No he leído todo el libro todavía, de manera ordenada sólo hasta la página 204, y tengo que decir que excepto las primeras 50 o así el resto me parece relleno y una serie de lugares preconcebidos y de relativismos varios, no entiendo demasiado bien la diferencia entre dos de los tres tipos de planos daimónicos de los que habla y tampoco tiene mayor relevancia cuando tropecientas páginas después dice que va a utilizar esos términos (anima mundi,...) de manera indiferente pero intencional. Sin embargo, he leído otras partes que me han llamado más la atención ubicadas en el capítulo 3, en concreto la distinción entre alma y espíritu y su plasmación en los arquetipos de la mitología griega y nórdica.
Si mal no recuerdo hace un tiempo se abrió un hilo en el que se trató, sucintamente, este tema. Uno de los foreros sostenía que el espíritu es básicamente un principio masculino y el alma, que él consideraba general, femenino con sus respectivas características asociadas al igual que hace este libro, pero iba un paso más allá y asumía que el espíritu, principio masculino e individualista por excelencia, prefiere como contenedor al hombre, transmitiéndose habitualmente de padres a descendientes pero con el fin de acumular suficiente poder y conformarse como ser independiente, sin vínculo corporal, en el plano daimónico (astral). Aunque como teoría llamó mi atención no le di demasiada importancia hasta leer esa parte del ánima versus espíritu en el libro, donde el autor, de manera soslayada, extiende esa dicotomía al carácter de las naciones y sus habitantes en el tiempo siendo la Alemania de las guerras (y yo añado la de hoy día) un ejemplo de espíritu desvinculado al alma, de sobreexceso de espíritu, digamos. ¿Creéis en la posibilidad de que haya una distribución en nuestro plano terrestre en función de esos dos conceptos? y de ser así, ¿serían invariables o se pueden matizar?, a menudo he observado que los españoles tienden a ser sutilmente diferentes si están dentro de España o fuera, cosa que siempre me ha llamado la atención. ¿Hay, por tanto, alguna predeterminación de en dónde nacemos y rodeados de quiénes los hacemos más allá de cumplir con el karma de otras vidas (en el que yo no creo, por cierto)?
Uno de los aspectos más inquietantes, y que se desparrama por todo el libro, es la dualidad benéfica-maléfica de los dáimones, o de una buena parte de ellos, y su capacidad para la tentación lo que los equipara a una especie de animal exótico pero peligroso y su fascinación por lo que no tienen, el espíritu humano, ávidos de su pertenencia para darles un sentido de orden y clasificación pero, a la vez, asustados por su férrea disciplina y su visión unidimensional. Coincido, según esta definición, en lo que otro forero advierte un poco más arriba: ese comportamiento es el típico de un diablo, por ende su nivel de peligrosidad aumenta exponencialmente y creo que el autor del libro, si bien menciona todos estos datos, trata de blanquear esos rasgos de comportamiento desde el espíritu del romanticismo aunque los defina como entes potencialmente peligrosos y poco fiables.
Me gusta la forma en la que habla sobre las mitologías nórdicas y griega (al menos en lo que he leído) y hace que me sienta especialmente interesado por releerlas y analizarlas en función de estos nuevos datos, me llama mucho la atención el papel casi central que en algunos pasajes adquiere la figura de Hermes y la necesidad de saber moverse y actuar como tal para poder desenvolverse con soltura en el plano astral, haciéndome reflexionar sobre mi concepción de lo que son los cultos herméticos que hasta este momento yo interpretaba como cerrados, exclusivos, cuando ahora comprendo que la palabra que mejor los define es evasivos. En determinado momento incluso habla de un último intento de "fusión", de amalgama, entre el cristianismo, el neoplatonismo y el sincretismo cabalístico, no sé, en absoluto, qué movimiento religioso fue ese pero me gustaría saber más del tema si alguno sabe a lo que se refiere y si queréis abrir algún nuevo tópic sobre alquimia, cábala y hermetismo estaré encantado de leeros porque me llama la atención muchísimo todo este tema.
He reflexionado también sobre cómo el plano daimónico afecta a nuestra existencia más terrenal y he llegado a la conclusión de que Internet, la red, es la creación de nuestro propio sucedáneo material de plano astral donde los entes claramente maléficos estarían personificados por bicho y los dáimones ambiguos seríamos los humanos con nuestra propia personalidad liberada del yugo (para bien y, especialmente, para mal) de nuestras sociedades materiales y físicas donde ciertas ideas, expresiones,... conllevan descrédito público, hostigamiento, conflictos,... Sin embargo, no se me escapa que para acceder a este espacio neodaimónico que han llamado la "red" (de la araña) accedemos a través de direcciones, caminos, empezados por tres www y todo el valor "gemátrico" y simbólico que eso supone, lo que me indica que para nuestras "queridas" élites, esas que "diseñan" la arquitectura físico-espacial del mundo digital, el plano daimónico, tanto el de internet como, posiblemente, el común astral, tienen el carácter de trampa, jaula, cárcel,... espacio de engaños, al fin y al cabo,... Inquietante.