Traer oro de Dubái a Madrid: el límite son 10.000€
Como coinciden varios participantes del hilo, el precio del oro es el mismo en Dubái que en Madrid. Una onza de metal vale lo que marca la cotización internacional, y ahí se cae la primera mitad del plan: no hay ganga por comprarlo en los Emiratos. La segunda mitad —eludir el cambio de divisa y sacarle un pellizco a la reventa— se estrella contra una pared menos glamurosa: la aduana y Hacienda. Quien vuelve con más de
10.000 euros, o con su equivalente en oro, tiene que pasar por el mostrador.
¿Cuánto dinero se puede entrar en España sin declarar?
La cifra de referencia son
10.000 euros. Por encima de ese umbral, entrar o salir de España con efectivo o medios de pago equivalentes —el oro entre ellos, también los cheques de viajero— obliga a declararlo con el
formulario S-01. Según el propio consultante, sería un trámite pensado para informar del movimiento de capitales y no un impuesto, aunque si el papel acarrea tributación es una duda que queda abierta en la propia consulta. La alternativa que se apunta es más pedestre y probablemente más sensata: mandar los dirhams por transferencia a la cuenta española y viajar con menos de esos 10.000 euros encima. Aburrido. Eficaz.
Por qué el oro de inversión no lleva IVA y el de joyería sí
Aquí está la única ventaja fiscal real del metal. El oro de inversión —lingotes de
24 quilates o monedas que cumplan la normativa— está exento de IVA; el oro manufacturado, el de las joyerías, soporta el
21%. Esa diferencia explica que el mismo gramo cueste cosas muy distintas según el escaparate, aunque la exención del oro de inversión también existe, según se apunta en el hilo, al comprar en los Emiratos. La pieza que se recomienda no es un lingote grande, sino monedas de curso internacional:
krugerrands, filarmónicas o
maple leaf, más fáciles de revender que un lingote. Se compran, según un participante, con un sobrespot habitual del 2% al 3% sobre la cotización.
La venta de oro se declara como ganancia patrimonial en la renta
Vender el metal genera una ganancia o pérdida patrimonial que va a la declaración de la renta: se resta el precio de compra al de venta y se tributa por la diferencia. Si la operación se cierra en una tienda especializada queda registro, y ese registro permite que reclamen la factura original de compra para calcular el beneficio. Entre particulares el rastro desaparece, y con él la prueba del precio pagado, lo que no extingue la obligación. El desglose fino —comisiones, sobrespot, qué se considera precio de adquisición— es lo que decide si la jugada sale a cuenta o se queda en un cambio de divisa caro y disfrazado.
¿Es más barato el oro en Dubái que en Madrid?
La cotización de referencia citada en el hilo se movía en torno a
1.870 euros la onza, y es un estándar mundial: cambia el sitio, no el metal. Hay quien sostiene que en los mercados de la zona el oro llega a comprarse algo más caro, y quien apunta lo contrario, pero el sobrecoste que se detecta es comercial, no de materia prima. Lo que sí resulta más barato en origen es el oro manufacturado, el de 18 quilates y mucha mano de obra encima: menos pureza, más vitrina.
¿Qué pasa si no soy residente fiscal en España?
Ese punto queda sin cerrar. La consulta plantea una salida a Brasil y una estancia de dos a tres meses en Costa Rica con posible trabajo, sin fecha de vuelta a Madrid, y la pregunta sobre la residencia fiscal se queda flotando en el aire. Con esos mimbres, la duda pesa más que la operación con el metal.
Al final, el oro no era el problema. El IVA no existe si se elige bien la pieza, el metal vale lo mismo en todas partes y lo que se interpone son un formulario aduanero y una ganancia patrimonial que declarar. ¿Merece la pena montar el tinglado por un sobrespot del 3%? Depende de una pregunta que nadie ha respondido todavía: a qué país le vas a declarar el año que viene.