Para qué han muerto tantos ucranianos: la aritmética que nadie quiere hacer
¿Para qué han muerto tantos ucranianos? La pregunta, formulada sin adornos, sostiene que una generación entera quedó enterrada en las tierras ucranianas para dejar un país en ruinas, más pobre que Somalia y con una deuda que no pagarán ni quienes todavía no han nacido. La respuesta, sin embargo, no es única. Y ahí empieza todo.
El punto de partida es una tesis incómoda: si el final estaba cantado, ¿no habría sido más lógico rendirse sin disparar un tiro? Quien la defiende habla de orgullo, de familias rotas y de apellidos que se pierden. Quien la rebate responde con una sola palabra: patria. Entre los dos extremos, la conversación deriva hacia lo que de verdad se discute, que no es el ayer sino la factura del mañana.
¿Cuánta población ha perdido Ucrania en la guerra?
El cálculo más repetido parte de una cifra:
45 millones de habitantes antes del conflicto, según una entrada de Wikipedia que se cita como referencia. De ahí, la resta es brutal. Cinco regiones conquistadas por Rusia sumarían unos
9 millones de habitantes; los desplazados alcanzarían los
15 millones, de los que cuatro millones habrían ido a zona rusa y once a Europa Occidental o más allá. El saldo: unos
21 millones de personas en el territorio que queda.
Son estimaciones, no censos. Nadie ha contado casa por casa y las cifras bailan según la fuente. Pero incluso con el margen más generoso, la fotografía es la de un país que ha perdido la mitad de su gente. La pregunta de si eso se podía haber evitado no se responde con demografía.
Por qué se sostiene que resistir mereció la pena
Frente a la aritmética, el argumento de quienes defienden la resistencia no es numérico. Es moral. Se defiende la casa, la familia, la tierra, y hay quien recuerda que los catalanes lucharon contra dos imperios mucho mayores —Castilla y Francia— con aliados que acabaron traicionándolos, sabiendo que era imposible ganar. Siguieron, dice el argumento, por dignidad.
La comparación histórica recurrente es la Guerra de la Independencia española. ¿Qué hicieron los españoles frente a Napoleón? Formar juntas de defensa, retirar tropas, montar guerrillas y buscar aliados. La cita de
Melchor de Jovellanos sobre luchar por los propios derechos y no por una dinastía aparece más de una vez. Y hay una sentencia que resume la postura; a veces solo se lucha por salvar la propia moral y la dignidad humana. Contra eso, ninguna cifra pesa.
La lectura geopolítica: quién gana con la guerra
Aquí el tono cambia. Una corriente sostiene que el verdadero objetivo no es salvar Ucrania, sino desgastar a Rusia: desmembrarla y, de paso, asfixiar a China por la vía energética, porque buena parte de su suministro viene de esa zona. En esa lectura, Estados Unidos no busca socios, busca eliminar competidores.
El corolario es financiero. La reconstrucción, se argumenta, correría a cargo de contratistas estadounidenses y lo que quede del país quedaría atado por una deuda impagable. Otros apuntan a China como la gran beneficiaria económica del desgaste ajeno. No es un argumento aislado: se recuerda que los organismos internacionales condicionan sus préstamos a reformas concretas, y se citan casos en Argentina y en Bielorrusia para sostener que la ayuda nunca sale gratis.
Sobre los Acuerdos de Minsk, firmados en 2014, circula la tesis de que sirvieron para ganar tiempo y militarizar el terreno, algo que se atribuye a declaraciones posteriores de responsables europeos. La conclusión que se extrae es incómoda: si el acuerdo era un trampantojo, la escalada no fue un accidente.
¿Y los muertos rusos?
Esa es la réplica más repetida. Si la pregunta es para qué mueren los ucranianos, la simétrica es para qué mueren los rusos, que a juicio de esta corriente no defienden nada propio sino un objetivo imperial ajeno. Se responde que la guerra no persigue un propósito elevado: alguien invade, alguien mata, y la resistencia es la consecuencia, no la causa. La formulación más limpia que se lee es que no es que los ucranianos mueran para algo, es que hay quien los está matando.
El detalle que descoloca: la ucraniana que buscaba su tercer piso
Entre los argumentos duros aparecen escenas cotidianas. Los informativos recogieron en enero de 2023 el caso de una joven ucraniana que visitaba viviendas en Alicante para comprar
su tercer piso; los dos anteriores, como inversión, y lo de inversión era literal. En Torrevieja, municipio con fuerte presencia ucraniana, la venta de vivienda se habría disparado. Son anécdotas, no tendencias, pero alimentan a quien sostiene que el relato oficial y la vida real no siempre coinciden.
Volvemos al principio. La pregunta de para qué han muerto tantos ucranianos probablemente no admite una respuesta única porque casi nunca se plantea como pregunta, sino como acusación. Unos ven en ella la rendición disfrazada de lógica; otros, la cuenta que nadie quiere hacer en voz alta. ¿Y si la respuesta honesta fuera que no la tiene nadie?