Un recorte de 1957 y los récords de calor: ¿qué se puede medir?
¿Se pueden comparar las temperaturas de 1957 con las de hoy sin más? Un recorte de prensa de aquel año, con registros de calor extremo, ha servido para reabrir una discusión que va mucho más allá del papel amarillento: la fiabilidad de las series históricas, el efecto de las islas de calor urbanas y el papel real del CO2 en el clima. El dato viejo no demuestra nada por sí solo, pero tampoco lo hace el titular de turno que cada verano anuncia un récord absoluto.
Qué dice el recorte de 1957 y por qué se usa como prueba
El hallazgo central es sencillo: en España hay registros históricos de temperaturas extremas muy anteriores a la industrialización masiva. En el material se cita un dato concreto:
46,6 grados en Sevilla entre 1901 y 1930, por encima de los 46,1 actuales. La diferencia, argumentan quienes defienden esta lectura, no está en el termómetro sino en cómo se mide: garitas Stevenson grandes, termómetros de columna con mucha inercia y un entorno urbano que entonces no era el asfalto recalentado de hoy.
La objeción técnica es razonable: si cambias el instrumento, cambias la serie. Se están sustituyendo las garitas clásicas por estaciones tipo
Davis, que dan valores más extremos, y eso facilita que caigan récords con más frecuencia. La continuidad de las series se corta y comparar el antes con el después pierde parte de su valor.
El CO2 y las glaciaciones: los argumentos que se cruzan
El segundo frente es el climático de fondo. Una parte del análisis sostiene que el clima siempre ha cambiado: glaciaciones, óptimo climático medieval, pequeña edad de hielo. Los vikingos cultivaban trigo en Groenlandia hacia el año 1000 y los romanos vides en Inglaterra hacia el 100, cultivos hoy impracticables. Si el clima de hace 2.000 años era similar o más cálido, ¿por qué el actual es extraordinario?
La respuesta que se da desde el otro lado es cuantitativa: en los últimos 200 años se ha detectado mayor variación de CO2 que en los últimos 100.000. La pregunta lanzada es directa: ¿qué otro factor, que no sea la actividad humana, lo explica? Los volcanes emiten, sí, pero estaban antes y siguen ahora; la actividad humana, no. Y la mayoría de la contaminación no viene de los particulares.
El efecto de las estaciones urbanas: el Retiro y el asfalto
Hay un tercer hilo, quizá el más sólido técnicamente: la isla de calor. La estación del Retiro, cuando se instaló, estaba casi en medio del campo, en el extrarradio de Madrid. Hoy tiene al lado la Torre de Madrid y kilómetros de construcción. Eso no invalida la serie, pero la contamina.
El argumento se extiende a los observatorios: no todos son meteorológicos. Y a los registros históricos de las estaciones andaluzas, donde buena parte de los récords de temperatura máxima no son de este siglo. En el material se repasa que Cádiz, Huelva, Sevilla, Morón y Málaga tienen su récord en el siglo XX, mientras que Córdoba, Jaén, Granada y Almería lo tienen en el XXI. Las estaciones con menos de 20 años de registro concentran sus máximos en 2017.
El ciclo solar y el vapor de agua: los factores que no se suelen citar
Otra línea apunta a factores externos. El eje rotacional de la Tierra varía, la rotación misma tiene ciclos, y el sol tiene los suyos. El ciclo solar 25, que alcanza su punto máximo en julio, se considera el más activo en manchas solares de los últimos 21 años.
A esto se añade el vapor de agua. La erupción del volcán Tonga en 2022 emitió una cantidad enorme de vapor de agua, en torno a un 10% de la que ya había en la atmósfera, y es el mayor gas de efecto invernadero existente. La NASA pronosticó que calentaría el planeta durante al menos cinco años, mientras los aerosoles enfriadores durarían dos o tres.
Qué se puede concluir y qué no
El recorte de 1957 no cierra ninguna discusión. Lo que hace es recordar que las series históricas tienen problemas de homogeneidad, que las estaciones urbanas miden lo que miden y que atribuir cada verano récord al CO2 sin matices es tan precipitado como negar cualquier influencia humana. Con estos mimbres, la próxima ola de calor volverá a llenar titulares. Y el termómetro seguirá midiendo lo que siempre midió: el sitio donde está puesto.