Pío Moa plantea salir de la OTAN y abrir el debate sobre la neutralidad
El escritor Pío Moa sostiene que España debería abandonar la OTAN y recuperar una posición de neutralidad activa, no hostil a la Alianza, pero sí independiente de sus directrices. Su argumento central es que la pertenencia a la organización coloca al país en la posición del comerciante al que la mafia ofrece «protección» contra sí misma: un chantaje que se acepta por miedo a represalias. Moa añade que la OTAN no cubre Ceuta y Melilla, lo que a su juicio equivale a admitir que ambas ciudades podrían entregarse antes o después a Marruecos. La propuesta ha generado un debate intenso en el que se mezclan el análisis geopolítico, la crítica a los partidos y la pregunta de si existe alguna alternativa real.
El argumento de la protección mafiosa
La tesis de Moa parte de una premisa incómoda: la OTAN no es un paraguas defensivo, sino una estructura que condiciona la soberanía española. Según su planteamiento, los gobiernos que aceptan ese marco lo hacen desde la sumisión al chantaje, y al mismo tiempo han promovido los separatismos en Cataluña y el País Vasco. La organización, recuerda, no extiende su cobertura a Ceuta y Melilla, lo que en su lectura supone reconocer que esas plazas quedan fuera del paraguas aliado.
En el debate se subraya que la OTAN no es tan poderosa como se dice. Se citan sus derrotas desde Vietnam hasta Afganistán, ante países de apariencia insignificante, para cuestionar la idea de una potencia invencible. Moa defiende que España no necesita a la OTAN para resolver sus problemas internos ni para afrontar amenazas externas, y que una neutralidad sostenida con energía, no hostil, sería perfectamente factible. Si la Alianza se dedicara a aventuras con los separatismos o con Marruecos, añade, se expondría a perder a un aliado con serias debilidades internas.
¿Qué pasaría si España saliera de la OTAN?
La pregunta recorre todo el debate. Una parte de los intervinientes sostiene que la salida comportaría que la OTAN declarase a España enemiga, apoyaría los separatismos vasco y catalán y respaldaría las ambiciones de Marruecos. Es el argumento que Moa atribuye al miedo y que resume como la aceptación de que no hay alternativa. Frente a esa posición, otra corriente responde que la Alianza ya actúa como un timo para España, porque ignora el norte de África y varios de sus miembros se han posicionado con Marruecos en detrimento de los intereses españoles.
Hay quien va más lejos y plantea que el problema no es salir, sino echar de aquí a la OTAN, dado que buena parte de la clase política y del ejército son otanistas y sabotearían cualquier intento de desconexión. La discusión deriva hacia la necesidad de crear opinión pública favorable a la neutralidad, con Suiza como modelo de país pequeño, próspero y respetado. La idea de una hispanosfera, con 600 millones de hispanohablantes y una posición geoestratégica privilegiada, aparece como horizonte alternativo.
El papel de los partidos y el relato oficial
Moa señala que contra la neutralidad se han conjurado todos los partidos, extendiendo a gran parte de la población la idea de España como un país inevitablemente servil. En el debate se apunta que incluso VOX apoya a la OTAN, lo que refuerza la sensación de unanimidad. La crítica se extiende a los gobiernos del PP y del PSOE, a los que se acusa de fortalecer a los enemigos externos e internos.
La discusión también aborda el coste de mantener la actual posición. Se menciona que la OTAN ya ha matado ciudadanos españoles siendo miembros, en referencia a episodios como el de Palomares, y se recuerda que el último presidente que se opuso a la Alianza terminó fuera del poder. La base de Rota, con fuerzas extranjeras, se cita como ejemplo de cesión de soberanía. La pregunta de fondo es si España puede permitirse seguir en una estructura que no garantiza su integridad territorial.
La vía nuclear y el horizonte de la neutralidad
Una de las derivadas más llamativas del debate es la cuestión nuclear. Se sostiene que en el mundo actual solo los países con bombas atómicas son capaces de defender su integridad, y que España podría desarrollar la suya en menos de un mes o comprárselas a Rusia tras salir de la OTAN. Putin, se argumenta, estaría encantado de crear un problema semejante para los anglos en pleno Atlántico. La idea no está exenta de críticas: hay quien recuerda que ninguna potencia nuclear vende un arma atómica, y que Rusia solo se salvará a sí misma.
El cierre del debate no ofrece una conclusión cerrada. La propuesta de Moa queda sobre la mesa como una tesis que incomoda a todos los partidos y que, según sus defensores, exige construir una mayoría social dispuesta a romper con el consenso otanista. El dato que descoloca es que, pese a las críticas, nadie ha demostrado que la neutralidad sea imposible.