmediata de otro: los gatos de las alimentadoras están gordos y las ratas se ríen de ellos. También hay quien insiste en que en el pueblo los gatos se cargan todo lo que ven, y quien le da la vuelta al dato: eso es exactamente lo que se le pide a un gato.
El duelo del hotel canino
Dos foreros se enganchan por la arquitectura de un hotel canino y no lo sueltan. Uno cuenta que una amiga suya tenía uno y que allí la gente entraba y salía por la misma puerta, así que un gato se cuela cuando quiere. El otro responde que conoce esos negocios: recepción primero, segunda puerta después, y a la zona de cheniles no llega un gato ni de casualidad. El primero le suelta que no ha visto uno en su vida. El segundo le contesta que eso mismo demuestra lo contrario. Ni foto, ni plano, ni enlace: la discusión se sostiene sobre
dos puertas imaginarias y una valla.
Lo que cuentan los que tienen bichos
Aquí entra la gente con anécdotas propias. Un forero explica que cuando tuvo gatos reforzó la valla de su casa del pueblo para que ni se le escaparan ni entraran gatos callejeros, y que en años no entró ninguno, aunque en los pueblos hay gatos a montones. Otro sostiene que si un gato se cuela en una residencia es porque está mal vallada, y quien le responde le pone el ejemplo del contagio: un gato con pulgas que entra y se lo pega a los animales que están allí pagando. Se suma quien defiende que los gatos no deberían andar sueltos, sino en casa de sus dueños, y quien zanja que el problema no son los gatos, sino otra cosa.
El pueblo, en el punto de mira
Un mensaje se va al municipio. Viene a decir que no entiende qué tiene ese pueblo, tan pequeño, para producir casos así, y recuerda otro suceso conocido de la localidad. No aporta enlace ni fecha. La respuesta es una coña sobre lo mal que se aguanta el pueblo ideal, sin relación con el caso y con la misma retranca del hilo.
Qué cambia respecto a antes
Que el caso desaparece del hilo. Ya no se discute qué se hace con el hombre ni qué hará la administración: se discute fauna, colonias y normativa de residencias caninas. El meme queda instalado como vocabulario y se usa sin explicarlo.
Entra un frente nuevo: las personas que alimentan a los gatos callejeros. Una parte del hilo las señala como el origen del rechazo hacia los animales; otra las defiende con el argumento de la esterilización y el pienso. Sobre el hombre, en esta página, nada nuevo: el vídeo, el término y el chiste.
El tramo termina sin comunicado, sin denuncia nueva y con dos foreros midiéndose por la segunda puerta de un negocio.