Montero desvincula a Cerdán del PSOE tras su entrada en prisión
María Jesús Montero sostiene que la entrada en prisión de Santos Cerdán es «un asunto de una persona que no tiene qué ver con el
PSOE». La frase, pronunciada por la vicepresidenta primera del Gobierno, ha caído como un jarro de agua fría entre quienes recuerdan que Cerdán fue secretario de Organización del partido hasta hace apenas unos días. La declaración llega después de que un juez decretara su ingreso en prisión, un hecho que ha reabierto el debate sobre la separación entre las responsabilidades individuales y la estructura de los partidos.
¿Qué ha pasado con Santos Cerdán?
El exdirigente socialista ha ingresado en prisión por orden de un juez. Según una información publicada, la investigación apunta a una trama que incluye una subvención directa de hasta 40 millones de euros para una obra navarra que terminó adjudicándose a una alianza de empresas vinculada al exdirigente. Según esa misma información, Montero habría tenido un papel decisivo para que el Gobierno concediera esa ayuda, autorizando a Óscar Puente a habilitar el pago por tramos pese a no contar con Presupuestos Generales del Estado. La vicepresidenta, sin embargo, se limita a marcar distancia: el asunto es personal, no orgánico.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que la defensa de Montero es un ejemplo de manual de cómo los partidos protegen a los suyos hasta que la justicia aprieta, y entonces los sueltan de la mano. Otros apuntan a que, estrictamente hablando, Cerdán dimitió hace unos días y ya no ocupa cargo alguno en la formación, por lo que la desvinculación sería formalmente correcta. La discusión, en cualquier caso, trasciende el caso concreto: ¿puede un partido desentenderse de quien fue su número tres hasta anteayer?
El argumento de la dimisión preventiva
La defensa más repetida es que Cerdán ya no pertenece a la estructura del PSOE. Dimitió. Es un ciudadano más. Bajo esa lógica, cualquier imputación posterior es un asunto privado. El problema es que esa misma lógica se ha usado otras veces y el electorado empieza a conocer el guion. La secuencia es siempre la misma: primero se defiende al señalado, luego se le pide que dé un paso atrás, después se le deja caer y finalmente se declara que nunca fue tan importante. El votante socialista, dicen algunos análisis, asume este relato con resignación: «menos mal que dimitió y ya no tenemos nada que ver con él».
La cuestión de fondo es si esa estrategia funciona. Hay quien sostiene que una parte significativa del electorado no sigue estos asuntos con detalle. El nombre de Cerdán no es conocido por la mayoría de los votantes, lo que facilitaría que el mensaje de desvinculación cale sin demasiado ruido. La política, al final, es a menudo una cuestión de gestión de la atención.
La subvención de 40 millones que salpica a Montero
El elemento más incómodo para la vicepresidenta no es la entrada en prisión en sí, sino la subvención. Según una información publicada, Montero autorizó a Óscar Puente a conceder una ayuda directa de hasta 40 millones de euros para una obra navarra que acabó en manos de una alianza de empresas vinculada a Cerdán. El pago se habilitó por tramos, esquivando la falta de Presupuestos. Es decir, se buscó la fórmula para que el dinero llegara igualmente.
Ese detalle es el que convierte la declaración de Montero en algo más que una frase desafortunada. No se trata solo de desvincularse de un exdirigente, sino de hacerlo mientras se gestionaba una subvención que le beneficiaba. La pregunta que sobrevuela es si esa ayuda habría existido sin la intermediación del secretario de Organización. La respuesta, a día de hoy, no está en los autos.
La reacción del ecosistema político
En el espectro político, la declaración de Montero ha sido recibida con una mezcla de incredulidad y oportunismo. Desde la oposición se señala que es imposible creer que el secretario de Organización de un partido no tenga relación con ese partido. Desde la izquierda más crítica con el PSOE se apunta a que esta es la enésima vez que se utiliza el mismo manual: negar, diluir, esperar a que pase el temporal. Y en el centro, la sensación es que la política española se ha convertido en un ejercicio de cinismo donde las palabras han perdido todo su significado.
Lo cierto es que la declaración de Montero no es un lapsus. Es una estrategia. Y como estrategia, tiene un coste: cada vez que se dice que alguien «no tiene nada que ver» con el partido, se erosiona un poco más la confianza en las instituciones. El votante puede no saber quién es Cerdán, pero entiende perfectamente cuándo le están tomando por tonto.
¿Cuánto tiempo tardará el PSOE en dejar de decir que Cerdán no tiene nada que ver con el PSOE? La respuesta probablemente dependa de lo que digan los jueces. Mientras tanto, la vicepresidenta sigue con su agenda, y el resto, mirando hacia otro lado.