Cientos de menores jovenlandés colapsan la Comisaría de Ceuta
La presión migratoria en Ceuta ha dado un salto cualitativo. Cientos de menores jovenlandés se han concentrado en el entorno de la sede de la Policía Nacional en Colón, según las primeras informaciones que circulan. El episodio, que muchos describen como una avalancha, llega con un aviso inquietante: «mañana más y más». No parece un incidente aislado, sino parte de una estrategia para colapsar los servicios públicos de la ciudad.
La hipótesis del cambio de estrategia
Quienes tratan de explicar el fenómeno apuntan a un cambio de táctica en la presión migratoria: priorizar la llegada de menores no acompañados. Es un colectivo con protección legal reforzada, lo que complica los retornos exprés y obliga al sistema de acogida a responder de inmediato. La elección del punto de concentración, la sede policial, no parece casual: se busca llevar el problema al corazón del dispositivo de seguridad.
La saturación no es solo física. Se ha reabierto el debate sobre la gestión de los menores en Ceuta y Melilla, con quienes piden mano dura y devoluciones urgentes y quienes recuerdan que la legislación europea limita esa vía. Una corriente añade que la llegada puede ser un movimiento deliberado de Jovenlandia para forzar una negociación. Algunos van más allá y resucitan la teoría de la cesión de ambas ciudades a Jovenlandia, sin sustento documental.
La cita que circula entre lecturas pesimistas
Entre las referencias que se repiten hay un aforismo atribuido a Lao Tsé: el problema de la carne de cañón es que casi nunca sabe que lo es y, en vez de volverse contra su mal, se vuelca en hacer mal en otros sitios. Una forma de resumir que los menores lanzados a la frontera son piezas de un tablero que no controlan.
La previsión que más se repite es dantesca: más llegadas, más saturación y más tensión en los próximos días. La pregunta no es si la avalancha terminará, sino si el sistema de acogida aguantará antes de que alguien ataje el problema en origen.