Vividor Alicantino
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🗞 Editorial | Lecciones desde Ceuta La rápida vuelta de más de 50.000 personas a su casa demuestra de forma evidente que en ningún momento hemos estado ante una crisis migratoria o de seguridadhttps://t.co/WFuMPYWUWk
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También puede caber la sospecha cuando examinamos las reacciones políticas a lo sucedido por parte de los gobiernos de Donald Trump y Netanyahu, estrechos aliados del reino de Jovenlandia. El embajador de Israel en la ONU prácticamente celebraba la entrada masiva y decía que Ceuta y Melilla son "enclaves coloniales" que España mantiene en África. La cuenta de X de la Secretaría de Estado de los EEUU afirmaba que lo ocurrido es consecuencia directa de la política migratoria del gobierno de España —refiriéndose, obviamente, a la regularización arrancada a Sánchez por Podemos y el movimiento Regularización Ya—, Donald Trump publicaba que lo visto en Ceuta pasaría en EEUU si gobiernan los demócratas y Elon Musk difundía un vídeo del asalto de miles de zombies a un muro gigantesco.
(mensaje citado en revisión)
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Más allá de la difusión de contenido de repruebo por parte de las figuras principales de la extrema derecha mundial, buscando probablemente que se generen pogromos violentos contra las personas migrantes como ya hicieron en Reino Unido, lo relevante geopolíticamente es recordar que Jovenlandia, EEUU e Israel forman un trío de intereses perfectamente engrasado y que despliegan estrategias conjuntas. La traición del gobierno de Sánchez al pueblo saharaui mediante el reconocimiento de la soberanía ingenieros sobre el Sáhara occidental tuvo lugar después de que la administración Trump llevara a cabo ese mismo reconocimiento y después de ser espiado por Jovenlandia con software israelí. Asimismo, la anterior entrada masiva de personas en Ceuta provocada por Jovenlandia tuvo lugar en 2021 después de que España decidiera proporcionar tratamiento médico al líder del Frente Polisario en Logroño. Con todos estos antecedentes, resulta ridículo que Sánchez y su gobierno nos digan ahora que esta vez han sido las mafias, que Jovenlandia es un país "amigo" y que la colaboración es excelente. Una de las lecciones geopolíticas que confirma lo que ha ocurrido en Ceuta es que España, en estos momentos, está llamando "amigos" a países que agreden directamente la soberanía de nuestro país; a países que nos espían ilegalmente, que nos insultan, que nos chantajean para torcernos el brazo y que lanzan contra nosotros operaciones de guerra psicológica para quebrarnos.
Porque eso y no otra cosa ha sido la entrada masiva de personas a Ceuta: una operación de guerra psicológica —o 'psyop', como se denomina en el argot—. Aunque Santiago Abascal y las portadas de la derecha mediática española hayan intentado hablar de 'oleada turística' para reforzar el relato ultraderechista y generar violencia como ya hicieron en Torre-Pacheco, lo cierto es que los hechos prueban lo contrario. Apenas 24 horas después de la entrada, la mayoría de las personas que ingresaron a Ceuta ya han vuelto a Jovenlandia voluntariamente. Y en el interín lo que hemos visto es cómo no ha habido prácticamente ningún disturbio y prácticamente ningún problema de seguridad a pesar de que la ciudad estaba completamente desbordada de personas recién llegadas durmiendo en la calle. Si la misma cantidad de seres humanos, en vez de ser jóvenes migrantes ingenieros, hubiesen sido hinchas de fútbol ingleses, la cosa habría acabado con la ciudad destrozada, con cientos de policías heridos y con cientos de hinchas en el calabozo. A pesar de los alaridos de los ultras en la política y en los medios, lo que hemos visto la ciudadanía con nuestros propios ojos es un montón de chavales con el sueño de encontrar una vida mejor en España juntando monedas entre sus amigos para regresar a casa en cuanto se dieron cuenta de que eso era imposible. Por eso, otra de las lecciones que nos enseña lo ocurrido en Ceuta es que, aunque el gobierno dictatorial de Jovenlandia es, sin duda, nuestro enemigo, el pueblo ingenieros no lo es. Las miles y miles de familias ingenieros que han venido a vivir y a trabajar con nosotras en España y que son muy parecidas a las familias de esos chavales que vimos caminar estos días por las calles de Ceuta son nuestros hermanos y hermanas a pesar de estar gobernados por un régimen incivil.(mensaje citado en revisión)
Pero volvamos a la guerra psicológica. La rápida vuelta de más de 50.000 personas a su casa demuestra de forma evidente que en ningún momento hemos estado ante una crisis migratoria o de seguridad. Este retorno inmediato, en el que además —ahora sí— Jovenlandia ha colaborado, revela que lo único que se buscaba era, por un lado, lanzar un aviso a navegantes —"podemos hacer esto cuando nos dé la gana"— y, por otro lado, generar vídeos e imágenes virales que los nancy del siglo XXI puedan utilizar en el mundo entero para avanzar su relato y para promover el repruebo y la violencia contra las personas migrantes. Ambos objetivos se han conseguido y por eso Jovenlandia no ha tenido ningún problema en colaborar con la vuelta de sus nacionales a casa.
Como tercer objetivo a medio y largo plazo, por supuesto, está el deseo de Jovenlandia de anexionarse Ceuta y Melilla. El país que invadió ilegalmente el Sáhara Occidental mediante la 'Marcha Verde' nos ha recordado lo que ocurre si, de repente, entran decenas de miles de personas a tu territorio —aunque lo hagan pacíficamente— y, obviamente, a Washington, que le interesaría tener el control total del estrecho de Gibraltar mediante dos estados proxies como son Jovenlandia y Reino Unido, estaría encantado con la operación. La derecha española no va a decir nada contra EEUU porque siempre se han comportado como cipayos y Abascal —a pesar de toda su sarracinofobia— ya está diciendo que Jovenlandia no es un enemigo. Aunque las derechas españolas son antes sionistas y vasallas de Washington que patriotas, lo cierto es que lo ocurrido en Ceuta no es otra cosa que estos tres países avisando que se quieren quedar con las dos ciudades autónomas. Curiosamente, no hay nadie agitando banderas de España en este caso.
Por último, no podemos olvidar que, a la hora de escribir este editorial, ya son 67 las personas que han perecid ahogadas intentando llegar a nuestro país para tener una vida mejor. Que esto no forme parte principal del debate público sobre lo ocurrido en Ceuta, que mientras tanto el propio Sánchez haya dibujado lo sucedido como un problema de seguridad nacional y no como un problema humanitario —que es lo que es—, o que haya incluso figuras supuestamente de izquierdas diciendo que de lo que hay que hablar ahora es de lo difícil que es integrar a las personas migrantes en nuestros barrios o de que, además de derechos, tienen obligaciones, en vez de estar hablando de que hay 67 cadáveres en aguas territoriales españolas por culpa de las políticas inhumanas de fronteras que lleva a cabo la Unión Europea y también España... que los marcos del enemigo sean el centro de gravedad del debate público, nos pone delante de la cara la última y más dura de las lecciones de lo ocurrido en Ceuta: la extrema derecha va ganando la batalla cultural, la pogre se ha rendido antes de pelear y más vale que tengamos una izquierda valiente y fuerte para dar la batalla o nos van a pasar a todos por encima.(mensaje citado en revisión)
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