Por qué Israel se impone con 10 millones frente a vecinos de 90
El 7 de octubre, Hamás mató a más de 1.200 israelíes y se llevó rehenes. Desde entonces, Israel bombardea Gaza y Beirut a la vez, ha descabezado la cúpula de Hezbolá y mantiene abiertos frentes que van del Líbano a Yemen. Todo con menos de 10 millones de habitantes y rodeado de países de decenas de millones. La pregunta que se hace medio internet no es moral, es contable: ¿de dónde sale semejante capacidad?
El portaaviones que sostiene medio frente
La primera respuesta no la da Tel Aviv. Un grupo de ataque naval estadounidense formado por un portaaviones, decenas de cazas y aviones de vigilancia opera frente a la costa sur del Líbano, y buena parte del trabajo de inteligencia llega de servicios británicos y estadounidenses. Occidente aporta el dinero y el material. Sin esa cobertura, sostiene una de las corrientes del análisis, la ecuación sería otra cosa.
El símil que mejor describe la asimetría no sale de un manual de estrategia: es como si Francia, con respaldo militar, económico y de espionaje de medio mundo, atacara Andorra y el resultado se presentara como una guerra entre iguales.
Ahí está el truco. El multiplicador exterior explica por qué una economía pequeña puede permitirse una operación simultánea en dos teatros.
30 a 1: el diferencial económico que maneja la discusión
Entre los cálculos que se manejan estos días hay uno que resume el desequilibrio: por PIB per cápita, un israelí valdría unas 30 veces más que un habitante de Gaza. De ahí sale otra cuenta, bastante más incómoda: si Hamás mató a más de 1.200 israelíes, para empatar en destrucción de riqueza Israel tendría que superar los 36.000 muertos del otro lado. Es un ejercicio frío, discutible y enormemente incómodo.
En la misma discusión se recuerda que Arabia Saudí sigue inmersa en una guerra en Yemen contra los hutíes desde 2014.
Setenta años de operaciones que salieron bien
La superioridad no se mide solo en toneladas de bombas. Se mide en capacidad de golpear a miles de kilómetros y volver. Del secuestro de Adolf Eichmann a la operación de Entebbe, pasando por la Guerra de los Seis Días y la respuesta al atentado de Múnich, la lista que circula es larga y en la mayoría de los casos bien documentada. Añade un elemento sicológico: el rival sabe que el castigo llega, tarde o temprano.
Pero el mito tiene grietas. En la misma conversación se recuerda que los servicios españoles desmantelaron un plan del Mosad en Barcelona en 2017 —aunque no pudieron evitar las muertes de Cambrils—. Y del lado contrario, la operación de los buscas en el Líbano, con dispositivos detonando a la vez en manos de Hezbolá, dejó a la organización sin cuadros en un solo golpe. La eficacia es real; la infalibilidad, no.
Quién paga: 31.000 millones a Jordania
El patrocinio occidental no solo va a Israel. Las cifras que circulan en el análisis incluyen 31.000 millones de ayuda a Jordania y unos 20.000 millones entregados a Etiopía en dos décadas sin contraprestación en forma de equipo militar. El argumento es que ese flujo sostiene Gobiernos aliados en la región, y que se entiende mejor como una red de contención que como un gesto de amistad.
De paso queda servida la pregunta sobre el coste de la disuasión. Mantener ese entramado no es caro solo para quien lo paga: hipoteca la autonomía de los Gobiernos que lo reciben.
Las acusaciones que nadie quiere poner en la balanza
No todo lo registrado resiste el adjetivo de mérito militar. La misma discusión recuerda los bombardeos sobre hospitales y núcleos urbanos, que algunos participantes califican de crímenes de guerra. Y la ofensiva sobre posiciones de cascos azules de la ONU en el Líbano, con al menos dos militares heridos, muestra hasta dónde está dispuesto a llegar Tel Aviv en su pulso con las instituciones multilaterales.
La respuesta habitual es que la guerra la empezó el otro bando y que la otra mejilla no es una opción para un país del tamaño de Cataluña. Es una justificación, no una refutación.
Donde el relato se atasca
Queda la pieza que no encaja. El cuerpo de Nasralá, líder de Hezbolá, apareció entre los escombros sin heridas visibles; la causa probable de la muerte, según las fuentes citadas por Reuters, fue el traumatismo por la onda expansiva. Y en paralelo se habla ya de columnas de refugiados libaneses camino de Europa vía Siria. El mismo conflicto que se presenta como una victoria de eficiencia produce, a la vez, los flujos migratorios que sacuden a los países que financian esa eficiencia. Nadie cierra el círculo.