Bots, bulos y geopolítica: la tormenta perfecta en el Estrecho
El vídeo que circuló como prueba de una agresión a menores migrantes en Ceuta estaba grabado en Argentina. El bulo, atribuido a cuentas que suplantan a marroquíes, ha destapado una maraña de acusaciones cruzadas: bots que piden la independencia de Cataluña, agentes del Mossad en Ceuta y una fundación vinculada a George Soros moviendo los hilos en Francia. Bienvenidos a la guerra híbrida sin manual.
Un bulo con matrícula argentina
La mecánica es tan vieja como internet: se rescata un vídeo real y se le cambia la geografía. En este caso, un metraje de Argentina circuló como si fuera una paliza a menores en Ceuta. La cuenta que lo difundió se hacía pasar por marroquí y pedía, además, la independencia de Cataluña y la toma de Ceuta y Melilla. En cuestión de horas, el bulo recorrió X y pasó a ser usado como argumento contra la gestión de la inmigración y contra el Gobierno. La técnica no es nueva, pero la rapidez con la que se extiende y el contexto de máxima tensión geopolítica la convierten en un arma más eficaz.
Ceuta: el jeep, el Mossad y el síndrome de la Intifada
El mismo día en que el bulo corría por las redes, un jeep del Ejército recibía pedradas en Ceuta. Algunos análisis no tardaron en leerlo como un "ataque tipo Intifada": una provocación buscada para obtener una reacción violenta que después se muestra fuera de contexto. Más lejos van los que aseguran que Ceuta está "plagada de agentes del Mossad", una afirmación que no se sostiene con datos públicos pero que alimenta la desconfianza hacia Israel y Marruecos. La conexión entre estos episodios y la alianza israelí-marroquí es, para una corriente de análisis, la clave de toda la operación.
Soros, las oenegés y la batalla legal en Francia
El 23 de julio de 2026 se conocía una noticia que encaja en el relato conspirativo: un grupo financiado por la Open Society Foundation, la organización de George Soros, impulsaba ante el máximo tribunal administrativo de Francia una solicitud para boicotear las relaciones comerciales con los asentamientos israelíes. La noticia es real, pero su lectura cambia según quién la cuente. Para los que ven una mano oculta, es la prueba de que la red Soros financia campañas contra Israel y, de paso, contra los intereses de España. Para los escépticos, es simplemente una estrategia legal más dentro del activismo propalestino.
¿Guerra híbrida o fiebre autóctona?
Las interpretaciones chocan de frente. Hay quien sostiene que Israel utiliza a Marruecos como proxy para castigar a Pedro Sánchez por su giro hacia Palestina, y que las cuentas falsas forman parte de esa operación. También hay quien descarta la conspiración exterior y apunta a actores internos: partidos que buscan rentabilizar el miedo a la inmigración o desgastar al Gobierno con falsas banderas. La realidad, como casi siempre, probablemente esté en el medio: seguramente hay cuentas falsas y hay intereses externos, pero atribuirles un control total sobre el relato es un salto que los datos disponibles no permiten.
La pregunta que queda sobre la mesa no es si existe desinformación coordinada. La pregunta es quién tiene capacidad real para fabricarla a escala industrial y con qué propósito. Hasta que alguien demuestre el origen de esas cuentas, la sospecha seguirá moviéndose como un péndulo: entre el Estrecho y Cataluña, entre Jerusalén y Rabat, entre el clic anónimo y el despacho con bandera.