El presidente, la IA como «agente» y un libro sin leer
Hay frases que nacen viejas. «La IA es un agente, no un instrumento» es una de ellas. La soltó el presidente del Gobierno en un acto público y bastó para reabrir una discusión que no es menor: si la inteligencia artificial deja de ser herramienta y pasa a ser sujeto, cambian las reglas de la productividad, del empleo y hasta del reparto de responsabilidad legal. El problema no es la metáfora. Es el marco. En plena resaca de precios y agobio fiscal, la intervención se quedó en una recomendación de superventas y una frase de salón.
El libro de moda y el clásico que nadie cita
Se argumenta que la elección del libro obedece más al escaparate que al criterio: recomendar lo que ya vende asegura aplauso y evita el roce. La crítica recurrente es que un líder que presume de altura intelectual no bajaría a la lista de más vendidos, sino que citaría a Aristóteles y su Política, donde ya se describía la degeneración de la democracia hacia la demagogia y, de ahí, a la tiranía. Hay quien ve en la escena no un desliz, sino un método: la política convertida en espectáculo, el gobernante en showman.
Otros matizan y sostienen que el fondo importa. Tratar la IA como agente obliga a repensar quién responde por sus errores, y eso es un debate económico legítimo, no un adorno. Lo que se discute es si alguien que no domina el asunto debería abanderarlo.
Queda la pregunta incómoda. ¿De verdad importa que un presidente entienda la IA, o basta con que sepa vender la foto? El dato de productividad no opina. Solo cae.