Las películas del soldado alemán que no blanquean al régimen
Para quien pide cine de la Segunda Guerra Mundial rodado desde el bando alemán, la lista que vuelve tiene una ironía incorporada: casi todos los títulos que se citan con ese perfil son, sin excepción, películas antibelicistas. Es lo que ocurre cada vez que se reclama un catálogo de filmes «desde la perspectiva de los buenos» aplicado al Eje. La respuesta se llena de submarinos claustrofóbicos, de derrotas en el frente del Este y de oficiales que han dejado de creerse el relato que les vendieron. El soldado, sí. El régimen, ni de lejos.
¿Qué películas cuentan la Segunda Guerra Mundial desde el lado alemán?
Tres títulos concentran el consenso.
Das Boot (1981), el clásico del submarino alemán que atraviesa el estrecho de Gibraltar para llegar a la base italiana de La Spezia, bombardeada por los británicos en 1941.
Stalingrado (1993), que arranca con una unidad trasladada desde Francia al cerco del Volga y que, pese a unos tiroteos poco creíbles, se sostiene como una de las cintas más duras del género. Y
Die Brücke, sobre adolescentes reclutados para defender un puente en los últimos días de la contienda.
A partir de ahí, la lista se ensancha: la serie alemana
Unsere Mütter, unsere Väter, el filme estonio
1944, y títulos como
Ha llegado el águila o
Los violentos de Kelly, que se citan más por el retrato del militar alemán que por su fidelidad histórica. Llama la atención que quien pregunta por el bando perdedor reciba, sobre todo, obras donde el enemigo no es un monstruo de cartón, sino un hombre asustado dentro de un compartimento estanco.
La frontera entre humanizar al soldado y blanquear al régimen
Hay una línea, fina pero real, entre retratar al combatiente y absolver al aparato que lo envió a morir. Un tramo del análisis lo señala con precisión: la filmografía producida por el propio régimen —
Regreso a casa,
El hombre de la cruz,
Por encima de todo el mundo — no busca matizar nada, busca movilizar. El caso extremo es
Kolberg, rodada en 1945 por el director predilecto del aparato propagandístico cuando la derrota ya estaba cantada, y descrita como el último acto de propaganda de un Estado en descomposición. Rodada en color, con un despliegue pensado para un público que ya no existía.
Ahí está la paradoja que ordena todo el listado: el cine bélico alemán de posguerra no glorifica, se duele. Una parte del análisis subraya incluso que las mejores aproximaciones a la crueldad del conflicto llegaron del cine soviético —
Ven y mira,
17 instantes de una primavera— o de la extinta RDA, no del alemán occidental.
¿Por qué una lista de películas acaba en las cifras de Dresde?
Como suele ocurrir, una conversación sobre cine deriva en historia, y la historia deriva en números. El bombardeo de Dresde entra de lleno. Hay quien sostiene que murieron «mínimo 200.000 civiles alemanes» y que la cifra oficial está falseada por los propios aliados para tapar la magnitud del episodio. Frente a ese cálculo, las referencias documentales apuntan a magnitudes muy distintas: los responsables municipales de Dresde hablaron en
1965 de unas
35.000 víctimas, y la comisión histórica de Sajonia fijó en
2011 una horquilla de entre
18.000 y 23.000. La distancia entre una cifra y otra no es un matiz: multiplica o divide por diez el episodio.
¿Hubo realmente un bando «bueno» en la Segunda Guerra Mundial?
El planteamiento de partida no tarda en chocar con la respuesta mayoritaria: que el régimen que desencadenó la contienda era un aparato de exterminio, no un ejército de defensores de una
cultura común. Una corriente del análisis lo dice sin rodeos. Otra matiza que los aliados occidentales tampoco fueron ejemplares y que la memoria de la guerra la escriben los vencedores. Y una tercera, más política, sostiene que el conflicto fue ante todo una pugna entre potencias por el reparto del mundo. Ninguna de esas lecturas convierte los títulos citados en apología: siguen siendo películas sobre perdedores.
Al final, el dato que descoloca es el más simple. La cinta que muchos señalan como la gran obra alemana de la Segunda Guerra Mundial,
Das Boot, es también la que un sector describe como profundamente antibelicista «por los cuatro costados». Quien buscaba héroes del Eje encuentra cadáveres dentro de un tubo de acero. El cine, a veces, no obedece al encargo.