Jubilación igual al salario mínimo y cero euros a ONG: el recetario para España
Una propuesta abre la lista: que la pensión máxima no supere el salario mínimo. No es un chiste. Es el punto de partida de un catálogo de medidas que, en decenas de intervenciones, intenta responder a una pregunta incómoda: qué haría falta para arreglar España. La respuesta que domina no pasa por ajustes finos. Pasa por demoliciones.
El menú inicial incluye privatizar RTVE y todas las televisiones autonómicas, dejar a cero los euros públicos que van a ONG y sindicatos, topar el IVA en el 10% y vincular la expulsión y la retirada de nacionalidad a quienes hayan entrado de forma irregular o acumulen más de dos delitos. A partir de ahí, el catálogo se desborda.
Qué medidas se repiten en la lista
Hay consensos que atraviesan el hilo de arriba abajo. El primero: recortar el gasto público y desmantelar lo que se percibe como estructura redundante. Las televisiones autonómicas, las diputaciones, los ministerios considerados prescindibles y los ayuntamientos pequeños aparecen una y otra vez como candidatos a la guillotina administrativa. La idea de fondo es que el Estado sobregastado es el problema, no la solución.
El segundo bloque es fiscal. La propuesta estrella es bajar el IVA al 10% y, en versiones más agresivas, llevarlo a cero junto al IRPF, compensando con subidas a quienes no tienen hijos. La lógica que se repite: si el dinero se queda en el bolsillo del contribuyente, la economía se mueve sola.
El tercero es el control del voto. Aparecen fórmulas que limitan el sufragio a quienes hayan cotizado en el último año, a los propietarios de inmuebles o, directamente, excluyen a funcionarios, jubilados y perceptores de ayudas. Es la corriente más polémica y la que genera más fricción interna.
Pensiones: el choque que parte el debate
La propuesta de igualar la pensión máxima al salario mínimo no pasa sin rasguño. La defensa es que la jubilación debe cubrir la supervivencia, no premiar una vida de esfuerzo, y que si la paguita es baja la gente exigirá pagar menos impuestos y podrá retirarse antes. El argumento contrario llega rápido: quien ha cotizado toda una vida con un sueldo decente recibiría como recompensa una cantidad que no compensa el sangrado fiscal previo.
La alternativa que gana terreno es la capitalización: pensiones privadas, o al menos un fondo estatal, y que cada jubilado reciba al retirarse lo cotizado. Otra variante: ajustar la nómina de los pensionistas a lo que entre cada mes en la caja, de modo que la cuantía fluctúe con la tasa de paro.
Servicio militar, defensa y política exterior
El rearme aparece con fuerza. Servicio militar obligatorio, aumento drástico del gasto en defensa, una gran armada y, en la versión más ambiciosa, un programa nuclear propio al margen de los tratados vigentes. La premisa que se repite: sin capacidad de disuasión no hay soberanía real. La salida de la OTAN y de la UE se plantea como consecuencia lógica, asumiendo un túnel de privaciones a cambio de recuperar el control monetario.
En el plano institucional, las propuestas van desde reforzar los poderes del monarca hasta liquidar el marco autonómico. La abolición de las comunidades, la recentralización y la supresión de lo que se llama taifas aparecen en múltiples variantes. También la ilegalización de partidos que no acepten la Constitución y la prohibición expresa de los independentistas.
Inmigración: el punto más caliente
Aquí el tono sube varios grados. Se propone limitar la entrada por nacionalidad y por religión para evitar guetos, restringir la nacionalidad a descendientes de españoles y expulsar a quienes hayan entrado de forma irregular o acumulen delitos. Una parte del hilo sostiene que la expulsión no basta porque los expulsados regresan, y plantea medidas más severas. Otra corriente pide directamente el cierre.
El asunto se cruza con el mercado laboral y con el Estado del bienestar. La tesis que se repite: sin control migratorio, el gasto social se desborda y los salarios se precarizan. La contrarréplica, menos presente en el hilo, apunta a que el problema no es la llegada de personas sino la gestión.
Sindicatos, ONG y el ecosistema de la subvención
El ataque al entramado subvencionado es transversal. Cero euros públicos a ONG, sindicatos, partidos, patronal, iglesia y asociaciones de todo tipo. La exigencia: que vivan de las donaciones de sus socios. En el caso sindical, hay quien va más lejos y pide la ilegalización de las centrales de clase, sustituyéndolas por colegios profesionales y gremios sectoriales.
El argumento que se repite: quien vive de la subvención no representa a nadie, solo se representa a sí mismo. La comparación con la iglesia aparece como espejo: si unos deben financiarse solos, todos.
Educación, natalidad y el factor cultural
El diagnóstico educativo apunta a la falta de exigencia. Endurecer la selectividad, eliminar actividades consideradas accesorias y recuperar la autoridad en el aula. La tesis de fondo: el problema de la sociedad occidental no es la falta de recursos, sino la falta de tolerancia a la frustración. De ahí derivarían casi todos los demás.
En paralelo, la natalidad se aborda con ayudas económicas a familias con dos o más hijos y con bonificaciones fiscales a quien tenga cuatro. La idea: premiar la descendencia como política demográfica, no como gasto.
El hilo no cierra nada. Las propuestas más repetidas —recorte del gasto, bajada de impuestos, control migratorio, recentralización— conviven con otras que se anulan entre sí. ¿Se puede recortar el Estado y a la vez aumentar el gasto en defensa? ¿Bajar impuestos y mantener pensiones? Nadie da la ecuación completa.