Doce multas por minuto: la DGT recauda, no previene
Doce multas por minuto. Ese es el ritmo al que la DGT impone sanciones, según los últimos datos. Tres provincias concentran el mayor número de denuncias, coincidiendo sospechosamente con los radares más rentables. No con las carreteras más peligrosas. El debate sobre si el conductor es víctima de una maquinaria recaudatoria o culpable de infracciones reales está más vivo que nunca.
¿Dash cams obligatorias contra el relato oficial?
Ante la desconfianza creciente, una corriente de opinión exige que las cámaras de a bordo (dash cams) sean obligatorias y emitan en directo para que la policía no pueda manipular los hechos ni mentir al juez. Se citan casos de agentes que habrían atropellado a conductores sin someterlos a pruebas de drogas, o de emboscadas de la UCO contra un conductor reincidente. La grabación continua se presenta como el único antídoto contra el relato oficial.
El alcohol: atenuante si matas, agravante si te lo sirven sin querer
Contradicciones del sistema: según una sentencia del Tribunal Supremo, si conduces borracho y causas una muerte, el alcohol puede ser atenuante (porque afecta al derecho a conducir). Pero si un camarero te sirve una cerveza sin alcohol mal etiquetada y das positivo, la responsabilidad es tuya. Y los falsos positivos en drogas son otro escándalo que nadie investiga, porque desmontarían la fiabilidad de los test.
El récord de multas: 12 por minuto, más que en ningún otro país de Europa
La DGT impone 12 multas cada minuto. Una cifra que no tiene parangón en la UE. El argumento oficial es la seguridad vial, pero la coincidencia con las provincias con más radares sugiere otra cosa: el objetivo es recaudar. Mientras, otras conductas peligrosas como la navegación de narcolanchas apenas reciben atención, mientras se persigue al conductor que coge el coche para ver a su novia.
Con estos datos, la pregunta es inevitable: ¿estamos ante una política de seguridad o ante un impuesto encubierto sobre la movilidad? El conductor se siente acosado, y las cifras no ayudan a calmar las sospechas.