Un portaaviones nuclear de 75.000 toneladas: el órdago francés
¿Tiene sentido que un solo país europeo se embarque en un portaaviones de propulsión nuclear de 75.000 toneladas que no estará navegando hasta mediados de la próxima década? El proyecto incluye catapultas electromagnéticas —las EMALS, con asistencia estadounidense— para operar cazas Rafale y el futuro sistema de combate FCAS. Con esas cifras, el buque solo admite comparación con los clase Gerald Ford y con los desarrollos chinos. El calendario que se maneja apunta a 2038.
Qué es el PANG: 75.000 toneladas y propulsión nuclear
Francia diseña un navío de propulsión nuclear de
75.000 toneladas que incorporaría catapultas electromagnéticas EMALS para embarcar Rafale y el futuro FCAS. La entrada en servicio se sitúa a mediados de la década de 2030, con 2038 como fecha manejada en la discusión, es decir, dentro de 16 años. Con ese desplazamiento, el buque es
una mole: solo los portaaviones estadounidenses de la clase Gerald Ford quedan por encima.
El antecedente no invita al optimismo. El actual Charles de Gaulle acumula fama de problemático y es bastante más pequeño. La duda razonable es si el PANG repetirá ese historial o si, por el contrario, se convertirá en un diseño del que salgan más unidades.
Lo extraño sería que quedara en modelo único, porque el segundo buque de una serie siempre sale más barato que el primero.
¿Por qué el Reino Unido e Italia tienen dos portaaviones y Francia solo uno?
Aquí está el nudo del asunto. Reino Unido e Italia operan dos unidades cada uno, aunque de menor tonelaje, por una razón operativa elemental: con un solo buque, cualquier parada técnica o relevo deja a la flota sin capacidad de proyección durante meses. La lógica sugiere que Francia necesitaría lo mismo. El problema es que su portaaviones es el doble de grande, y por tanto mucho más caro de replicar.
Hay quien sostiene que saldría más a cuenta construir
dos unidades de menor tonelaje en lugar de una sola gigantesca, y quien responde que las necesidades francesas no son las italianas ni las británicas. Detrás de todo ello planea una cuestión que no se resuelve con números: la voluntad política de mantener a París como referencia militar europea. Un buque así solo está al alcance de Estados Unidos y China.
¿Están obsoletos los portaaviones frente a los misiles hipersónicos?
Es el argumento que más se repite para enterrar el proyecto. Se afirma que un solo misil hipersónico manda el buque al fondo del mar, y que estos artefactos solo los tienen Rusia y China, con Estados Unidos incorporándose en un par de años. La conclusión que se extrae es que el portaaviones nace muerto.
Frente a eso pesan varios argumentos. Ninguno de esos misiles ha hundido todavía un portaaviones, sencillamente porque
ninguno ha sido lanzado contra uno en combate. La India dispone de misiles de ese tipo y, aun así, construye sus propios portaaviones. Y la escolta de superficie y aire de un buque insignia —fragatas, cazas embarcados, defensa en capas— está diseñada precisamente para eso.
El contraargumento es de saturación: los escudos paran uno, quizá varios, pero no diez a la vez. Un cálculo que circula estima que el coste de esos diez misiles rondaría el
0,1% de lo que cuesta el buque. La discusión derivó hacia si un misil hipersónico puede realmente corregir su trayectoria contra un blanco en movimiento, un debate que quedó sin cerrar y en el que las posturas siguen enfrentadas.
La alternativa que gana terreno: submarinos y misiles de largo alcance
Buena parte del escepticismo no discute la utilidad del portaaviones, sino su relación coste-riesgo. Son
demasiadas manzanas en el mismo cesto: si la situación se complica, una sola pérdida se lleva por delante años de inversión y cientos de vidas. La comparación con el siglo XX es inevitable: a los acorazados les pasó algo parecido.
La propuesta alternativa es clara:
más submarinos y más misiles de crucero o balísticos de largo alcance. Un submarino es difícil de localizar, no necesita un grupo de escolta permanente y no concentra el riesgo en una cubierta. La Armada española, se apunta, habría acertado al priorizar esa vía con los S-80 en lugar de perseguir un buque insignia.
¿Para qué sirve un portaaviones si el enemigo está en casa?
La respuesta más lúcida que aparece en la discusión es que el portaaviones no está pensado para medirse contra un rival equivalente. Sirve para
proyectar fuerza y disuadir a distancia en territorios dominables, y en el caso francés ese territorio es África. No es un arma de guerra entre iguales, sino una herramienta para sostener presencia donde no hay contrincante capaz de responder en el mismo plano.
Eso deja una pregunta incómoda: si el adversario real está en tierra, en las ciudades y en las zonas donde el Estado no controla nada, ¿para qué sirve un portaaviones? La guerra en Ucrania ha desplazado la atención hacia misiles y drones, mucho más baratos y con resultados visibles. El rearme es global y la tecnología avanza más rápido que los presupuestos.
París quiere su Grandeza y el PANG es la forma más cara de escribirla. En 2038, cuando por fin navegue, alguien tendrá que explicar que sigue siendo un portaaviones con catapultas que otro país le ayudó a fabricar.