Sánchez no dimitirá, según la abrumadora mayoría del análisis político independiente
La convocatoria del presidente del Gobierno a declarar el 29 de julio en el caso Begoña ha reavivado el runrún de una posible dimisión. Pero cualquier analista con un mínimo de memoria sabe que Pedro Sánchez no es de los que se van por las buenas. La propia mecánica del caso, con citaciones judiciales que se enredan en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, apunta más a un nuevo round de resistencia que a un adiós.
El blindaje legal del presidente: el artículo 412 como escudo
La clave jurídica la aporta el artículo 412 de la LECrim, que exime al presidente y a altos cargos de comparecer personalmente ante el juez, permitiéndoles declarar por escrito. Esto no es un capricho: es la norma que ha blindado a todos los presidentes desde la Transición. Que el juez Peinado haya denegado esa opción no cambia la realidad: la ley ampara a Sánchez para no presentarse en el juzgado, y el equipo legal del Gobierno ya ha anunciado que recurrirá. Dicho de otro modo: la declaración del lunes 29 podría no producirse, o hacerlo por escrito, desactivando el drama.
Escepticismo generalizado ante la posibilidad de dimisión
Quienes siguen la política española con datos, no con eslóganes, lo tienen claro: Sánchez no ha dimitido ni cuando tenía motivos más sólidos para hacerlo. Tras el 28-M, cuando su partido perdió feudos históricos, optó por un adelanto electoral en lugar de renunciar. Ahora, con una investigación judicial a su entorno familiar, la estrategia es la misma: aguantar y judicializar el conflicto. Las voces que apuntan a una dimisión inmediata se basan en fuentes no verificadas o en deseos más que en realidades procesales.
La anécdota de la gematría: cuando el deseo se disfraza de profecía
Entre las especulaciones, algunas alcanzan niveles pintorescos. Hay quien ha intentado demostrar, mediante gematría, que la fecha 29/07/2024 «condenaba» a Sánchez a dimitir, sumando y restando dígitos hasta forzar la palabra «DIMISIÓ». El resultado, por supuesto, no se sostiene ni con pegamento. Lo curioso es que, en tiempos de incertidumbre, siempre aparece la numerología como consuelo para quienes necesitan creer que el presidente se irá. La realidad es más tozuda: Sánchez lleva años demostrando que su capacidad de resiliencia política es directamente proporcional a la presión judicial.
El coste político y económico de una dimisión forzada
Más allá del culebrón judicial, el impacto económico de una hipotética dimisión sería inmediato. La prima de riesgo española, que ya coquetea con niveles de nerviosismo, se dispararía ante un Gobierno en funciones en pleno semestre europeo de presidencia. Los mercados odian la incertidumbre, y una salida abrupta de Sánchez, con su compleja mayoría parlamentaria, abriría un escenario de bloqueo que ningún inversor quiere. Por eso, desde la lógica del poder, la jugada racional es resistir: judicializar, retrasar, desgastar. La dimisión sería la opción irracional, y Sánchez no es conocido por ser irracional.
Con el lunes 29 de julio en el horizonte, la pregunta no es si Sánchez dimitirá (no lo hará), sino cuánto durará el nuevo culebrón. El dato que descoloca: la misma Ley que le permite declarar por escrito es la que el juez le ha negado, creando una pugna entre el Ejecutivo y el Judicial que puede alargarse semanas. Al final, como siempre, la bola de nieve judicial terminará en el Tribunal Supremo o en el Constitucional. Mientras tanto, Sánchez sigue en Moncloa. Como si nada.