Sánchez da positivo en covid y se cae el viaje al G-20
Pedro Sánchez anunció en un mensaje publicado en redes sociales que había dado positivo en covid y que, por ese motivo, no podía desplazarse a Nueva Delhi para asistir a la Cumbre del G-20. En el mismo texto, el presidente del Gobierno añadía que se encuentra bien y que España quedará representada por la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y por el ministro de Exteriores, UE y Cooperación. Hasta ahí, el comunicado. Lo demás —y ahí está el jugo— es lo que cada cual decide leer entre líneas.
La reacción no se hizo esperar y discurrió por los cauces de siempre: unos cuantos dudaron del positivo, otros se rieron del positivo, algunos se preocuparon por el positivo y no pocos aprovecharon para ajustar cuentas con la gestión sanitaria de los últimos años. La coincidencia, si es que puede llamarse así, fue más bien escasa.
¿Es creíble el positivo o es una excusa para no viajar?
La sospecha circuló desde el primer minuto. Hay quien sostiene que el positivo es un invento y que lo que realmente ocurre es que al presidente no le apetecía hacer el viaje a la India. La formulación más repetida fue la de la pereza: que si el vuelo es largo, que si el calor, que si la agenda. En esa línea se apuntó incluso a que el covid podría ser una coartada para esquivar compromisos internacionales incómodos.
Frente a esa lectura, otra parte del comentario aceptó el positivo sin más y se limitó a desear una recuperación rápida. La cosa se complicó cuando alguien recordó que el propio presidente está vacunado y que, en teoría, eso debería reducir la probabilidad de contagio. La paradoja —vacunado y contagiado— sirvió de munición para los más críticos con la estrategia de vacunación y para los que llevan tiempo señalando que el relato oficial sobre la pandemia hizo aguas hace mucho.
El covid como arma política de doble filo
El episodio sirvió para reabrir una guerra que nunca se cerró del todo. Por un lado, están los que ven en cada positivo oficial una maniobra de distracción o un ensayo general de lo que llaman «el próximo encierro». Por otro, los que consideran que el covid ya no es más que una gripe con nombre mediático y que seguir dándole cobertura institucional es una forma de mantener a la población en tensión permanente.
En medio de ese ruido, un dato que se repitió con insistencia: que el covid ya no es causa de baja laboral en muchos convenios y que, sin embargo, sigue siendo motivo de comunicado oficial cuando afecta a un miembro del Gobierno. Esa asimetría —el ciudadano común va a trabajar con paracetamol y el político se recluye con nota de prensa— fue uno de los argumentos más repetidos.
Las cuentas pendientes de la gestión sanitaria
El positivo de Sánchez también sirvió para que algunos recordaran episodios anteriores de la pandemia y la gestión de las vacunas. Se habló de dosis de refuerzo, de contratos con farmacéuticas y de la sensación de que el ciclo covid se está reactivando por motivos que trascienden lo sanitario. No faltó quien vinculó el anuncio con la necesidad de justificar nuevas campañas de vacunación o con la preparación del terreno para restricciones futuras.
La desconfianza hacia los medios y hacia las instituciones sanitarias internacionales volvió a aparecer. Hubo quien calificó el episodio de «circo» y quien lo enmarcó en una supuesta estrategia de comunicación para mantener el tema en la agenda. Nada de eso se puede verificar con los datos disponibles, pero el hecho de que se plantee dice bastante del clima.
Qué pasa con la representación de España en el G-20
Más allá del ruido, el mensaje oficial deja claro que España no quedará sin representación en la cumbre. La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y el ministro de Exteriores, UE y Cooperación asumirán el papel que iba a desempeñar el presidente. Es decir, el viaje se cae para Sánchez, pero no para el Gobierno.
Eso sí, la ausencia del presidente en una cumbre del G-20 no es un asunto menor. Estas citas sirven para cerrar contactos bilaterales, para posicionar temas en la agenda global y para hacer fotos que luego se venden como logros. Delegar en dos ministros no es lo mismo que estar allí, y eso lo saben en Moncloa y en cualquier cancillería.
El covid que no se va y la política que no se detiene
El positivo de Sánchez es, en el fondo, un recordatorio incómodo: el covid sigue existiendo, aunque ya no ocupe portadas. Y la política sigue funcionando con sus reglas de siempre, incluso cuando el virus se cruza en la agenda. La pregunta no es si el positivo es real o inventado —eso solo lo sabe él y su equipo médico—, sino por qué cada vez que aparece un tema sanitario la conversación deriva inmediatamente hacia la desconfianza institucional.
¿Es posible que el covid se haya convertido en un símbolo más de la polarización, un tema que ya no se discute por sus implicaciones sanitarias sino por lo que dice de cada bando?