Oracle despide a miles de empleados con un email a las 6 de la mañana
¿Cómo se comunica un despido masivo? Oracle lo hizo con un correo que llegó a las bandejas de entrada poco después de las 6 AM (hora de la costa este). Sin llamada de RRHH, sin reunión con el manager, sin preaviso. Miles de trabajadores en Estados Unidos, India y otras regiones descubrieron que su empleo había desaparecido antes de terminar el café. La noticia, publicada por
rollingout.com, desató una tormenta de reacciones que mezclan el cabreo, el análisis económico y una pregunta incómoda: ¿es esto la punta del iceberg de lo que viene con la IA?
Qué ha pasado exactamente con los despidos de Oracle
El martes por la mañana, un correo corporativo aterrizó en las cuentas de miles de empleados de Oracle en todo el mundo. El mensaje, escueto, les informaba de que su relación laboral terminaba con efecto inmediato. No hubo margen para despedidas, traspaso de tareas ni acceso temporal a la intranet para recoger documentos. La compañía, uno de los gigantes históricos del software empresarial, ejecutó el recorte con la frialdad de un proceso automatizado.
La cifra que circula es de
30.000 puestos eliminados. Para contextualizar: Oracle arrastraba una reducción de plantilla desde 2017, con un repunte de contrataciones durante el boom post-COVID que ahora se deshace. La empresa necesita cash flow para afrontar una deuda descomunal, contraída en buena parte para financiar centros de datos de inteligencia artificial. El despido, por tanto, no es solo una decisión de recursos humanos: es una jugada financiera.
El papel de la IA: causa, excusa o cortina de humo
La reacción inicial apuntó directamente a la inteligencia artificial. «La IA está haciendo estragos en el mercado laboral», resume un mensaje, que añade que OpenAI ya ha confirmado su próximo proyecto, bautizado como
spud, y que según la compañía causará un gran impacto en la economía. Traducción libre: millones al paro reemplazados por IA.
Sin embargo, el análisis más frío matiza. Oracle lleva años reduciendo plantilla; el boom post-COVID infló las contrataciones y ahora toca limpieza. Otras grandes tecnológicas (Amazon, Meta, Google) también despidieron a miles de personas en 2023 y 2024, pero después volvieron a contratar. El impacto directo de la IA en este recorte concreto sería, según esta lectura, mínimo. La deuda y la necesidad de cash flow explican más que cualquier algoritmo.
Hay una tercera vía: Oracle firmó un acuerdo con OpenAI para construir centros de datos. La empresa necesita efectivo para pagar esa infraestructura. El despido es por la IA, pero no es la IA quien despide.
¿Es la IA la que destruye empleo o es la deuda?
El debate se bifurca. Por un lado, están quienes ven en la IA una fuerza imparable que acabará con trabajos cualificados. «Cuando se abarata producir software, se contratan más ingenieros, pero la IA mejora cada año y el humano no», señala un análisis que invoca la paradoja de Jevons. Es cuestión de tiempo, sostienen, que la IA abarque todos los trabajos.
Enfrente, la tesis de que el recorte responde a números, no a tecnología. Oracle no innova, mantiene una base de datos que retoca desde hace años y vive del soporte a empresas. Sus ingresos dependen de consultas, migraciones y resolución de incidencias. La IA es el nuevo envoltorio para vender lo mismo.
La conversación derivó hacia el futuro del empleo tecnológico. «No dejéis que vuestros hijos estudien informática», ironiza un mensaje. «Es mejor vender droga». La broma esconde un miedo real: que la programación deje de ser una carrera segura.
El impacto en la profesión de programador
La irrupción del
vibe coding —escribir código diciéndole a una IA qué quieres, sin preocuparte por el cómo— está generando códigos monstruosos e inmantenibles. «Parecidos a los que se obtenían al externalizar proyectos a India», compara un mensaje. La solución que se apunta es el
spec driven development: la IA programa, pero supervisada, con especificaciones claras y versionables. Eso requiere alguien que sepa programar.
La paradoja es que la IA puede aumentar la productividad de un solo desarrollador hasta límites insospechados. «Una persona sola se monta un OpenClaw con 10 agentes y aumenta su productividad x800%», asegura un mensaje. Lo que antes hacían ocho, ahora lo hace uno. El problema es qué pasa con los otros siete.
La trampa de la productividad: menos empleos, más beneficios
El mercado premia los despidos. «Dentro de unos días el mercado les premiará con una subida de las acciones», vaticina un mensaje. La lógica es conocida: recortar costes dispara el valor bursátil a corto plazo. Los despedidos son un daño colateral en la cuenta de resultados.
La pregunta que sobrevuela es qué ocurre cuando las máquinas producen pero nadie puede comprar. «Si las máquinas producen pero nadie lo puede comprar, ¿de qué viviríamos?», se pregunta un mensaje. La respuesta oficial suele ser la renta básica universal. «Si crees en cuentos de RBU universal, eres un iluso», replica otro. La desconfianza hacia las soluciones mágicas es mayoritaria.
Qué pasará con los despedidos de Oracle
Miles de personas se han quedado sin empleo de un día para otro. Muchas tienen entre 45 y 50 años, una franja en la que el mercado laboral penaliza con dureza. «Para el mercado laboral no vales nada ya a esas edades», lamenta un mensaje. La reconversión no es trivial: la experiencia acumulada en tecnologías propietarias no siempre se traduce en empleabilidad.
La solidaridad entre los afectados se mezcla con la rabia. «30.000 que se unan, que pongan cada uno 10.000 dólares, y tienen una compañía de 300 millones de dólares», propone un mensaje. La idea, quimérica, refleja la sensación de que solo la acción colectiva puede plantar cara a decisiones tomadas en despachos inaccesibles.
El futuro del trabajo: ¿qué hacemos con los que sobran?
La conversación deriva hacia lo filosófico. «Si muchas cosas que ahora hacen los humanos lo van a hacer las máquinas, sobra mucha gente en el mundo. ¿Qué van a hacer con nosotros?», se pregunta un mensaje. Las respuestas oscilan entre el pesimismo («la eutanasia parece la opción clara») y la ironía («vacunarnos»).
Otra corriente sostiene que el paradigma fiscal cambiará. «El grueso de los impuestos van al IRPF y al IVA. Si la gente no tiene dinero, tendrán que sacarlo de las empresas», razona un mensaje. La presión fiscal se desplazaría del trabajo al capital. Otros abogan por abolir los impuestos directamente, una utopía que ignora cómo se financia el Estado.
Mientras tanto, la realidad es tozuda: Oracle ha despedido a miles de personas con un correo. Y nadie sabe cuántas empresas copiarán el método.